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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Pan con tomate en las Perhentian

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Ahora mismo se cumple exactamente un trillón de años de nuestra visita al paraíso de las Perhentian y pese a que nos quedamos maravillados, y pese a mi "prodigiosa" memoria, no me hubiera acordado del aniversario si no fuera porque Carol me ha girado el cuello hacia su monitor para enseñarme el blog de Susan y Ruben. Además de disfrutar con las fotos, las historietas y los recuerdos, me he quedado alucinado, porque la buena de Karimah ha incluido en el menú las recetas de tortilla de patatas y gazpacho que le enseñé. Y encima Susan y Rubén le han enseñado a hacer pan con tomate, que a mi se me olvidó!

Fíjate, yo que siempre había querido tener un restaurante propio... y van y me ponen uno con nuestras recetas en Malasia, ni más ni menos. Muy cerca no me pilla, pero tarde o temprano tendré que ir para ver si se les pega la tortilla :)

Y muchas gracias a Susan y Ruben, que la tortilla sin pan con tomate no es lo mismo!

sábado, 12 de abril de 2008

Pistolas en el Mekong

Como en el paraíso no hay tiempo para conectarse a Internet llevamos trabajo retrasado, así que al grano. Desde las Perhentian nos fuimos al aeropuerto de Kota Bahru, y desde ahí a Kuala Lumpur, que está siempre en medio de todo. Allí dormimos en el muy recomendable y muy nuevo "Matahari Lodge", y esta mañana hemos tomado otro avión hasta Vientiane, capital de Laos. Ya, damos más vueltas que una peonza, pero es que huir de los monzones es lo que tiene.

Por casualidad, como siempre, hemos llegado a Vientiane en pleno año nuevo laosiano (Pi Mai). En 7 meses de viaje llevamos 3 años nuevos distintos, así que con un pocopi_mai de suerte acabamos recuperando esos veranillos que nos faltaban. Pero lo de Vientiane ha sido una sorpresa. La gente anda totalmente enloquecida con lo del año nuevo. Teníamos entendido que se trataba de la capital más tranquila del sudeste asiático, pero llegamos y vemos que todo el mundo anda enzarzado en peleas. La gente, incluidos los niños, van por la calle armados hasta los dientes con pistolas que son más grandes que ellos mismos. Tan mal está el panorama que mientras estábamos desayunando hemos visto una tienda con armas en la otra acera y nos hemos decidido a comprar dos. Para usarlas sólo en legítima defensa, claro.

La ciudad es muy engañosa, porque parece tranquila y sus habitantes son muy simpáticos. Hasta que empiezan a disparar, entonces más vale que eches a correr. Si llevas cámaras encima el peligro se duplica: no quieren testigos. Por ejemplo, Carol y yo hemos tenido la mala suerte de encontrarnos con una encerrona esta mañana. Cuatro niños aparentemente inofensivos y con sonrisas de oreja a oreja han iniciado un ataque y hemos tenido que salir por patas temiendo por nuestro físico y nuestras cámaras, que llevábamos al aire. En la refriega han herido a Carol en un costado y a mi en una pierna.

vientiane_pi_maiAl cabo de un rato, tras reponer fuerzas y recargar las armas, hemos vuelto para ajustar cuentas, pero ya no los hemos encontrado. Ha pagado el pato otro niño que andaba por allí, que se ha llevado tres disparos sin venir a cuento el pobre.

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Por la tarde nos hemos cruzado con distintos grupos de gente que intentaba emborracharnos a base de cerveza Beerlao, pero hemos visto las pistolas a tiempo y hemos salido huyendo. Esto es una selva y no te puedes fiar ni de tu sombra. Nos hemos retirado a la playa del Mekong, que casualmente pasaba por allí, para ver si la cosa se tranquilizaba, pero nada de eso. En el río seguían con el tema, con las cervezas y con las guerras, y eso que al lado algunos andaban jugando a futbol, a voley y a futvoley thailandés. Como se enteren en China igual les retiran la invitación a los Juegos Olimpicos, por violentos.

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Y oficialmente las fiestas del año nuevo laosiano empiezan mañana...

La que nos espera!

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viernes, 11 de abril de 2008

Islas Perhentian, paraíso a diez euros la noche.

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Todavía nos quedan unos meses de viaje, pero no creemos que vayamos a encontrar un sitio más parecido a nuestra idea de paraíso que las Islas Perhentian, en el norte de Malasia. Si andáis buscando la residencia de verano de Robinson Crusoe probablemente la encontréis allí, rodeada de cocoteros, lagartos gigantes y playas de arena blanca bañada por aguas azul turquesa.

Y la verdad es que nos pilló un poco por sorpresa porque, igual que nos pasó con Borneo, antes del viaje no teníamos ni idea de que en Malasia había islas semejantes. Pensábamos que con suerte las encontraríamos en Tailandia, o en Australia, o en Bali, pero cuando pasamos por allí, las playas de postales se quedaban en eso, en postales en las que no salen ni los millones de turistas, ni las aguas turbias, ni el barro de los manglares, ni los cientos de hawkers, ni los precios de los resorts mejor situados, ni las medusas asesinas, ni las infernales moscas de la arena. Así que cuando al leer las guías de Malasia nos encontramos con Pulau Tioman, Pulau Redang y las Perhentian no nos fiamos demasiado, y decidimos visitar sólo estas últimas, que parecían las más tranquilas y menos masificadas. Luego, en Borneo, nos encontramos con la minúscula y alucinante isla de las Tortugas y ya vimos que quizás habíamos sido demasiado prudentes, pero los billetes a Laos ya estaban comprados y en las Perhentian sólo nos daba tiempo de pasar 3 días.

Llegamos hasta allí desde Borneo vía Kuala Lumpur, a través de una de las rutas que teníamos más ganas de hacer: el tren de la Jungla. Aunque Malasia se está cargando sus selvas a velocidades de vértigo todavía conserva la joya de Taman Negara, el bosque pluvial más antiguo del mundo, y una de sus principales atracciones turísticas. Pensábamos pasar unos días allí, pero como leímos que era muy difícil ver vida salvaje debido a la densidad de la jungla, cambiamos el destino por Borneo, creemos que acertadamente. Aún así no nos queríamos perder la ruta en tren que atraviesa la zona, que se supone que es una de las más atractivas del mundo, por lo que elegimos el tren para ir desde KL hasta el noreste de Malasia, a las Perhentian. La forma ortodoxa de hacer el Jungle Trail es mediante el tren lento de tercera que sale de Gemas, no muy lejos de KL, y llega hasta la frontera con Tailandia en aproximadamente 18 horas. El tren para en todas las aldeas y  permite contemplar la vida diaria de los habitantes de la jungla. Según cuentan, los vagones se convierten en un mercado ambulante de lo más pintoresco e interesante, y el paisaje es espectacular. Pero también habíamos leído opiniones de otros turistas que se habían aburrido mortalmente y lo habían pasado mal tanto tiempo en un tren sin aire acondicionado, asientos reservables y con lavabos en los "jamás querrías entrar", así que optamos por un plan intermedio: el tren nocturno express en compartimento privado. Unos 20  € y pico cada uno, muchísimo si lo comparamos con los precios regalados de autobuses o asientos normales en el mismo tren, pero poco si tenemos en cuenta el nivel de comodidad. Salimos de KL a las 20:30 y llegamos a Tanah Mera a las 11 de la mañana, tres horas más tarde de lo previsto. Nos pusimos el despertador a las 6 de la madrugada para ver salir el sol mientras atravesábamos la selva cómodamente tirados en nuestras literas, y con toda la ventana a modo de pantalla de cine. La jungla se abría de vez en cuando para dar paso a  ríos marrones y montañas de formas imposibles. Para Carol, que durmió como un lirón hasta que sonó el despertador, valió mucho la pena, pero yo, que no pegué ojo por los nervios de no oír el despertador con tanto traqueteo,  eché de menos los bichos de Borneo y no acabé contento del todo.

Desde Tanah Mera hasta Kuala Besut, uno de los pueblos costeros desde los que se llega a las Perhentian, se puede ir en taxi por unos diez euros, y se tarda más o menos una hora. Si lo hacéis, id con cuidado de que no os dejen en el pueblo de al lado, Tok Bali, porque desde allí salen menos ferrys hasta las islas (aunque las agencias pagan más comisión a los taxistas, que "por error" te dejan allí). El ferry a las Perhentian cuesta 35 Ringgits por trayecto (unos 7€), y desde Kuala Besut sale a las 8, a las 12 y a las 4 de la tarde, aunque en temporada pico es posible que haya más frecuencias, o menos, si hay mal tiempo.  Si vais, tened muy en cuenta el clima. Desde Diciembre hasta Febrero llega el monzón, los resorts cierran y los ferrys dejan de operar, pero al parecer en pocos sitios te avisan de ello. La chica sueca con la que coincidí en el curso del Wat Po estuvo allí en Enero, con otros seis despistados, un único restaurante abierto y lluvia constante. Antes de ir preguntaron en la oficina de turismo de KL y les dijeron que era una temporada ideal porque había "pocos turistas", pero no les dijeron nada del monzón. Nosotros pospusimos la visita en Marzo porque parecía que el monzón llevaba retraso y acertamos. Por lo que nos contaron luego en la isla, el tiempo era horrible y todo permaneció cerrado hasta principios de Abril.

kecil_perhentian3 Pero si tienes suerte y el tiempo acompaña, es el paraíso, o eso nos pareció a nosotros. Cuando el ferry nos dejó en Kecil, la isla pequeña, no nos acabábamos de creer lo que veíamos: Aguas turquesa cristalinas, coral y peces que se veían desde el jetty, pequeños bungalows entre los cocoteros, 3 o 4 chiringuitos y, como mucho, 10 o 12 personas en una playa de más de un kilómetro de largo. Habíamos leído que en el otro lado de la isla, en la Long Beach, había mucho más jaleo, y que la Coral Bay en la que estábamos era todo más tranquilo, pero no nos imaginábamos algo TAN tranquilo. Y cuando llegamos al Maya Resort, vimos nuestro bungalow y confirmamos que sólo costaba 40 Ringgits la noche (menos de 10 €)  nos pareció que debía haber algún truco.  Pero no. La habitación estaba bien, tenía lavabo privado, ventilador y cuando lo pedimos nos pusieron una mosquitera. Gema, la chica filipina que atendía el negocio, era de lo más atenta y agradable, y por suerte se había acordado de mi nombre cuando reservé por teléfono a través del Skype el día de antes gracias a que en su país "Alberto" es muy habitual. En el resto del sudeste asiático son incapaces de pronunciarlo aunque lo repita diez veces. En definitiva, que nos habían guardado la habitación aunque llegamos 4 horas más tarde de lo previsto. Y en las islas eso es mucho decir, porque en general funcionan en modo "pasen y vean", ni reservan por teléfono (porque no saben cuando se van a ir los clientes, que se suelen quedar más de lo previsto), ni mucho menos por Internet, que sólo hace un par de años que llegó a la isla.

coconut En cuanto dejamos las mochilas nos tiramos al agua a hacer algo de snorkel y, aunque el coral de la "Coral" Bay está muy deteriorado (al parecer debido al jetty que hicieron hace poco), vimos unos cuantos bichos, casi sin necesidad de usar las gafas: Nemos , pepinos de mar (asquerosos) y cinco napoleones gigantes nadando todos juntitos. Al volver al bungalow Gema nos recomendó a Met, un guía local del chiringuito de al lado,  para que nos llevara a hacer snorkel, y nos apuntamos para el día siguiente. También nos dijo que éramos los primeros españoles que tenían en el resort, y que cuando jugaban al scatergories y alguien nombraba "Spain" siempre se preguntaban por donde andaríamos los españoles que nunca nos veían por ahí como a los franceses, alemanes o suecos. Pero diez minutos después, desde una de las hamacas del resort, salió una voz que dijo  "Hola, de donde sois?", en perfecto castellano de Les Corts que nos quitó el privilegio de ser los primeros ibéricos en visitar el resort. Resulta monitor_lizardque justo en la habitación de al lado estaban dos chicas de Barcelona, Cristina y Ariana, que habían llegado camufladas con un grupo de angloparlantes y que habían decidido quedarse algunos días más que ellos en la isla.  En cinco minutos nos pusieron al día de todos los datos necesarios para sobrevivir allí: cuidado con las arañas gigantes, cuidado con los lagartos de más de dos metros, cuidado con el sol  y cuidado con el pelo que se estropea mucho con la manicura de las camisetas del chatuchak. Esto último lo tengo un poco mezclado porque no me lo dijo a mi, sino a Carol. Yo me quedé pensando en los lagartos como Homer en los Donuts, y babeando un poco. En los días siguientes pudimos comprobar que Cristina y Ariana, en los cuatro días que llevaban allí, se habían recorrido todos los rincones de la isla, conocían  todos los locales, todos los locales las conocían a ellas, y hasta sabían la ubicación exacta de las arañas más gordas y las detectaban incluso a oscuras. Y también comprobamos que son la mar de majas y que tenemos una nueva cena pendiente para cuando lleguemos a Barcelona.

Y como no hay dos sin tres, al día siguiente conocimos a Alberto, cartagenero de pro que se alojaba en el bungalow de enfrente, y  a sus dos hijos criados en Malasia, de madre japonesa,  que hablaban medio murciano, medio inglés y japonés. El mayor, Tareq, se subió con  nosotros y otros cuantos guiris más a la barca de Met, que nos iba a llevar de excursión esnorkelera. Aunque sólo tenía diez años estaba siempre en primera fila bicheril, codo con codo con Carol, viendo tiburones (atención madriles, que su hija ya ha visto tiburones y no ha fallecido del susto!! ), dando de comer a millones de tortugas peces de colores y nadando con tortugas que eran bastante más grandes que él. Yo me perdí los tiburones, pero con lo de las tortugas me doy más que satisfecho. En la gran barrera de coral australiana nadamos un rato con una, junto con otros 40 turistas más y el submarinista que le iba dando de comer. En las Perhentian tardamos en encontrarlas porque el agua estaba algo turbia, pero cuando Met dio con ellas fue un no parar. Una por aquí, otra por allá, ahora dos juntas, ahora una que sube a respirar... Yo estuve nadando con una  descomunalmente grande casi diez minutos. Iba un par de metros por debajo de la superficie (y mio) acompañada de varios peces que le hacían de escolta. Cuando subía a respirar me tenía que apartar para dejarle paso, pero aproveché para tocarla varias veces. Alucinante. Carol y Tareq tuvieron la misma suerte, y Carol pudo hasta tirar vídeo y fotos. Carol estaba tan animada que ni las 5 o 6 picadas de medusa que llevaba encima le hicieron salir del agua.  Durante la excursión paramos en algunas playas totalmente desiertas a descansar y para comer nos llevaron al pueblo de los pescadores. La excursión acabó 3 horas más tarde de lo previsto, lo que dice bastante de Met. Tenía razón Gema cuando nos dijo que era el mejor guía de la isla.

Al día siguiente Carol se quedó en plan relax y yo me fui a investigar la otra isla, con éxito bastante discutible. La idea era llegar a Teluk Pauh, teóricamente la mejor playa y el mejor snorkel de la isla grande. Para llegar me fui andando por el caminito de la selva hasta la Long Beach y allí me iba a coger un barco-taxi que sustituí en el último momento por la barquichuela de dos treceañeros que me dijeron "snorkel snorkel". Cuando les dije que sí se quedaron un poco blancos y, tras breve discusión, me empezaron a recitar los mismos sitios que había visitado el día anterior. Yo les dije que me llevaran a Teluk Pauh, pero  como vi que no tenían ni idea de lo que les estaba hablando cambié de idea y les dije que vale, que me llevaran a ver tiburones a ver si tenía más suerte que el día anterior. Antes de arrancar me dijeron que me sentara bien en el medio, que si no la barca se les iba para un lado. Uno se puso delante a guiar y el otro detrás a pilotar, y yo entretanto me dedicaba a planear como me iba a tirar al agua desde esa cáscara de nuez sin volcarla y sobretodo como iba a poder volver a subir. En esas andábamos cuando sonó un teléfono móvil en medio del mar. De alguna forma se las han apañado para tener cobertura en la islita, y lo aprovechan que da gusto. Por lo que pude entender leyendo la cara de los chavales el que llamaba era a) el dueño de la barca que la echaba en falta o b) el padre de uno de ellos. Probablemente las dos juntas. El caso es que cambiaron de rumbo, se fueron para el muelle del  pueblecito de pescadores  y el que hacía de guía se bajó. Al cabo de un rato, mientras esperábamos,  volvió a sonar el teléfono y nos fuimos sin el un kilómetro o dos hacia no se donde. Allí nos encontramos con otro barco y dos señores pegando voces que se subieron de malos modos a la barca mientras le decían no se qué al chaval. A mi me sonrieron y me dijeron "snorkel snorkel good". Los llevamos a la playa, se bajaron mientras le decían al chaval algo que a mi me sonó a "cuando llegues a casa te vas a enterar" y nos volvimos a por el guía, que había ido a cambiar al estanco para darme cambio ( yo creo que también para escaquearse del padre). Al cabo de un rato llegamos a destino, volví a no ver ningún tiburón, me volví a resentir de la costilla al subir a la barca y les dije que me llevaran a una playa en la que el día anterior habíamos visto infinidad de Nemos para hacerle un vídeo a mi sobrina. Me llevaron a la de al lado, pero por suerte también tenía Nemos. Cuando saqué la cabeza del agua les vi tirados en una roca intentado  secar el móvil que se les había caído al agua. No se si lo conseguirían o no, pero seguro que se replantearon su futuro como guías turísticos. Pobres.

Esa noche nos fuimos a cenar con Ariana, Cristina y un par de conocidos suyos a la Long Beach. Pese a que en el restaurante echaban a todo trapo una película de guerra, pudimos charlar y echarnos unas risas y enterarnos de algunas cosas interesantes, como que Ko-Tao, en Tailandia, merece la pena, que el mundo de las aerolíneas de bajo coste está muy complicado, y que en Bangkok te hacen unas reconstrucciones de uñas con el método del alisado japonés por cuatro pulseras y dos zapatos. Nos fuimos a dormir relativamente pronto, y a la mañana siguiente andamos ya empacando y pensando en lo que nos había contado el Alberto de Cartagena sobre la isla, lo que había cambiado en pocos años y lo que iba a cambiar en los siguientes, y nos hicimos el firme propósito de volver antes de acabar el viaje, porque los paraísos como éste no suelen aguantar mucho tiempo, y menos en Malasia.

 

P.D. Si alguien se pasa por la isla que no deje de visitar el chiringuito de Karimah y Wati, cuñada y mujer de Met respectivamente, que me tiene que hacer un favor. Les estuve enseñando a hacer patatas bravas, tortilla y gazpacho, y me dijeron que lo iban a añadir al menú... pero se me olvidó explicarles el pan con tomate!! Y el paraíso sin pan con tomate no es lo mismo!!!! Que alguien se lo enseñe, que nosotros volvemos en un par de meses para allá y lo tienen que tener bien entrenado para cuando lleguemos...

domingo, 6 de abril de 2008

Aventuras en Borneo: Uncle Tan y Turtle Island

Tenía preparado un post póstumo y todo. Ya me imaginaba a los pescadores formando corrillo en un banco de arena del Kinabatangan para ver lo que salía de las tripas del cocodrilo que acababan de liquidar. Y la cara que pondrían cuando vieran que era un portátil, sorprendentemente conservado gracias a la magia de los ziplocks. Seguro que uno de ellos tendría un primo informático que encontraba el post póstumo en el disco y, conmovido, lo subía en nuestro nombre al blog y avisaba a la embajada. Pero como hemos vuelto intactos ya no puedo aprovechar nada del post y me toca rehacerlo de cero, y tengo mucho sueño y poco tiempo, así que voy a plagiar las notas del diario de Carol para acabar antes. No me lo tengais en cuenta.

 

1 Abril del 2008

Llegamos a Sandakan. La ciudad de entrada es bastante fea y sus habitantes son tan curiosos como tímidos. Nos siguen con la mirada al vernos pasar hasta que se deciden a decirnos "helooo", y acto seguido se escabullen entre risitas y no nos da tiempo casi a responderles. Nos alojamos en el London Hotel, céntrico, barato y mucho más cómodo de lo que esperábamos. Muy recomendable. Además, tiene varanos residiendo en el patrio trasero y se pueden ver desde la ventana de la habitación. Cenamos en ún KFC, lo único que vemos abierto.

Mañana del 2 de Abril del 2008

Dejamos una mochila gorda en el hotel y nos vamos con el resto a la estación de autobuses, donde buscamos el vehículo azul y blanco con el texto "Batu 16" que nos tiene que llevar hasta la estación base del "Uncle Tan", sita en el poblado "cercano" llamado Gum Gum. Llegamos a la estación a las 7:45 y a las 8 nos subimos en el autobús que nos indican, que no es el 16 pero por lo menos es azul y blanco. Llegamos a Gum Gum a eso de las 9:30, media hora más tarde de lo esperado. En el Uncle Tan nos dicen que el coche para el centro de orangutanes de Sepilok ya ha salido, pero nos consiguen otro y nos plantamos allí en cinco minutos. El centro nos parece poco recomendable. Desde el punto de vista del turista consiste en una pequeña pasarela que se adentra en la reserva hasta una orangutan estructura en la que dos guardas convocan a los orangutanes a base de bananas. Hay muchísima gente y la plataforma está relativamente lejos. Los orangutanes no son salvajes, sino que están en proceso de recuperación tras haber sido rescatados de dueños explotadores. En el Zoo de Singapur los pudimos ver más de cerca y mucho más rato, y si pagabas te dejaban tirarte una foto con ellos. En Sepilok parece que sólo aparecen a la hora de comer. Tras media hora de muchedumbre, los orangutanes y la mayoría de turistas se van y nos quedamos seis o siete personas en la cafetería. Nosotros esperando a que alguien del Uncle Tan nos venga a recoger, aunque se nos ha olvidado preguntar a que hora sería y también si venían a buscarnos o no. Tras dos horas de espera preguntamos a las dos únicas turistas que aún quedaban por allí si iban para el Uncle Tan y nos dicen que sí, y que nos pasarían a recoger a eso de las 12:30, o sea, ya.

Mediodía del 2 de Abril del 2008

adidas-kampung De vuelta a las oficinas del Uncle Tan iniciamos el contacto con nuestros compañeros de aventura, que se agolpan caóticamente en los bajos del edificio. Mientras unos arrasan con las bandejas de comida otros ven el partido de liga de campeones del Manchester. Nosotros intentamos sin éxito llamar por teléfono a la empresa Crystal Quest para reconfirmar la visita a la Turtle Island. Entre tanto, nos informamos de las condiciones del campamento de la jungla y nos hacemos con unas "Adidas Kampung" de goma en la tienda de al lado (las de la foto). Nos cuestan 2 euros, y por lo que nos dicen son básicas porque hay un palmo de barro en el campamento tras las últimas inundaciones. Cuando acaba el partido cargan las mochilas en una furgoneta y los aproximadamente 15 turistas nos repartimos en otras dos y nos vamos. Tras una hora de carretera llegamos a una aldea y un río, el Kinabatangan. Allí nos esperan las dos lanchas que nos llevarán al campamento. Antes de zarpar uno de los mochileros tiene tiempo de pasarse de listo y meterse alegremente donde no debía, quedando atrapado por el barro hasta la ingle. Otros dos mochileros lo rescatan con bastantes dificultades y aprovechan para hacerse los machotes. Nos preparamos para observar la fauna mochilera más de cerca de lo que nunca hubiéramos deseado.

Tarde del 2 de Abril del 2008

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Salimos en los botes hacia el campamento. El trayecto es impresionante, una de las experiencias más alucinantes que hemos tenido en el viaje. Los macacos que nos miran desde la jungla y los pajaros que nos acompañan lo hacen todavía más mágico. A los pocos minutos empezamos a ver los primeros ejemplares de Nasalis Larvatus (monos proboscis o narigudos), que se arremolinan en los árboles cercanos , agrupados por clanes. De repente el cielo oscurece y cae una tromba de agua, así que aceleramos y nos olvidamos un rato de la fauna. Llegamos al campamento de Uncle Tan, donde nos cruzamos con un grupo que sale a hacer la excursión vespertina. El barro les llega hasta las rodillas, así que nuestras Adidas Kampung no van a ser suficiente. Tras andar 500 metros en un palmo de lodo sufriendo por las mochilas y las cámaras llegamos al campamento. Allí nos asignan una de las celdas para seis, que compartimos con una francesa, una inglesa y una pareja anglo-uncle-tan francesa. Las celdas tienen rejas para evitar que entren los macacos ladrones y las ratas, y mosquiteras para cada uno de los 3 colchones dobles que conforman la celda para evitar el resto de bichos. Nos informan de que no debemos dejar jamás la puerta abierta o los macacos nos lo robarán todo. Nos dejan un rato de tiempo libre que aprovechamos para descansar y para estudiar a la fauna mochilera disimuladamente. Rápidamente detectamos a un ejemplar macho de Mochilerus Jocosus. Tras breve investigación averiguamos que se trata de un ejemplar procedente de Alemania, origen muy poco común para esta subespecie famosa por su alta peligrosidad. Por suerte, pierde pronto su interés en nosotros y por sorpresa ataca a dos Mochilerus Nordicus Panfilorum hembra cercanas, que cacarean alegremente. Al cabo de un rato nos convocan a cenar. En las bandejas hay arroz y otras cosas, muchas de ellas vegetales. Para mi gusto, no está nada mal. La ocasión es ideal para que las distintas especies de Mochilerus marquen territorio a base de codos e invasiones. Mientras nos peleamos por nuestro arroz, un  Saxonus Repelentus aparta nuestra mochila y se queda con nuestro lado de la mesa. Rápidamente se forman dos clanes, el de las especies anglosajonas y el de las especies nórdico-germánicas. 

Noche del 2 de Abril del 2008

uncle-tan2 Por el campamento, además de los especímenes mochileros, corretean cerdos salvajes, macacos y varanos gigantes. Los guías locales son muy campechanos y casi ninguno pasa de los 25 años. Después de la cena algunos de ellos se quedan en el comedor bebiendo cervezas y cantando canciones de Green Day alternadas con las baladas de "Ghost" y "Titanic", y los otros nos convocan para la excursión nocturna en bote. La experiencia vuelve a ser mágica: cielo estrellado, ojos misteriosos en la jungla y de vez en cuando algún animal pillado por el  foco del guía: buhos, civetas, y por lo que dicen, hasta un gato leopardo que yo no llegué a ver. Supongo que a muchos de ellos les dejaríamos medio ciegos con los flashes, pero es que aquí en Malasia lo del respeto por la naturaleza es cuanto menos ambiguo. De vuelta al campamento descubrimos una araña de tamaño considerable paseándose por las rejas de una de las celdas. Por suerte, es tan grande que no se puede meter dentro. Pese a que el alojamiento es muy básico dormimos mejor que en los últimos 40 días.

Madrugada del 3 de Abril del 2008

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A las 6 de la mañana nos ponemos en pie para volver a recorrer el río. Pese a que el horario y la temporada es ideal para divisar fauna no tenemos mucha suerte y no conseguimos ver ni orangutanes ni cocodrilos. Por lo que nos dicen los guías, los orangutanes no se suelen acercar mucho al agua, y es muy difícil verlos por esa parte de la jungla aunque de vez en cuando se tropiecen con alguno. Eso sí, vemos infinidad de monos proboscis, que nos hipnotizan con su nariz gigante y su tripa cervecera. Esta especie sólo se encuentra en Borneo, donde se alimenta de semillas y hojas que son tóxicas para el resto de animales. Su estómago es casi más propio de los rumiantes, y contiene tanto ácido que sus escupitajos pueden provocar quemaduras graves, y por lo que hemos leídomacaco eso es justamente lo que le paso a un visitante del Uncle Tan años atrás. Le preguntamos al guía si la historia era cierta, pero no nos supo contestar.  Lo que si es cierto es que los proboscis son expertos nadadores, y se les ha encontrado en alta mar, a  más de un km de la costa, nadando entre islas. Al parecer también son especialistas en andar de pie en fila india y en ser comidos por los cocodrilos cuando se despistan. Al volver al campamento nos encontramos con otra especie igualmente interesante: el Mochilerus Listorrus. Lo teníamos en nuestra misma celda, pero hasta que no nos estuvo enseñando las fotos de los cocodrilos que había visto su grupo no lo reconocimos. Esta especie es una de las más temidas allá  por donde vaya y más si, como en este caso, es de origen anglosajón y tiene acento afectado. Lo ha visto todo, lo sabe todo y te lo cuenta todo, y sobretodo no le interesa absolutamente nada de lo que tú le puedas contar. Ataca rápido como una víbora y antes de que puedas contraatacar ya se ha refugiado en un libro y en una mueca de desinterés.  Su cogote sale en todas las fotos; es el niño en el bautizo y el muerto en el entierro.

Mañana del 3 de Abril del 2008

uncle-tan3 Después de desayunar salimos al treking matutino. Nos avisan de que es el momento menos adecuado para ver animales, porque hace demasiado calor y están todos echando la siesta o en el bar jugando al cinquillo, pero de todas formas vamos. Como bien nos dijeron, no vimos prácticamente nada, pero nos lo pasamos pipa adentrándonos en la jungla y llenándonos de barro y agua hasta la cintura. Como íbamos prevenidos de lo que iba a pasar nos agenciamos unas botas de agua que algún antiguo visitante había abandonado, pero ni eso fue suficiente para salvar los pantalones. Peor lo pasó un biólogo al borde de la jubilación que vino buscando pájaros, porque se quedó sin botas y hizo el trek con dos bolsas de basura sobre las zapatillas. Al acabar, les dijo algo enfadado a los chicos del campamento que jamás se les volviera a ocurrir recomendar a alguien que hiciera el trek sin botas de agua. Creemos que lo pasó un poco mal. Por suerte o por desgracia nadie cayó al barro (ni siquiera yo) y el único altercado fue la presencia de un ejemplar difícilmente clasificable, de edad y tamaño considerable, que se dedicaba a soltar ramazos en la cara del que se pusiera detrás, al parecer inconscientemente. Le acompañaba un ejemplar hembra que pese a llevar más de cuarenta picotazos de mosquito en brazos y piernas seguía vistiendo una camiseta de tirantes y unos shorts, los dos de color blanco (al salir, claro). Al volver del trek nos informaron de que el grupo que acababa de llegar esa mañana había sido recibido brevemente por un orangután justo en el embarcadero, a 500 metros del campamento. Lo que ningún grupo consiguió ver fueron elefantes, que al parecer son muy infrecuentes en ese área de la selva. Pero sólo dos meses atrás, justo antes de la inundación, una manada de más de 20 elefantes (sólo hay unos 100 en esa zona) visitó el campamento, y alguno de ellos se paseó por el campo de fútbol.

Tarde y noche del 3 de Abril del 2008

escorpion-malayoDe nuevo volvimos a salir al río y de nuevo volvimos a tener mala suerte. Vimos pájaros (hornbills, storkbilled kingfishers, y muchos otros cuyo nombre no recordamos), lagartos monitor, macacos y más proboscis, pero no conseguimos encontrar cocodrilos, que al parecer son muy habituales. De hecho, el guía se partía de risa cuando Carol y yo le pedíamos que buscara cocodrilos, y al parecer se sabía y le gustaba la palabra en castellano. Seguramente porque la mayoría de visitantes españoles se los piden, a diferencia de los australianos, mayoritarios aquí, que los ven hasta en la sopa. Sólo conseguimos ver, cuando ya anochecía, los ojos de algunos sobresaliendo por encima del agua, pero poco más... Después de la cena salimos al trek nocturno en busca de ranas, escorpiones, tarántulas y serpientes.  Sólo conseguimos encontrar a los dos primeros, pero ni rastro de los otros dos. Casi que mejor. Sobre los escorpiones nos contaron lo mismo que en Australia, que pican más o menos como una avispa y sólo cuando les tocan el lomo. Teniendo en cuenta que todos andábamos bastante cansados y que no estábamos teniendo mucha suerte el guía se sacó un as de la manga y nos enseñó el bicho más raro que hayamos visto nunca, el "cotton bug" (bicho algodón). Os ponemos la foto, que no está en absoluto retocada: el bicho era exactamente así, ojos incluidos. Esa noche volvimos a dormir de maravilla. Sobre la fauna mochilera, oímos rumores de que había en el campamento una pareja de Cuatrojus Criticus Hispanicus, pero no conseguimos verlos. Otra lastima.

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Madrugada y mañana del 4 de Abril del 2008

El campamento del Uncle Tan funciona de una forma bastante atípica. Es barato (320 Ringits malayos, unos 70€, por 3 días y dos noches, todo incluido), hay muy buen ambiente, no mucha planificación, y sobretodo muy buena voluntad por parte de los guías. Si no has tenido suerte viendo animales hacen todo lo que está en sus manos para que lo consigas. A nuestro grupo nos dieron un tour extra por el río, esta vez llegando algo más lejos que las otras veces. Yo no me quería ir sin ver cocodrilos, porque lo teníamos pendiente de Australia, y al final los vimos. Sólo un par de ellos y no muy grandes, pero allí estaban, en el borde del agua esperando a ver si algún mono  resbalaba. Espeluznante, sobretodo cuando nos acercábamos más de la cuenta y el bicho saltaba al agua y desaparecía debajo de nuestro bote. Por lo que nos dijeron los guías, en el río viven cocodrilos de más de cinco metros de largo (nuestro bote, que llevaba a diez personas, medía poco más de cuatro) que cuando están muy hambrientos suelen atacar a los hombres, especialmente a los pescadores que duermen en sus botes amarrados cerca de la orilla. Los cocodrilos "saltan" desde el agua al bote y se zampan al pescador.

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De regreso al campamento desayunamos y empezamos a recoger las cosas, porque a media mañana nos marchábamos. El viaje de vuelta, a pleno sol, fue uno de los mejores. A esa hora los cocodrilos descansan tranquilamente al sol, y pudimos ver unos cuantos, a cual más gordo y cercano. Cuanto más grandes, menos tímidos y más rato permanecían flotando alrededor nuestro, asomando sólo proboscislos ojos del agua. De nuevo vimos narigudos y nos quedamos finalmente sin ver orangutanes. Del río a Gum Gum fue cerca de una hora escuchando las peroratas que el Mochilerus Listorrus le largaba a un pobre húngaro, al que no dejaba meter baza.Tras llegar a Gum Gum y volver a comer en el centro de Uncle Tan nos subimos a un autobús camino de Sandakan. Muchos de los otros turistas seguían viaje hasta Palau Sipadan, al parecer uno de los mejores sitios del planeta para bucear, que está a unas 7 horas en bus desde Sandakan.  Nosotros al día siguiente teníamos que ir a la Turtle Island pero todavía no habíamos conseguido confirmar la reserva con la empresa Crystal Quest, y andábamos un poco preocupados, porque sabemos que es difícil encontrar hueco. Nada más llegar al hotel dejamos las cosas y nos fuimos andando hasta el embarcadero de la empresa, que está a diez minutos del hotel. Nos pidieron disculpas por no coger el teléfono y nos emplazaron para estar allí el día siguiente a las 9 de la mañana tal y como estaba previsto. Por la tarde hicimos nuestra tradicional visita al supermercado de la ciudad y fuimos a cenar al "Tomato", donde nos gastamos dos euros cada uno y nos tuvimos que dejar gran parte de la cena por falta de espacio estomacal.

5 de Abril del 2008

IMG_0442bNos levantamos a las 8, desayunamos y nos vamos para el embarcadero de Crystal Quest para visitar la Isla de las Tortugas. Se trata de un parque natural formado por 3 islas a las que acuden multitud de tortugas verdes y hawksbill a desovar. La isla Selingaan es la única que se puede visitar y tiene sitio donde dormir, unas cabañas más bien básicas. Tras una hora en jetboat desde Sandakan llegamos a la isla junto con otros 20 turistas, que son los únicos que admite el centro de conservación cada día. La isla es de postal, con playas de arena blanca, palmeras y agua turquesa. Impresionante. Al llegar nos hacen pagar otros 10 RM como tasa de conservación y la chica del bar nos da una pequeña charla. Pequeñísima, porque no nos explica nada de nada, sólo que no podemos tirar fotos con flash cuando veamos las tortugas y que tendremos que pagar otros 10 RM por cámara. Al parecer las tortugas empiezan a llegar una vez se pone el sol, empiezan a desovar y en ese momento los rangers van a buscar a los turistas a la cafetería para que asistan al espectáculo. Cuando empieza a refrescar, los huevos que dejaron otras tortugas dos meses atrás  eclosionan y salen las tortuguitas buscando el mar. De nuevo los rangers te avisan para que asistas al espectaculo. Pero hasta ese momento no hay nada que hacer, así que todo el mundo se va a la playa, que es de las más bonitas que hemos visto nunca. Los empleados del parque te alquilan por dos o tres euros equipo de snorkel que puedes usar para ver el coral y los peces que inundan la misma orilla. En realidad, el coral está a tan poca profundidad que es difícil nadar, lo tienes prácticamente en la punta de la nariz, y el agua es tan clara que ves los colores casi como en el exterior. Aunque el coral está bastante maltratado (luego explicamos por qué) la experiencia vale muy mucho la pena. Los peces están tan cerca que se pueden tocar con la mano, al igual que las ostras azules o las anémonas. Es casi como nadar en una piscina, muy muy bonito. Vimos clownfishes (nemos) a escasos centímetros, y aunque les acercábamos la mano no se alejaban del coral. El día se nos pasó volando, y la marea bajó enseguida de forma que el área de snorkel sólo tenía unos centímetros de profundidad. Entonces asistimos a uno de los espectáculos más tristes que hemos visto en Malasia: media docena de turistas (creemos que casi todos australianos) andando con sus aletas de snorkel por encima del coral sin ningún tipo de consideración. Se supone que la isla es un parque marítimo nacional, pero ni había nadie vigilando la playa ni al parecer nadie había avisado a la gente de que el coral es delicado.

La verdad es que Malasia es un poco contradictorio en ese sentido. Por una parte tienen algunos de los mejores parajes naturales del mundo, y lo aprovechan turísticamente, pero por otro no tienen mucha sensibilidad ambiental precisamente, ni siquiera los que viven  de ello. Por lo que hemos leído, en dos décadas se ha arrasado casi el 30% de la superficie selvática, la más antigua del planeta, en favor de las plantaciones de palmeras y los campos de golf. Y en un libro de "frases de políticos" leímos las siguientes, pronunciadas por un ministro de Medio Ambiente malayo:

- "Muchos países nos critican por talar la selva, pero de las plantaciones se benefician muchos trabajadores que viven de ello. ¿Que quieren, que dejen de trabajar para que cuatro científicos se dediquen a observar monos?"

-"Quiero mejorar mi nivel del golf, pero eso sólo puedo hacerlo si hay más campos de golf, y para eso tenemos que talar la selva." (pronunciada informalmente en una convención medioambiental INTERNACIONAL, a más de un asistente se le helaría la sonrisa)

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Tras esos momentos penosos asistimos a uno glorioso, la puesta de sol. De las más bonitas que hemos visto nunca. Y de ahí al restaurante a cenar y a esperar a que llegaran las tortugas. La verdad es que el día fue perfecto, y encima tuvimos la suerte de conocer a dos neozelandeses la mar de simpáticos que nos han obligado a reconsiderar nuestros prejuicios y cambiarlos por unos nuevos. Nuestra nueva teoría es que los australianos, cuando viajan, se creen que están en su casa y dejan de ser simpáticos para ser maleducados al estilo norteamericano, mientras que los neozelandeses, que en su casa son más bien reservados (sobretodo en áreas rurales) ganan mucho. En realidad la teoría es sólo mía, pero Carol me dice que sí para seguirme la corriente, así que lo dejo tal y como está.

A partir de ahí empezó la parte mala de la excursión a la Isla de las Tortugas. Para empezar se formaron dos grupos de observación, y a nosotros cuatro nos tocó el segundo, es decir, nos tocaba esperar a la segunda tortuga que llegara. Por desgracia eso no llegó a pasar, así que a eso de las doce de la noche, tras dos o tres horas de espera, nos agregaron al primer grupo, pero sin que estos nos cedieran sus puestos. Total, que no había forma de ver nada, y eso que la tortuga era gigantesca. Los rangers iban pidiendo a la gente que rotara, pero muchos no se daban por enterados. Entre el sueño que teníamos y el morro que le echaba la gente hubo un par que estuvo a punto de caer de morros encima de la tortuga tras una embestida de Carol, pero no llegó la sangre al río ni el turista a la tortuga. Para colmo los rangers me dijeron, por sorpresa, que no podía hacer vídeo, y  como no llevaba la cámara de fotos  encima ni lo uno ni lo otro. Ciento nueve huevos de tortuga después nos llevaron a la "plantación" de tortugas, que es donde los rangers los re-entierran , de forma que los depredadores no se los puedan comer, y donde nacen las tortugas plantadas dos meses atrás. Si los huevos están plantados en la sombra salen tortugos, y si están plantados al sol tortugas, ya que el sexo depende de la temperatura a que se expone el huevo, igual que en el caso de los cocodrilos. Pero no hubo forma de comprobarlo, porque esa noche no nació ninguna cría. Así que nos fuimos a dormir, a eso de la una, para levantarnos esta mañana a las 6 de la mañana. La playa estaba repleta de agujeros de tortuga. La verdad es que el tema no lo tenían muy bien organizado, pero aún así la isla es tan bonita y la experiencia tan interesante que nos pareció uno de los mejores días del viaje.

 

Conclusiones.

Ya os habréis dado cuenta por la extensión del post de que Borneo nos ha gustado muchísimo, y eso que hemos estado poquito tiempo y hemos visto menos de la mitad de lo que hay por ver aquí. Nos lo hemos apuntado para visitas más largas, porque creemos que realmente vale la pena, tanto por la naturaleza como por la gente. Un destino sumamente interesante, y mucho más cómodo de lo que pensábamos. Nosotros tuvimos poca suerte con la fauna, pero los chicos neozelandeses, que habían hecho un crucero de tres días por el mismo río, vieron varios orangutanes e incluso elefantes, y al parecer estaban muy muy contentos con los alojamientos, la comida y el guía. Eso sí, les costó tres veces más que el Uncle Tan. Por lo que nos dijeron lo contrataron con "S.I. Tours". Otros chicos de Canadá también nos contaron que acababan de bucear en Palau Sipadan y que aquello era absolutamente maravilloso. En fin, parece que nos quedan infinidad de cosas pendientes por ver en Borneo!!

martes, 1 de abril de 2008

Nos vamos a buscar a Sandokan y al mono de Marco. Volvemos en unos instantes.

Cada día estamos más convencidos de que nuestro viaje lo ha organizado y planeado una versión infantil de nosotros mismos. Desde que salimos de casa nos hemos ido encontrando, así como quien no quiere la cosa, recuerdos de libros de aventuras, álbumes de cromos y sellos de picar que no habíamos vuelto a ver en dos décadas. Y programas de la tele o películas, claro, sobretodo de las que echaban a mediodía justo antes (o en medio, dependiendo de la edad del televidente) de la siesta.

En nuestra anárquica ruta asiática ahora nos toca visitar Borneo, que no entraba en nuestros planes originales porque tampoco entraba en nuestra cabeza. En mi mapamundi mental Borneo está entre Lemuria e Hyperborea, rodeada por mares brumosos y llena hasta arriba de monos, tesoros y tribus caníbales. Allí sólo se puede ir en avioneta de hélices o, con mucha suerte, en un barco pirata como grumete, y ninguna de las dos vías tiene camino de regreso. Por sus selvas corren, además de macacos ladrones, misteriosos hombres-mono del bosque, arañas grandes como manos, dragones, silenciosos tigres blancos y brujos que echan humo por la boca justo antes de disparar sus cerbatanas. Los viajeros serios seguramente sabrán sin necesidad de coger el mapa que Borneo es una isla bien gorda compartida por Indonesia, Brunei y Malasia, y situada justo en el corazón del Sudeste Asiático. Y otras muchísimas cosas interesantes. Pero nosotros sólo sabíamos de ella lo que aprendimos de muy pequeñitos, y es justamente por eso por lo que decidimos volver a bajar de Tailandia para venir aquí.

Eso sí, en el último mes nos hemos leído unos cuantos libros sobre el tema. Bueno, en realidad la que lee es Carol, que como aquí no tiene a sus gatos luego me lo cuenta a mi. Me dice que en realidad sólo ha sido uno, pero que hemos ojeado más en las librerias. El que se ha leído se llama "Into the heart of Borneo", y el que no le dejé comprarse era "The White Raja", de Nigel Barley (el de "El antropólogo inocente"). El del rajá blanco, un caso real, explica como hace un par de siglos un inmigrante británico, pobre pero con mucho porte, llegó a Borneo y tras ser confundido con un emisario de la reina (al parecer debido a sus modales) consiguió ir medrando y conspirando entre las diversas facciones de la isla hasta conseguir el cargo de Rajá. Nos lo guardamos para Barcelona porque promete y parece fácil de encontrar, y así no arruinamos del todo el presupuesto. El primero también es un caso real y narra las peripecias de dos investigadores de Oxford que llegan a Borneo en los años ochenta para aclarar si todavía quedan rinocerontes en la jungla. Entre los consejos que da se encuentra el siguiente: "Llevad siempre una foto de la Reina de Inglaterra a caballo. Los pueblos de la jungla la veneran desde los tiempos coloniales, pero sólo la reconocen si la ven a caballo porque creen que Reina y caballo es todo uno.". Por si acaso nos hemos traido una foto de Marichalar y su patinete que creemos nos será igual de útil.

Ahora estamos en Sandakan (sí, el Tigre de Malasía debía ser de por aquí), co-capital del territorio de Sabah, una ciudad algo  destartalada donde los niños y los no tan niños se nos quedan mirando fijamente y donde desde la habitación oímos los rezos de la mezquita que tenemos al lado y casi casi vemos la jungla por la ventana. En realidad vemos el patio trasero, pero nos han asegurado que cada mañana corretean por aquí varios lagartos de dos o tres metros de largo. Hemos llegado en avión desde Kuala Lumpur, cruzando unas nubes densísimas y sus consiguientes turbulencias que han desaparecido al descender, justo para dejarnos ver ríos gigantes y brumosos caracoleando por la misma jungla por la que andaremos mañana. Nos han prometido que veremos orang-utanes(literalmente "hombres del bosque"), tarántulas grandes como manos, cocodrilos, y si tenemos mucha mucha "suerte" algún que otro leopardo. De brujos con cerbatanas no nos han dicho nada, pero elefantes pigmeos y monos narigudos que escupen ácido es posible que también veamos, y esos ni siquiera salían en nuestros cromos.

Bueno, igual tampoco íbamos tan desencaminados con lo que es Borneo... En unos días os lo contamos!

miércoles, 5 de marzo de 2008

La fiebre malaya

petronasEstamos en Kuala Lumpur y Kuala Lumpur está en nosotros. El caos de esta ciudad se nos ha metido en la cabeza y no sabemos hacia donde ir. Hemos llenado las libretas con fechas de monzones y horarios de aviones y trenes para asegurarnos que no nos vamos a una playa en plena tormenta ni a una ciudad cuando podríamos estar chapoteando en el mar. Ahora tenemos montones de opciones y seguimos sin saber cuál es la mejor. Probablemente acabemos en las playas tailandesas o haciendo algún cursillo en Chiang Mai para luego volver a bajar a Malasia. Tenemos casi claro que volveremos a Borneo en un mes para visitar el santuario de orangutanes, pasar unos días en un campamento en la jungla y posiblemente hacer snorkel en la isla Pulau Sipadan. Pero la Malasia peninsular se nos está atravesando y aún no sabemos para dónde tirar.

Mientras escribo esto hay como 10 hormigas que salen de entre los bordes del portátil y la pantalla, corren un rato por el post y vuelven a entrar. Miedo me da lo que pueda estar pasando ahí dentro.

Decía de Kuala Lumpur que es caótica. También es sucia y gris e invita a poco más que las visitas de rigor, que se cuentan con los dedos de una mano. Yo hoy me he ido de exploración y he dejado a Alberto haciendo los deberes. Lleva 3 semanas dando vueltas a la guía de Malasia y aún no se aclara. La lee y la relee y se deprime porque no le cuadran los monzones con los planes. Hay veces que incluso llega hasta las páginas del final, donde hablan de la malaria y la fiebre de esto y lo otro y esos días tenemos drama. Le sale la vena hipocondríaca y se le manifiestan todos los síntomas de lo que haya leído. Entonces nos pasamos la cena recordando todas la vacunas que se ha puesto, estadísticas, etc...vamos, todo el ritual anti-crisis. Esa noche se va a la cama medio convencido y al día siguiente se levanta en plan Miguel de la Cuadra Salcedo. Para matarlo.

kuala-lumpur Mi día de exploración ha acabado en una vuelta por Chinatown, una visita a las Petronas y otra a la torre de comunicaciones (desde donde está hecha la primera foto del post, que aunque no es la mejor vista de las Petronas se ve lo altas que son). Como las tres cosas están bastante retiradas las unas de las otras y no me apetecía mucho coger el monorail he podido comprobar de primera mano que el responsable de urbanismo de Kuala Lumpur efectivamente es un demente. Algo había oído pero no pensé que la mala fama le hiciera tanta justicia. La ciudad está llena de calles de cuatro carriles que los peatones han de recorrer por unas aceras inexistentes y cruzar por unos pasos de cebra que no suman más de 10 en toda la ciudad. Los kualalumpurenses se amontonan en un sitio cualquiera del borde de la calle y a la que son más de cinco cruzan a mogollón, supongo que con la lógica de que a mayor el bulto menor la posibilidad de ser atropellados. Yo me he apuntado a esta técnica y de momento me ha servido para sobrevivir un día entero.

Aparte del tráfico lo único que me ha pasado hoy digno de mención ha sido un encuentro que me ha dejado intrigada. Iba andado por Chinatown y de pronto me aborda un señor señalándome los pies "anda, qué zapatillas más chulas, dónde te las has comprado?". Explico que las zapatillas a las que se refería son unas Adidas que tienen ya cuatro añitos, varios viajes y una cantidad de roña suficiente como para señalarlas por otros motivos. Y al señor, a no ser que fuera representante de Reebok (bueno, en Malasia, donde todo es imitación, sería de Reebol), no veía yo de dónde le podía venir el interés. Tampoco parecía ligoteo porque le acompañaba una mujer de su edad, su esposa me imagino yo. Le respondo que Nueva York, me pregunta si soy americana y digo que no, que española. A todo esto, como yo me sé que en Barcelona estos "encuentros" acaban en un abrazo de más y una cartera de menos, me agarro discretamente la bolsa de la cámara. El hombre me explica que es filipino y que se llama Pepito y hablamos un poco en español. Me pregunta de qué parte de España y casualidades de la vida, de esas que sólo pasan en sitios turísticos, me cuenta que su hermana tiene un contrato en un hospital en Madrid, pero no sabe cuál. Yo me vigilo la bolsa con un ojo y a Pepito y a su acompañante con el otro. Hemos seguido charlando un rato, nos hemos deseado buena suerte y hale, cada uno por su lado. ¿Sería Pepito un Pepito malo? Pues mira que me da rabia quedarme con la duda, pero nunca lo sabré.

Por suerte antes de venir a Kuala Lumpur hemos pasado por Melaka, que es una ciudad muy tranquila. Su situación entre monzones hizo de ella el puerto más importante de Asia y la zona más multicultural de Malasia. Fue gobernada por portugueses, holandeses e ingleses en distintas épocas y todos dejaron algo. Ahora la mayoría dominante es china y no tuvimos que andar mucho ni preguntar por ahí para darnos cuenta. Están de elecciones en Malasia y en Melaka todos los candidatos sin excepción son chinos.

En Melaka nos alojamos en el hotel Ringo's Foyer, regentado por un chino de nombre Raymond. Nada más llegar conocimos a una suiza muy jovencita que se apuntó a comer con nosotros. El del hostel nos llevó a un sitio que conocía y comimos los tres por menos de tres euros en total. De camino al sitio de comidas Raymond nos fue explicando dónde comprar el agua más barata, dónde bollos para el camino a Kuala Lumpur, dónde internet, dónde la parada del autobús (en la que dejamos a una pareja que se marchaba)... Mientras comíamos ya nos había organizado una cena con el resto del hostel y nos había hecho un planning de qué ver esa tarde. Nos fuimos con Yvone, que así se llamaba la suiza, a ver la ciudad con el compromiso de estar a las 7 en el hostel para cenar.

En la cena éramos seis en un restaurante chino en el que Raymond se preocupó de que todo el mundo pudiera comer bien. Porque no pudimos elegir, que lo pidió él todo, y además en mandarín con lo que hasta que no llegó a la mesa no sabíamos qué íbamos a cenar. Luego estaba todo muy bueno y hasta Yvone, que lo de la comida asiática lo llevaba fatal, pudo cenar. Al día siguiente nos escapamos a nuestro aire y al volver por la noche nos encontramos con otro chino en el lugar de Raymond. Y buff, qué chino. No callaba y no nos dejó apenas meter baza. Decía que le habían enseñado algo de español y nos soltaba "qué pasa neeeeeng" y "de puta madre" y luego se reía como un loco. Nos ponía a Manu Chao al tiempo que nos pedía que le tradujésemos la letra de la Guantanamera. De verdad que merece la pena pasar la noche en ese hostel sólo por conocerlo.

Al día siguiente nos marchábamos de Melaka y cómo no, Raymond hizo un grupo para ir a la estación en el que íbamos dos hongkonesas, una china canadiense y nosotros. Cuando llegamos al hostel y el dueño nos organizó la vida nos dio un poco de agobio, pero luego lo agradecimos un montón. Los días en Melaka fueron muchísimo más divertidos no sólo para nosotros, estoy segura de que para el resto de la gente que conocimos también. El hostel es muy básico, pero está limpio, es céntrico y es muy barato, así que si nos lee alguien que vaya a Melaka, le recomendamos que vaya a dejarse organizar por Raymond.

Antes de Melaka, y para enlazar con el post anterior, volamos de Bali a Singapur, donde nos comimos las últimas tostadas con kaya y mantequilla en la panadería del que ya considerábamos nuestro barrio, nos despedimos de nuestros nuevos gatos, Romeo y Pepper, y visitamos el Safari Nocturno, donde vimos animales como el de la foto a 1 metro de distancia, sin cristal ni rejas por medio.

 flyingfox