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viernes, 17 de octubre de 2008

Neko Cafés

neko-cafe Aquí les llaman Neko Cafés. Mi cuñado dice que son prostíbulos de gatos. En cualquier caso son locales donde se paga por pasar tiempo con gatos. Es como ir a una tienda de animales y poder tocarlos, jugar con ellos o que se te suban encima. En Japón este tipo de negocios tiene su mercado porque la afición de los japoneses por los animales es muchísimo mayor que en España. En Tokyo hay cientos de tiendas que venden complementos para las mascotas, desde chubasqueros para la lluvia a modelitos que harían enrojecer a Paris Hilton. Los pisos en las grandes ciudades japonesas son muy pequeñitos, y los que pueden permitirse una mascota optan por un gato o un perro pequeñito. Los que no pueden son los posibles clientes de los Neko Cafés.

El otro día exploraba la ruta entre mi casa y la escuela en busca de conexiones wifi gratis. En Tokio encontrar una wifi abierta es tarea casi imposible. Hasta un compañero de clase y yo nos hemos repartido la zona para ver si entre los dos somos capaces de encontrar algún acceso gratuito. El caso es que en un mapa que me había bajado de internet aparecía un café en una calle de Ikebukuro. Al llegar a la puerta vi que no era un café corriente, sino un Neko Café. Con el poco japonés que he aprendido pude entender que me cobraban 600 yenes por media hora y, aunque caro, no me pude resistir.

En el café un japonés muy solícito me sacó un cartel gordo que guardaba debajo del mostrador que decía "Lo siento, no hablamos inglés", en inglés. Tuvimos que pasar a las señas y bueno, al final más o menos entendí lo que me explicaba. Las normas de la casa consistían en lavarse las manos antes de entrar y no poder coger a los gatos: jugar sí, tocarlos sí, pero no alzarlos en el aire. El del café me entregó una tarjeta para colgarme al cuello y que servía para contabilizar el tiempo que pasaba allí. Yo me descalcé, me lavé las manos y entré por una puerta a la sala donde andaban correteando los gatos.


Como era por la mañana sólo había 3 o 4 japonesas, que se acercaban a los gatos como si fueran de porcelana y soltaban grititos y Kawaiiisss (Qué mono!) cada dos por tres. Los gatos andaban revolucionados, persiguiendo al dueño para que les diera de comer y peleándose entre ellos. A una de las japonesas le soltaron un bufido que casi la mata del susto.

Más tarde, enseñé a los de mi clasé de japonés el video que había hecho del Neko Café y como les hizo mucho gracia, volvimos al día siguiente. Estuvimos leyendo el correo unos, tomando un café otros y Hung, mi compañero vietnamita, se lo pasó probando los sillones de masaje. El del Neko Café, viendo que igual yo le podía llevar clientes, ayer me dio tarjeta de puntos, personal, folletos y todo lo que tenía por ahí. Yo aproveché tanto interés para pedirle un descuento por haber ido cuatro. Me dijo que sí, pero tardé un rato en darme cuenta porque cuando en un establecimiento pides algo (descuentos, devoluciones, reclamaciones) los dependientes ponen la misma cara si te dicen que sí como si no. Exactamente la expresión es de "Claro claro. Concedido!", pero como luego ves que no se mueven un milímetro para darte el dinero que reclamas o aquello que pides acabas deduciendo que te han dicho que no y te marchas.