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jueves 17 de abril de 2008

De Vientiane a Luang Prabang

Estamos empezando a pensar que cuando nuestro guia tailandes nos dijo que las chicas laosianas eran las mas guapas del sureste asiatico no exageraba. Llevamos 5 dias en Laos y no dejamos de darnos codazos todo el dia asombrados. Los chicos laosianos no se quedan muy atras pero los ganadores absolutos son los niños. Laos esta teniendo un efecto terriblemente ablandante en los dos porque cada niño que vemos nos parece mas guapo que el anterior. Ademas no hay tres ni cuatro, los niños laosianos estan por todos lados y sentarse a verlos jugar se ha convertido en uno de nuestros pasatiempos favoritos.

Aparte de la belleza de los laosianos los paisajes y la tranquilidad hablan de una vida sencilla y relajada. Seguramente mas de lo que lo es en realidad, pero Laos es tan bucolico que es inevitable sentirse emocionado. Es el pais perfecto para sentarse durante horas en un autobus y disfrutar del paisaje y de escenas rurales que parecen sacadas de una pelicula: hombres y mujeres sesteando a la sombra, chicas pedaleando en la bici cubiertas por una sombrilla, familias enteras que cantan y bailan y sobre todo muchisimos niños jugando o banandose o cuidando de sus hermanos. A mi me dan ganas de parar el autobus en cada sitio y bajarme a saludar a todo el mundo. Lo que yo digo, que Laos esta sacando lo mas noño que llevamos dentro.

Si en Luang Prabang, que es donde estamos ahora, nos estamos dedicando a la vida contemplativa en Vientiane no paramos ni un segundo. En Pi Mai tuvimos la suerte de dar con una familia que necesitaba efectivos para combatir a sus vecinos, que les estaban poniendo a caldo. Como ibamos armados y pasabamos por alli nos invitaron a quedarnos, nos dieron Beerlao para superar el miedo y nos enviaron al frente, es decir, al trozo de acera que les separaba del enemigo. Con tanta Beerlao yo ya no distinguia amigo de vecino y al rato disparaba a cualquiera que se me acercase palangana en mano. Entre ataques por sorpresa, estrategias y traiciones se nos fue pasando el dia y un poco antes de la puesta de sol decidimos despedirnos y completar la que ha venido siendo nuestra rutina en Vientiane con un bañito en el rio.



Al llegar al Mekong deje a Alberto descansando en la orilla para irme a hacer unas fotos rio arriba. Alli se quedo pensando en sus cosas, tan ensimismado que no se percato de que un grupo de adolescentes empezaba a rodearlo. Para cuando quiso darse cuenta ya lo habian cogido de pies y manos. Acto seguido y a la de tres lo lanzaron al Mekong. Tiene gracia que Mekong rime con pilon.

Al dia siguiente, con el Pi Mai a punto de concluir en Vientiane salimos en autobus para Vang Vieng. La idea era hacer una breve parada alli para al dia siguiente proseguir el viaje hacia Luang Prabang. De Van Vieng lo que habiamos oido no era demasiado alentador, pero paramos por ver lo que alli se cocia con nuestros propios ojos. Llegamos a la una del mediodia y a la una y cinco ya queriamos escapar. Musica a todo trapo, mochileros camiseta-de-cerveza-Chang, bares con televisores emitiendo capitulos de Friends o Family Guy y el dueño de hostel mas desagradable que nos hemos encontrado en todo el viaje. Era como estar en el desierto en medio de un oasis. A mi enseguida se me puso un humor de perros que mejoro al darme cuenta de que me lo producia el lugar. Por la tarde salimos a dar un paseo y por suerte el panorama al otro lado del rio era bien distinto. Alli nos apalancamos en una terraza con un zumo y esperamos a que se pusiera el sol para volver al infierno.

En Vang Vieng tambien descubrimos al que ha tenido los honores de ser el segundo personaje mas patetico del viaje. El primero, que mucho me temo conservara el titulo durante años, fue un anglosajon que se alojaba en el mismo hostal que nosotros en Ubud, Bali. Era un tipo de unos sesenta años, espigado, que viajaba acompanado de un pinguino de peluche del que no se despegaba. Alberto dice que tenia pinta de pervertido, pero a mi, al menos de aspecto, me parecia bastante normal. Hasta aqui la historia ya tiene su dosis de patetismo, pero afortunadamente para nosotros, espectadores de esa curiosa relacion, no queda ahi. El hombre no solo compartia mesa con su peluche sino que ademas le ponia voces y pedia el desayuno a traves del pinguino. El camarero, sorprendentemente, mantenia el tipo y cada mañana invariablemente tomaba el pedido de boca del animal. Nosotros desde nuestra mesa admirabamos la profesionalidad del balines. Dias mas tarde, cuando ya habiamos hecho nuestro "tour" por Bali y estabamos de vuelta en Ubud vimos un cartel con una foto pegado a un poste de la calle. La cara que aparecia en la foto me era familiar y me acerque a echar un vistazo. No era ni mas ni menos que el pinguino. El cartel lo habia puesto el anglosajon para denunciar su desaparicion dos dias antes y la foto era un retrato del peluche sentado en el regazo de un camarero. Teniendo en cuenta que Ubud es famosa por unos macacos que roban todo era facil imaginarse el paradero del desaparecido. Lo cierto es que no sabemos si fueron ellos, pero nos imaginabamos la escena del secuestro del pinguino de manos de su dueño y nos tronchabamos de risa.

Volviendo al segundo personaje, aviso que esta a años luz del primero y como personaje patetico siempre sera un segundon. En este caso era otro anglosajon de aspecto y edad parecidos al anterior, pero en version National Geographic: gorro y pantalones de explorador, chaleco de mil bolsillos, camisa caqui, mochila de fotografo y una flamante Nikon D200 con lo que creo era un ojo de pez. Y digo creo porque nosotros lo observabamos desde arriba de un puente y no me daba la vista para asegurarlo. Pero vamos, sin la camara, solo por el atuendo, uno podia deducir que lo suyo era la fotografia. El hombre esperaba metido hasta las rodillas en el rio a que pasase algun laosiano con un canasto a la espalda, y cuando alguno aparecia se dedicaba a perseguirlo camara en mano por todo el rio, haciendo aspavientos a sus espaldas con los brazos y las piernas muy abiertos y disparando al tuntun desde un metro por encima de la cabeza. Los laosianos lo miraban no sabiendo muy bien que pensar. Algunos se dejaban hacer fotos y otros le huian descaradamente. Entonces el fotografo aceleraba el paso y los laosianos, al verlo acercarse hacian zigzag para despistarle. Como las que tenian todas las de ganar eran los locales, al final el personaje desistia y volvia a su punto original en medio del rio. Alli se quedaba leyendo?! hasta que volvia a pasar alguien. Yo no se muy bien si llego a hacer alguna foto en la que se viera algo, pero si me tuviera que jugar los cuartos seria al no.

Ayer, menos de 24 horas despues de llegar a Vang Vieng, volviamos a montar en el autobus con la precaucion de ser de los primeros en subirnos. El autobus se fue llenando y para los que llegaron ultimos ya no quedaban asientos y tuvieron que hacer el viaje sentados en taburetes de plastico en el pasillo. Lo que se dice un lujo asiatico. El autobus ademas se publicitaba como VIP por tener un aire acondicionado que el conductor tuvo que apagar a los cinco minutos de salir porque si no no subiamos las cuestas. De las siete horas cinco fueron curvas y de los socavones que pillamos yo perdi la cuenta. Nosotros saltabamos a cada bache pero al menos no teniamos que sujetar la silla como los que iban en el pasillo. Las relativas incomodidades del viaje, que tampoco fueron muchas, las compensaba con creces la vista del paisaje y las aldeas en la montaña.

Como se nos paso el dia en el viaje ayer apenas tuvimos tiempo de ver Luang Prabang. Paseamos un rato por el mercado nocturno, cenamos algo y nos empiltramos. Esta mañana nuestros vecinos han encendido la tele a las seis y para cuando ya me habia acostumbrado a las voces de la programacion infantil, a eso de las seis y media, han empezado a taladrar en la casa que estan construyendo al lado, asi que he abandonado toda esperanza de seguir durmiendo y me he ido a dar un paseo y a buscar otro guesthouse.
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P.D. Este post fue escrito hace dos dias, pero por motivos gastricos la autora no ha podido abandonar su flamante habitacion (en la que sufre exactamente el mismo ruido) hasta hace escasas horas. Lamentamos las molestias. Las de los lectores tambien.

miércoles 27 de febrero de 2008

Templing

porqueria

Estamos de vuelta en Kuta. En el tiempo que hemos pasado en Bali hemos tenido los días más cómodos y los más incómodos del viaje. Aquí en Kuta, en hotel de tele por satélite y piscina de lujo, han sido los de mayor comfort. En las noches que hemos dormido en Kintamani y Amed, en el este de la isla, justo lo contrario. Entre escorpiones, cucarachas, gallos que cantan a las 5 y peleas de perros nocturnas no hemos dormido demasiado. Íbamos moviéndonos de un hotel a otro pero no había manera de huir, especialmente de los gallos, que los hemos tenido en 3  hoteles distintos en 2 pueblos diferentes. Los condenados se ponían a cantar a las 5 y pico de la mañana y cuando hacíamos el checkout a las 10 todavía seguían. Cuando volvimos a Ubud ayer dimos una vuelta con la oreja puesta (que en el estado de la de Alberto es mucho decir) antes de coger hotel, por si acaso, y aún así esta mañana los oíamos a lo lejos desde la habitación. Y es que a priori era difícil saber si te iba a tocar gallo o no porque no están en corral, sino que campan alegremente por el pueblo, y si esa mañana les apetece dar una serenata en tu ventana no hay nadie que los detenga.

Después de nuestro día en moto por el este, volvimos a coger el coche para ir al volcán Gunung Batur. La carretera recorre la costa norte de la isla para luego ir ascendiendo hacia el sur entre un montón de curvas y pasamos toda la mañana para llegar a Kintamani, el pueblo donde dormiríamos. Llegar allí fue como colarse en una convención de hawkers. Como es temporada baja éramos los únicos turistas y en dos segundos teníamos a medio pueblo arremolinado alrededor intentando vendernos algo. A partir de ahí el resto de la mañana fue una sesión de "extreme templing", deporte de alto riesgo que consiste básicamente en lo que viene a continuación. Primero nos metimos en un templo, pagando el "alquiler" de los sarongs, y escapando a duras penas de unas mujeres que querían encasquetarnos unos collares sin los que, según ellas, no se podía acceder a la ceremonia.

 Bali1De ahí volvimos a coger el coche y mientras íbamos conduciendo un tío montado en una moto nos insistía para que fuéramos a ver su hotel. Como queríamos ver Besakih (foto), el templo más grande de Bali, que quedaba unos kilómetros más allá, le cogimos la tarjeta que nos ofrecía y le dijimos que a la vuelta nos pasaríamos. En el camino al templo nos pararon varias veces, que si paga una entrada que a saber si es oficial o un timo, que si te pongo ofrendas gratis en el coche y luego te las cobro, que si para entrar al templo es obligatorio llevar guía y lo tienes que contratar conmigo. La de las ofrendas nos pedía nada menos que 100.000 rupias (unos 8 euros, una pequeña fortuna aquí), y acabamos dándole 10.000 y diciéndonos que era la última vez que nos la colaban así. De los guías y guardianes que decían ser indispensables pasamos directamente y vimos todo el templo a nuestro aire. Por lo que vimos, otra chica y nosotros fuimos los únicos que nos resistimos al rollo del guía. Ah, la entrada que pagamos resultó ser la buena. Sobrevivimos al templing, pero acabamos mentalmente agotados.

A la vuelta el del hotel estaba esperándonos a la puerta del pueblo y fuimos a ver su hotel. Habíamos visto que en la Lonely Planet aparecía como recomendado, pero resultó ser una patata. Por 4 euros la noche eso sí. Como estábamos cansados decidimos quedarnos. Queríamos ver el volcán al día siquiente y en el hotel nos ofrecían una excursión por 55 dólares cada uno, que para Bali es carísimo. Regateamos hasta donde nos llegaban las fuerzas y quedó en 17. Como íbamos con una pareja de alemanas (que a la mañana siguiente resultaron ser dos checos, a saber) nos dijo el del hotel "pero no les digáis cuánto habéis pagado, decidles que 55". Y claro, cuando te dicen eso no sabes si es porque tú has pagado más o menos que los otros. También nos dijo "Os he esperado a la entrada del pueblo para que no os pare el policía, que es amigo mío, y le he dicho, a estos no los pares para multarlos que vienen conmigo". Nosotros escuchábamos entre divertidos y asombrados.

La excursión al volcán empezaba a las 4 de la mañana para llegar arriba a tiempo de ver la salida del sol. A las 3 y media el del hotel nos llamó a la puerta para que nos preparásemos. Esa fue la noche de las peleas de perros, así que Alberto ya estaba despierto. Al encontrarnos con nuestro guía al pie del volcán vimos que al grupo se sumaba un chaval, que resultó ser nuestro vendedor personal de bebidas. Con 6 coca colas en la mochila se hizo 1 hora y media de camino hasta la cima sólo para vendernos una botella. La salida del sol nos la amenizaron los monos, que atraídos por la comida de los turistas hicieron su aparición al poco de llegar. Uno se imagina una salida del sol en un volcán con vistas a un lago como el colmo del romanticismo, o al menos como un rato tranquilo, pero nada más lejos de eso. Entre los perros que subieron a ver qué pillaban, los monos que se peleaban entre ellos y con los perros, el vendedor balinés de cocacolas que te metía prisa para que le devolvieras el casco de la bebida y marcharse y la turista inglesa que desconoce el uso de los graves al hablar, lo de la salida del sol acabó por ser algo secundario.

Cuando ese mismo día llegamos de vuelta a Ubud el acoso de los vendedores y taxistas que nos había resultado excesivo ahora ni lo notábamos y lo que unos días antes describíamos como pueblecito ahora se nos aparecía como la vuelta al mundo civilizado. Decidimos gastarnos la pasta y nos metimos en un hotel de bungalows con habitación de lujo, desayuno y piscina. Hotel Sania se llamaba y nos costó la friolera de 11 euros la noche.

Bali-KutaDe Ubud volvimos a Kuta (en la foto). Aquí hemos tenido otro día de relax que hemos aprovechado para probar las maravillas del masaje balinés. Y la piscina. Y el servicio de habitaciones.

sábado 23 de febrero de 2008

Un post muuuuy largo sobre Bali, los peluqueros y el imperio de la Ley.

Si tenéis 6 euros, tenéis un coche. Por lo menos es lo que nos ha costado alquilar uno para darnos una vuelta por Bali. Y no es un coche cualquiera: es el 4x4 del hermano de Komang ,el botones del hotel de Ubud en el que estábamos. Según él, el mejor coche de toda la isla, y con un precio exclusivo para nosotros. Su hermano en persona nos lo llevaría al hotel a la hora del desayuno, a las 11 en punto. Y efectivamente, nos lo trajo justo cuando nos ponían los crepes en la mesa. El hermano resultó tener unos 35 años más que Komang, y el 4x4 resultó ser un modelo superior al prometido, y por tanto algo más caro. Unos 0,5 euros más por día. La verdad es que en Bali estamos en menos de la mitad del presupuesto estimado, así que no nos viene de ahí. Le firmamos los papeles, y hale, el coche ya era nuestro por cinco días. Entre firma y firma un señor con bigote, que al parecer era el capo de los currantes del hotel y ya nos había intentado colocar algún coche, le echaba unas cuantas miradas asesinas al "hermano" del botones y le decía algo así como "luego me das mi parte, eh Manolo". Manolo hacía como que sí con la cabeza y seguía a lo suyo, supongo que intentando calcular mentalmente lo que le quedaría después de darle su parte a Komang y al del bigote. Nosotros no lo entendemos, pero de alguna forma les tienen que salir las cuentas en Bali.

El coche en sí es un modelo Feroza. El 4x4 de los clics de Famobil, podríamos decir. Al primer bache que pillé casi se nos desmonta, y el aire acondicionado nos duró unos cinco minutos, lo que tardamos en darnos cuenta de que con las ventanas bajadas se estaba más fresco. Pero para ir por Bali es más que suficiente. En realidad aquí todo el mundo lleva una motillo, que es mucho más cómoda. El problema es que aunque ellos son capaces de llevar barriles de gasolina o bombonas de butano en una vespino nosotros no nos veíamos con ánimos de llevar los mochilones, así que nos pillamos el coche. Conducir por Bali, por cierto, es una delicia. Especialmente si te gustan los videojuegos de carreras. No porque corras mucho, que no pasas de 40 km/h, sino porque la cantidad de obstáculos que te encuentras en la carretera es tan grande y variada que da casi risa. Desde Ubud hasta Amed, que era nuestro primer destino, esquivamos los siguientes elementos:

- Baches.

-Socavones de más de un metro (avisados, eso sí)

-Coches aparcados en el carril derecho.

-Coches aparcados en el carril izquierdo.

-Coches aparcados en el carril izquierdo y en el carril derecho.

-Motos que adelantan por la izquierda.

-Motos que adelantan por la derecha.

-Coches que adelantan a motos que nos adelantan a nosotros.

-Motos que adelantan a motos que adelantan a coches que nos adelantan a nosotros.

-Perros.

-Gallinas.

-Cerdos de más de cuarenta arrobas.

-Monos.

-Niños que juegan en la carretera.

-Motos con familias de 4 miembros.

-Motos con familias de 4 miembros con perro.

-Taller de reparación de camiones estratégicamente situado en medio de la carretera, con camión averiado incluido. En medio de la carretera significa ocupando uno de los dos carriles en una carretera de doble sentido...

Divertidísimo, vamos. Un poco estresante al principio, pero te acostumbras. Al cabo de media hora yo ya iba visualizando la puntuación encima de los obstáculos y estaba a ver si me hacía partida extra. Pero pese a todo lo más peligroso era el paisaje, que en la parte final era una chulada. Entre Candidasa y Amed hay unas terrazas de arroz increíbles, de lo más bonito que hemos visto en el viaje. Pero como con el coche no había manera de parar a menos que fuera en medio de la carretera no lo hicimos hasta Amed, que es un minúsculo pueblecito de pescadores situado al este de Bali. Se supone que desde allí se accede a los mejores sitios de buceo de Bali, aunque como todavía estamos en temporada húmeda y llueve o está nublado todo el día no creemos que lo vayamos a aprovechar. De cualquier manera, el destino está muy bien, y es mucho menos turístico que Kuta o Ubud, lo que se agradece. Pudimos bajarnos del coche y buscar hotel casi con tranquilidad.

Acabamos en el "Café Amed", que tenía piscina y parecía muy confortable, por unas 90.000 rupias. Poco más de 6 euros. Aunque llueva todo el día nos pedimos hoteles con piscina, que es que ahora que somos multimillonarios no nos estamos de nada. La habitación era de estilo balinés, lo que entre otras cosas implica que el baño y la ducha (todo junto y sin separaciones) está al descubierto en una habitación aparte. Así que si llueve, como es el caso, te ahorras el agua de la ducha y el tirar de la cadena, porque la naturaleza se encarga de todo. Total, aquí en temporada húmeda sólo estamos nosotros y cuatro parejas de despistados más. Pero aparte del detalle, que es habitual en Bali, la habitación estaba muy bien, grande y limpia. En el lavabo había una silla que si te subías a ella podías ver la finca de al lado, en la que campaban a su aire patitos, cerdos y alguna que otra gallina. Muy bucólico. Y en la cama había mosquitera. Nos sentimos seguros hasta que al volver de cenar Carol inspeccionó la cama de cerca y encontró algo que parecía ser el cadáver de una cría de escorpión en su almohada. Era minúscula, pero tenía aguijón y todo. Aún así nos dormimos enseguida, porque en Australia aprendimos que las picadas de escorpión son más o menos como picadas de avispa, o eso dicen. Para desgracia nuestra, especialmente de Carol, en la finca de al lado además de gallinas había algún gallo, que empezó a faenar a eso de las cinco de la mañana. Total, que a las 10 de la mañana ya estábamos buscando hotel otra vez.

A menos de cincuenta metros estaba el "Bamboo Bali", que tenía precios y habitaciones parecidas, así que nos metimos. Mientras andábamos inspeccionando las habitaciones oímos un par de "kikirikis", así que antes de decidir nada Carol le preguntó al jefe "Oye, por casualidad tenéis un gallo por allí?" (señalando a nuestra habitación). "No, no, no hay ningún gallo aquí, seguro.". Dos kikirikis más tarde nos dijo "Donde decís, en el árbol?" (señalando el árbol de detras de nuestra habitación) "En el árbol no hay ningún gallo, os lo aseguro, estarán en otro sitio." No nos creímos nada, evidentemente, pero estábamos cansados y nos apetecía irnos a desayunar, así que nos quedamos la habitación. Al subir las maletas vimos un gallo correteando por la puerta de la habitación. Carol me ha dicho que se va a pasar por todos los restaurantes del pueblo a pedir platos con pollo, a ver si así cae también el gallo.

Después de reinstalarnos, y dada la confianza que nos había proporcionado el encargado, le alquilamos una motillo por unos 3 euros. Era de su hermano, evidentemente, y nos la alquilaba a muy buen precio. El problema es que no tenía papeles y según sus propias palabras "si os para la policía vosotros vais a tener muchos problemas y yo voy a tener muchos problemas." Pero en Bali los problemas se arreglan enseguida, y por medio euro más nos proporcionó una del hermano de su hermano que tenía todos los papeles en regla. Eso sí, el freno de detrás no iba, y eso no nos lo dijo. A la vuelta se lo echamos en cara, pero nos hizo ver que estábamos equivocados. "Veis veis como frena..." nos decía mientras echaba el pie al suelo para no dársela contra la pared... En cualquier caso, la culpa fue nuestra por no comprobarlo antes de aceptarla, así que nos fuimos con ella con mucho cuidadito.arroz

Los alrededores de Amed, sobretodo las terrazas de arroz, son alucinantes, y pasamos un rato muy bueno con la moto para arriba y para abajo. Entre risa y risa nos encontramos a un peluquero móvil, al borde la jubilación, en el arcén de la carretera rodeada sólo por campos de arroz. Le estaba cortando el pelo a un chaval norteamericano que llevaba una motillo como la nuestra, y le dejó más o menos apañado, así que me puse a la cola. Gran error. Mientras estaba sentado le pregunté al chico cuanto había pagado y me dijo que unos 3 €, lo que aquí es todo un dineral. El abuelo, que tenía a su nieto de 8 años de ayudante, me dijo entre toses que sí, que eran 3 €. Yo creo que estaba nervioso porque no había hecho tanto dinero en toda su vida de peluquero, pero a un tío con unas tijeras en la mano es mejor no regatearle, y como ya estaba sentado y atado al babero le dije que adelante. Carol se lió a tirar fotos y el hombre a dar tijeretazos. En uno de los primeros se me llevó un cacho de la oreja derecha. Me hizo un "Tyson", como se dice en el argot. Yo solté un "urgg" soterrado y un chorretón de sangre mientras me acordaba de Sweeney Todd, y el abuelo reaccionó untándome con un barro que llevaba preparado para la ocasión. Ya vi que no era la primera vez que le pasaba. Mientras, Carol seguía haciendo fotos, ajena a mi amputación. Yo no sabía si decirle que parara para buscar el cacho de oreja o hacer un recuento al final. Opté por la vía catalana y le dije "ahora en lugar de 3 euros son 2 eh," pero el hombre se hizo el sordo. Pensé que mejor no insistirle, porque por esa regla de tres se podía permitir el lujo de cortarme la otra oreja y aún así tener margen, así que me callé. Pero por el rabillo del ojo veía que la mano le temblaba de lo lindo, y me empezó a caer una gota tras otra por la sien. Cuando cogió la navaja y me empezó a dar por un lado ya le dije a Carol "oye, tu ves lo que está haciendo este tío?" , a lo que contestó "pues parece que te está afeitando". Pero eso ya era demasiado riesgo, y le dije que no, que la barba no la tocara pese a que ya había empezado. Según Carol ahora soy como un personaje de "Quién es quién", y tengo una barba o un pelo que no me corresponden. De la oreja no me ha dicho nada por no asustarme, pero el casco ya no me lo he podido poner de lo que me escocía. A la hora de pagar le di al abuelo un billete de 50.000 rupias, pero el hombre me decía "no, no , te he dicho 30.000, no 5.000", todo enfadado. Al final ha aguzado un poco la vista, o el tacto, no se, se ha dado cuenta de que era de 50.000, yo me he dado cuenta de que él no veía tres en un burro y todos hemos mirado para abajo avergonzados.

cortepelo

Tras la experiencia peluqueril nos hemos vuelto a subir a la moto, yo con el casco en la mano (como el 50% de los balineses) y hemos seguido el viaje. Tras un ratito de campos de arroz hemos llegado a una ciudad, y a un semáforo de esos que se conocen como "optativos". Varias motos han seguido para adelante, y yo, que sigo eso de "allá donde fueras haz lo que vieras" me he tirado detrás. Lo malo de los refranes es que sólo tienen validez local, y éste en concreto no ha llegado aún a oídos de los policías balineses, quienes, casualmente, tenían una caseta en ese mismo cruce. Los silbatos de los guardias de Bali suenan exactamente igual que la de los urbanos de hace veinte años en Pineda de Mar, por cierto. Pero la cara de los policías no es exactamente la misma. El que nos paró venía con una sonrisa de oreja a oreja. Nos saludó, nos estrechó la mano y nos preguntó que que tal por Bali. Y también nos dijo muy amablemente que habíamos infringido la ley, que nos iba a poner un multazo y que yo tenía que acompañarle a la caseta. Todo con una gran sonrisa un poco rara. De la caseta salieron dos o tres policías sonrientes más, que nos dejaron a solas. Una vez allí me dijo, muy serio, "has cometido dos infracciones graves: te has saltado un semáforo y has conducido sin el casco. ¿Por que no llevabas el casco puesto???". Lo del casco me pilló un poco por sorpresa, así que le explique la verdad, que no lo llevaba porque me habían cortado el pelo y media oreja en la carretera y me escocía un montón. No se si se lo creyó o no, pero me quedó claro es que le daba igual, y me preparé para lo peor. "Te voy a poner un multazo, porque soy policía y lo tengo que hacer. Vas a tener que pagar 50.000 rupias (3 euros y poco) al Juzgado del nosqué del distrito de nosecuantos, que está en el condado de notengoniidea. O eso o me las puedes pagar a mi y yo se las llevo al juez.". Le pregunté un par de veces que donde estaba el pueblo en cuestión, pero creo que no lo sabía ni él, y como se le empezaba a escapar la risa me dijo que le dejara las rupias en la mesa y ya está, que no complicara más las cosas. Se las di, pero me dijo, "no, no, déjalas ahí en la mesa". Como en "Los Soprano". Dicho y hecho. Entre abrazos, apretones de mano y golpecitos en la espalda me decía "somos amigos, eh, te he ayudado. Ningún problema entre tu y yo, verdad, todo ok." y paró el tráfico para que pudiera cruzar hasta donde estaba Carol esperándome con la moto.

En fin, que hoy ha sido un día muuuy largo y mañana seguramente nos despertará un gallo, así que nos vamos a dormir ya mismo :)

jueves 21 de febrero de 2008

Ubud y los monos

Hemos salido de Kuta. Menos mal, qué sitio más feo. Lo unico bueno nuestro hotel, que estaba genial y nos hemos pasado bastante tiempo en plan relax, viendo la tele o en la piscina. En dos días nos hemos movido lo justo para ver la playa, no muy bonita, y para comprar el billete del autobús que nos ha traído a Ubud, donde estamos ahora.

En la primera visita a la playa de Kuta nos asaltaron primero los hawkers, esos vendedores que se te tiran al cuello cada dos metros y luego unas chicas españolas que venían de Tailandia con ganas de hablar. En la siguiente visita, entre tablas de surf y puestos de bebida, nos encontramos con una ceremonia de cremación. Al principio nos acercamos a curiosear, porque no teníamos ni idea de qué se celebraba allí. Pero al rato sacaron un ataúd y vimos una foto enmarcada y dijimos, leñe, aquí hay muerto. Efectivamente, sacaron el cuerpo del ataúd y lo metieron en un toro de madera. Empezaron a meter ofrendas en el toro y un hombre vestido de blanco recitaba algo rítmicamente. Yo andaba un poco mal del estómago y decidimos seguir adelante, pero al pararnos en un kiosko me dio por hojear un libro sobre costumbres balinesas. Justo lo abrí por las ceremonias de cremación y allí estaba el toro ardiendo, el ataúd y todo el ritual que habíamos visto y no habíamos reconocido. Volvimos corriendo a tiempo para ver cómo quemaban el toro con el cuerpo dentro.


Aparte de la suerte de encontrarnos con la ceremonia de cremación de Kuta hemos aprendido poco de Bali. O al menos del Bali que nos gustaría conocer. De momento sólo sabemos que en los sitios que ya conocemos, Kuta y Ubud, si alguien te pregunta algo es para venderte un viaje en taxi, un souvenir, una habitación de hotel o un espectáculo. Los dos primeros días era agotador, pero ahora ya nos hemos acostumbrado y nos echamos unas risas con las ocurrencias de los balineses. Por ejemplo, en el hotel que estamos en Ubud todos los empleados intentan colarte algo. Ayer nos moríamos de la risa con uno que en la calle intentaba recordar las alineaciones de los equipos de fútbol europeos para darnos conversación y luego vendernos un tour. El pobre es que no daba una, y nos citaba a Rivaldo y Zidane como los últimos fichajes del fútbol español. Del fútbol se pasó a la geografía y a los españoles nos ubicaba como vecinos de Canadá. Como vio que no daba una, al final desistió y nos ofreció llevarnos en taxi a no sé dónde.


Aunque en Ubud todo el mundo intenta hacer negocio no tiene nada que ver con Kuta. Es más tranquilo y más bonito. La visita obligada es el Monkey Forest (Bosque de Monos), que hicimos ayer por la tarde. La entrada es el equivalente en rupias a 1 euro y por otro puedes comprar plátanos para echarles a los macacos. Bueno, eso si no te lo roban antes, porque se te tiran a por cualquier cosa que se puedan llevar. Sólo viendo a los monos ya te puedes estar media tarde, pero no es lo único para ver en el Monkey Forest ni mucho menos. Puedes visitar varios templos y montones de estatuas y está todo cubierto de verde, como si llevase años escondido en la selva. Definitivamente es uno de los sitios más bonitos que hemos visto en el viaje.


Nos iremos con muchísimas fotos de monos y Alberto incluso ha hecho amistad con algunos. Lo que había comenzado como una relación llena de amor filial acabó como el rosario de la Aurora, con monos que sin pedir permiso se subían a su chepa hasta de dos en dos. Le registraron todos los bolsillos de los pantalones y de la mochila y le han robado el agua y los plátanos. Para Alberto ha sido como volver al patio del colegio.



La otra visita que tenía planificada en Ubud era el mercado, que hemos visto hoy. Ha estado toda la noche lloviendo pero por la mañana ha parado y nos hemos ido para allá. La primera imagen del mercado que hemos tenido ha sido un callejón totalmente embarrado y tiendas de souvenirs. Como hemos podido nos hemos ido adentrando en un edificio que daba a un patio, con más tiendas y mucho más barro. En un lado del patio comenzaban unas escaleras que conducían a otro patio un piso más abajo y por fin las tiendas de comestibles, que era lo que yo buscaba. Al bajar, la mezcla del olor a fruta medio podrida, carne sin refrigerar y durianes era muy fuerte. Además, el mercado, con la lluvia estaba particularmente asqueroso y pisaras donde pisaras siempre era un charco. Alberto, pese a que lo primero que quiere visitar en cada sitio es el mercado, ha salido por patas al momento. Yo he aguantado lo justo para dar una vuelta rápida y hacer unas fotos. Al salir me he cruzado con un perro que iba cubierto de pies a cabeza de una especie de moco verde. Iba olisqueando la fruta de los puestos y era tan repulsivo que me he quedado paralizada y no he podido ni hacerle una foto. Lo sorprendente es que a nadie parecía importarle que semejante bicho les rondara el género.


Aquí también son típicos los espectáculos de baile y la oferta es amplia y a diario. Nosotros compramos entradas para ver uno anoche. Están totalmente dirigidos a turistas y supongo que comparados con los tradicionales no valen mucho. No puedo decir nada bueno ni nada malo del que vimos. Pagamos 3 euros por entrada y duró más de una hora. Yo me pasé la mitad del tiempo haciendo cálculos: eran unos 80 actores, en el público éramos cerca de 40 y si todos habíamos pagado lo mismo por entrar.....tocaban a bien poco. Al final salía un actor con un caballo de cartón que bailaba sobre las brasas de unos cocos. Yo pensaba esté tío está aquí achicharrándose los pies por menos de 3 euros. Y rumiando ese pensamiento estuve hasta el final del espectáculo.


Mañana salimos en coche de alquiler para Amed, un pueblecito de pescadores en el Este. En teoría hay poco turista por allí, aunque eso es algo que parece imposible en Bali.

miércoles 20 de febrero de 2008

¡Somos multimillonarios!

Después de 5 meses viviendo con dos pantalones y cuatro camisetas hemos aterrizado en Bali y, así como quien no quiere la cosa, nos hemos vuelto automáticamente millonarios. En el avión no hemos notado ningún cambio aparente, pero nada más bajar ya hemos visto que algo estaba pasando. Para empezar a Carol le han dado varios millones de rupias en la oficina de cambio del aeropuerto, tantas que casi no le cabían en el bolso. Las hemos revisado unas cuantas veces para asegurarnos de que no eran billetes del Monopoly, porque nos habían avisado que en Indonesia son muy pillos, pero como no había ningún señor con sombrero de copa y bigote en el dibujo las hemos dado por buenas. Tras la breve inspección y con algo de risa nerviosa nos hemos dirigido a la estación de taxis para celebrarlo. Al salir a la calle casi nos da un yuyu por el calor, y eso que ya era de noche. rupias

Del aeropuerto de Denpasar a Kuta, que es donde íbamos, sólo había diez minutos de carretera estrechísima y tráfico caótico, que no concordaba precisamente con la idea del Bali paradisíaco que llevabamos en la cabeza. Como habíamos pillado un hotel algo así como un 50% más barato que el más barato en el que hemos estado hasta ahora y las calles estaban como estaban yo ya me imaginaba durmiendo en una chabola. "Tiene aire acondicionado el hotel?" le preguntaba yo a Carol. "Pués no me acuerdo, la verdad.", decía ella. Es que ultimamente nos hemos relajado mucho con los hoteles y a veces ni nos acordamos de donde hemos reservado, así que lo de las características ya no lo recordamos ni remotamente. De Sydney a Melbourne me llevé una bolsa con unos cinco kilos de comida que nos había sobrado y luego resulta que no tenía cocina. Vamos tan despistados que cuando el taxista se metió en el típico hotelazo con estatuas y piscina pensamos que se había perdido. Pero no, el Green Garden Hotel era el nuestro, tenían apuntados nuestros nombres y lista la llave de la habitación. Al ver la habitación volvimos a pensar que se habían equivocado, porque había un aparte con dos literas, una cama gigante, tv, nevera, caja fuerte, terraza con vistas a la piscina y un lavabo bastante más grande que nuestro piso de Tokio. Y con bañera. Y en la tele se veía hasta TVE! Podríamos ver los debates Zapatero-Rajoy y los jugadones de Ronaldinho! Y lo mejor es que había otras cadenas!!!! Yo casi lloro, de verdad. 

Luego bajamos a cenar, pero la cocina del hotel ya estaba cerrada, así que dimos un par de vueltas por la zona a ver que encontrábamos. Tras sortear varias cloacas sin tapa y obras de todo tipo, no sabemos si relacionadas o no con los atentados que hubo en esta zona hace unos años, nos dimos cuenta de que aquí se cena más bien pronto, así que nos fuimos a un Minimart a aprovisionarnos de noodles y gominolas. Compramos varias latas, galletas, noodles y patatas, y creo que no nos gastamos ni 6 euros. Al día siguiente ya vimos que nos habíamos gastado un pastón, porque aquí se come por 3 euros incluso en el restaurante del hotel. Por primera vez estamos en un sitio en el que podemos estar por debajo del presupuesto sin necesidad de fijarnos en los precios o en las actividades que hacemos, y la verdad es que es un gustazo. Hoy, por ejemplo, hemos comprado en el video club de al lado del hotel 14 películas en DVD y un juego de ordenador por unos 9 euros en total. Si no fuera porque las películas llevan todas un mensaje del FBI pensaría que son copias pirata de lo baratas que son. Yo por si acaso lo reportaré a la SGAE, porque no me fio un pelo. Que los balineses son muy pillos, y nosotros ahora millonarios, así que hay que ir con ojo. Y nos notan que somos ricos, porque absolutamente todos los que nos encontramos por la calle nos quieren colocar un coche y una chaqueta de cuero. Nos han insistido tanto que yo he estado a puntito de comprarme la chaqueta de cuero, a ver si llevándola puesta les daba un poco de pena y nos dejaban tranquilos.

Kuta no tiene mucho más interés que los precios bajos, así que mañana nos vamos para Ubud, donde se supone que empieza el Bali real. En realidad hoy ya hemos tenido un avance, porque mientras dábamos un paseo por la playa nos hemos encontrado con un entierro tradicional, con cremación incluída. Pese a que los turistas andábamos por allí en medio no parecía que a los balineses les molestase mucho, y eso que había más de uno y más de dos que prácticamente se mete en la pira funeraria. Igual es por la influencia hindú, que aquí es la principal pese a que Indonesia es el país con mayor número de musulmanes del mundo.