De vuelta al cole (y a los masajes)
Las vacaciones de Krabi se nos han acabado, y ya estamos en Bangkok siguiendo con nuestro aprendizaje asiático acelerado. Esta escuela más que para aprender nos sirve para darnos cuenta de las muchísimas cosas que no sabemos y que antes no sabíamos que no sabíamos. Por ejemplo, no tenemos ni idea de como funcionan las mareas, ni los monzones, ni las fases de la luna, ni por qué en Bangkok, que está más alejado del ecuador, hace muchísimo más calor que en Singapur. Se supone que en EGB nos enseñaron todas esas cosas, ¿no? Pues ni idea. A ver si algún lector listorro nos pone al día, que a nosotros no nos da tiempo. Ahora mismo estamos totalmente centrados en el mundo de los centros comerciales, los masajes y, cuando hay tiempo, en los misterios de Borneo, destino cercano del que ya nos hemos leído unos cuantos libros (básicamente Carol, que es la que se sacó el graduado escolar), a cual más espeluznante. Supongo que cuando vayamos para allá ya los comentaremos.
Yo de lo único que os puedo hablar ahora es de mi curso de masaje Tailandés, que me tiene muy ocupado. Si a alguien se le ha escapado un "haleee masaje tailandés, que gustazo" ya os aviso que seguramente ha cometido el mismo error que yo. No es un curso para recibir masajes, sino para darlos, así que el gustazo será para otros, pero nunca para uno mismo. Yo por lo menos llevo 3 días con agujetas por todo el cuerpo, desde las puntas de los dedos hasta las puntas de los pies. Tengo agujetas hasta en el dolor de la costilla. Aún así, el curso es totalmente recomendable. Pagas unos 180 € (mucho menos si tienes pasaporte Tailandés) y obtienes un curso práctico de cinco días (+5 teóricos si tienes pasaporte Tailandés) a razón de 6 horas por día. El funcionamiento es el siguiente: te presentas en la escuela oficial de masaje Wat Po (tiene las oficinas al lado del templo más famoso de Bangkok) a eso de las 8:30 de la mañana de cualquier día del año, con una tarjeta Visa y 3 fotos de carnet. A las 9 empiezas la primera de las cinco clases en las instalaciones del centro, normalmente tras una pequeña oración budista y un minuto de meditación. Cada día empieza un grupo distinto que se mantiene a lo largo de los cinco días, y cada uno tiene al menos un profesor que habla inglés. En mi caso, como ya os avanzó Carol, he coincidido con una chica medio thai medio alemana, un italiano de cerca de Napoles que es masajista y tiene un spa, la típica masajista sueca rubia de ojos azules y otras diez chicas tailandesas con las que compartimos clase pero no profesor. Los farang tenemos a la jefa de la escuela para nosotros solos, o eso hemos deducido por la edad y por la camisa de color crema que lleva, distinta de la amarilla del resto de profesores. Se llama So Phi, aunque en mi cabeza no va a dejar de ser la profesora Miyagi. Al segundo día de verme retorcer por el suelo cada vez que me tocaban la costilla dolorida me pilló por banda y así con la mirada torcida me dijo "bad muscle bad muscle" y me curó milagrosamente a base de pellizcos, gritos y dolor. La costilla todavía me duele algo, pero me esfuerzo mucho más por disimularlo no sea que me vuelva a curar otra vez.
Las clases son totalmente prácticas. El profe pilla a un modelo y hace una rutina una vez. A partir de ahí los alumnos repetimos la rutina unos con otros mientras la señora Miyagi nos va corrigiendo. El primer día se aprende una técnica, el segundo otras dos y el tercero las dos siguientes de un total de cinco. Los dos últimos días de clase son para practicar y en el último también se hace el examen, porque hay examen. Yo de momento y pese a mi pudor me desenvuelvo mejor de lo esperado y parece que no se me da mal del todo. Teniendo en cuenta que el buen masaje tailandés tiene que doler, yo lo estoy haciendo aparentemente bien, o eso dicen los lagrimones que sueltan mis compañeros. Giuseppe, que da masajes estilo pizzero, es el que más me sufre, pero la sueca y la tailandesa no andan muy atrás. Esta última se pasa la clase dando alaridos, pero al parecer es independiente de quien le de el masaje. Posiblemente sea porque a pesar de ser tailandesa le han hecho pagar la tarifa de guiri, y la chica anda un poco indignada. Yo de momento sólo sufro cuando me atacan la costilla, y el resto me parece mucho más suave que los masajes profesionales que me han da do hasta el momento, y aún así llego al hotel agotado, tanto del ejercicio hecho como del recibido. El ambiente en clase es muy bueno, tanto con los profesores como con los alumnos, y por lo que dicen el italiano y la sueca la calidad del curso es bastante buena, así que estoy más que contento.
Para llegar al Wat Po tengo que coger el sky-train hasta el embarcadero central del rio Praya y allí coger el longtail king-size que me lleva hasta el templo. La sensación es la misma que cuando iba al cole, pero ahora en lugar de en metro voy en barco y acompañado por monjes budistas. La única diferencia es que aquí los madrugones sí que me parece que merecen la pena.. En cuanto acabe este me apunto a uno de cocina Thai, que sigo pensando que es la mejor del mundo. Os dejo, que acaba de llegar Carol cargada de bolsas y con cara "de este mercado era diez mil veces más grande que el de ayer".
P.D. (me dice que después de dos días aún no se ha acabado de ver el mercado de Chatuchak)
P.D. (Como colgamos los posts cada vez que hay luna llena vamos un poco retrasados. Os avanzo que a día 18 de Marzo ya he recibido el suspenso correspondiente del Wat Po y tengo que ir otros dos días a recuperar... De los cuatro farangs sólo ha podido ir a examen la sueca, los demás a repetir!)




