martes 13 de mayo de 2008

Si Phan Don, las cuatromil islas del Mekong.

vientianeTras hacer escala en Vientiane, donde nos dio el tiempo justo de ver los templos que no habíamos visto cuando estuvimos por el Pi Mai, tomamos un bús nocturno que nos llevó al sur, a Pakse, en 11 horitas de viaje. El autobús tenía miga, porque en lugar de asientos tenía camas, y en lugar de ir dormidos fuimos criogenizados a doce grados centígrados. Suerte que las mantas eran gordas. Aparte del tema del frío el autobús estaba muy bien, y sólo nos sobró el amigo del conductor, que no callaba, y el que el colchón de Carol fuera a la vez la caja fuerte del vehículo. Cada vez que pasábamos un peaje (aquí las carreteras y los puentes se pagan) venía el copiloto a sacar los papeles y no precisamente con cuidado. Pero bueno, al igual que la sargento Ripley en el Nostromo, llegamos al destino casi sin enterarnos. En Pakse teníamos pensado descansar un día en caso de que el trayecto fuera muy pesado, pero como no fue así seguimos esa misma mañana para las 4.000 islas. Las 4.000 islas es la zona donde el Mekong se ensancha justo antes de llegar a Camboya, formando un casi-lago y dando lugar a infinidad de islitas, algunas de las cuales están habitadas. Nos habían contado que eran muy bonitas, y que además allí vivían los delfines de agua dulce Irrawaddy, que deben su nombre al ahora tristemente famoso río de Myanmar.

xieng-khuan-buddha-parkEn el autobús que nos llevó de Pakse a las islas, el primero auténticamente cómodo en el que hemos viajado por aquí, vivimos uno de los momentos más surrealistas del viaje cuando para amenizar el trayecto nos pusieron, a todo trapo, la película "El vuelo del Intruder". La peli, por si alguien ha tenido la suerte de no verla, explica como unos heroicos aviadores norteamericanos bombardean Hanoi y destruyen los mísiles y demás defensas antiaéreas, que al parecer es lo único que hay en la ciudad. Vietnamita no se ve ni uno (bueno, dos, pero de rasquis), así que las ametralladoras maléficas que disparan solas a los pobres soldados son algo así como Terminators comunistoides. La película por si sola ya es como para quedarse con la boca abierta, pero que nos la pongan los laosianos, todavía régimen comunista de los de la hoz y el martillo, tiene guasa, especialmente cuando por culpa de la guerra de marras, y sin comerlo ni beberlo, el país tuvo el dudoso honor de convertirse en el más bombardeado del mundo. Y para colmo sólo hace unos pocos años que los americanos los borraron de su lista del eje del mal y reestablecieron las relaciones. Por lo que nos dice la gente, aquí no se mira hacia atrás, y como ahora los EEUU aportan ayuda, pues borrón y cuenta nueva. Seguramente hacen bien, pero la verdad es que la película nos la podían haber ahorrado, que nosotros hubiéramos disfrutado más con los habituales vídeos de karaoke laosiano.

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Al poco de acabar la peli llegamos a destino. El autobús nos dejó al borde del río, en un pequeño embarcadero desde el que se accedía a Don Khong, la isla más grande y menos turística de la zona. Desde allí organizan excursiones en bote a las atracciones de las otras islas, así que pensamos en quedarnos un par de días para ver si valía la pena seguir bajando o no. Laos es relajada, muy relajada, pero lo de las islas ya es el colmo. En los guesthouses, que estaban semidesiertos porque la temporada de lluvias no es precisamente la más adecuada para visitar la zona, nos atendían en pijama, y a las horas del culebrón tailandés como mucho nos dedicaban una mirada desde el sofá, pero hasta que no acababa el capítulo allí no se movía ni el tato. Ni en mis tiempos del Spectrum había mirado yo una pantalla con tanta concentración como la que le dedican aquí a los culebrones tailandeses. No se si será porque llegaba a los restaurantes a las horas que no debía, pero en Don Khong es uno de los sitios del viaje (junto con Nong Khiaw) en donde peor he comido. O falta de ganas o falta de práctica, pero la verdad es que excepcionalmente mal. Por suerte, teníamos los desayunos de nuestro guesthouse (Souk Savay, que recomendamos), en los que nos ponían un excelente pan de barra recién hecho. Desde aquí damos las gracias al señor panadero de Don Khong por salvar a nuestras papilas gustativas de un suicidio seguro.

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Comida aparte, la isla era de lo más tranquila. En realidad lo único que hay para hacer allí es darse paseos en bici por la carretera desierta que atraviesa los campos de arroz y parar de vez en cuando en los chiringuitos de las aldeas a tomarse una naranjada. O intentar acercarse a los búfalos de agua que descansan en los charcos sin que se asusten. O ver un rato como faenan los pescadores en el río. O conectarte un rato a Internet mientras el dueño del cibercafe se pasea en calzoncillos por allí y el resto de la familia dormita a la luz de la tele. No es que nos aburriéramos, porque la verdad es que es lo mismo que estamos haciendo en el resto de Laos y nos lo estamos pasando pipa (es difícil de explicar, pero es así), pero el hecho de que la comida fuera tan mala nos decidió a mudarnos a las islas del sur en menos de dos días. Le compramos a la mujer del señor de los calzoncillos un billete en bote para Don Khone, que se supone que es la isla más tranquila y desde la que se pueden ver los delfines sin necesidad de excursión, y nos fuimos para allá al día siguiente.

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Pero la señora o no nos entendió o no nos explicamos bien, o simplemente estaba más atenta a las palabras del galán de turno que a las nuestras, y en el billete escribió Don Det en lugar de Don Khone. De eso nos dimos cuenta al día siguiente cuando nos hicieron bajar en la isla que no era, claro. Y como querían cobrarnos casi otro euro por llevarnos a la isla correcta decidimos quedarnos y probar. Además, las dos están comunicadas y se pueden recorrer en bici, por lo que tampoco del todo mala opción. Pero la verdad es que la acumulación de guiris ( de los que menos nos gustan ) y de guesthouses no tenía muy buena pinta. En el "embarcadero", por el que se paseaban un par de búfalos de agua, había montada una especie de playa con tumbonas y sombrillas sólo apta para los británicos más confusos. Los británicos no estaban aún, porque eran las once de la mañana y todavía no se habían acabado sus cervezas matutinas, así que seguían en el bar, pero seguro que no tardarían en llegar. Tras cinco minutos de deambular por la calle de los guiris una doceañera, como no, nos convenció de que nos quedáramos en su hotel. Suyo no sería, pero como era la que mejor ingles tenía de la familia, era la que hablaba con los turistas y la que se encargaba de casi todo. Nos pidió 20.000 kips por noche (1,5 euros al cambio), y aunque la habitación era de las más cutres que hemos visto en todo el viaje, nos quedamos, más que nada porque lo de dormir por menos de un euro cada uno aún no lo habíamos experimentado. Dejamos las cosas y nos fuimos a alquilar unas bicis para explorar la isla y para alejarnos en la medida de lo posible de la Disneylandia mochilera que se había montado allí.

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La isla es bonita, pero entre que el cielo estaba gris y el bochorno era asfixiante no acabamos de disfrutarla, o por lo menos no tanto como nos habían prometido. Cruzamos el puente que construyeron los franceses y llegamos a las cataratas, bastante espectaculares para ser Asia, y a una playa en la que se supone que te puedes bañar, pero con tanta corriente que si tienes mala suerte, como parece que la tuvo un chico español de nombre Xevi hace unos años, te ahogas. Evidentemente no nos metimos, y nos fuimos directamente a comer a uno de los chiringuitos de la zona. Por lo menos la comida era mejor que la de la isla norte. A la vuelta, totalmente amodorrados, paramos a echar una siesta en un bar de hamacas en el que sólo había tres niñas laosianas jugando a las cocinitas. Nos quedamos un rato en la hamaca esperando a que vinieran los padres, pero como allí no aparecía nadie y nos daba un poco de apuro echarnos una siesta sin consumir le preguntamos a la mayor, que tendría unos seis años, si podíamos tomarnos una pepsi y un agua. Nos las puso y nos las cobró, y cuando vinieron los siguientes clientes y también les atendió ya vimos que no estaba allí esperando a los padres, sino que éstos la habían dejado al cargo no sólo de los hermanos sino también del local. Alucinante. Una siesta y media después llegamos al guesthouse, y al poco empezó a llover, que para eso estamos en temporada de lluvias. Nos dio el tiempo justo de cenar y de "encerrarnos" (lo entrecomillo porque las ventanas consistían en un par de agujeros con barras, así que muy hermético no era el sitio) en la habitación antes de que empezase el diluvio universal, que duró casi toda la noche. Al día siguiente todo estaba tan sumamente embarrado y el tiempo era tan poco prometedor que decidimos volvernos para Pakse esa misma mañana, sin ni siquiera intentar ver los delfines. Al parecer en el Mekong camboyano también hay, así que igual si nos pilla mejor tiempo lo intentamos allí.

Pues eso es todo respecto a las 4.000 islas. El post ha salido un poco plomizo, pero es que lo de ver islas cuando el tiempo no acompaña es lo que tiene... ni fotos hemos podido sacar casi. En el próximo nos esmeraremos más, prometido.

lunes 12 de mayo de 2008

Terremoto en Wenchuan, China.

Siguen las desgracias en Asia, y parece ahora le toca a China. Nos dice Jose desde alli que a diferencia de lo que ocurre en Birmania, alli el gobierno informa de la situacion, y posiblemente tambien ofrezca ayuda rapida. A ver que pasa. Si quereis obtener informacion de origen podeis hacerlo aqui.

viernes 9 de mayo de 2008

Nuestro granito de arena

Estamos leyendo cada día en las noticias cómo va aumentando el número de víctimas mortales y desaparecidos en Myanmar. Después de vivir la hospitalidad de los países del sureste asiático nos resulta imposible no intentar ayudar de alguna manera. Aunque estemos más cerca, tampoco sabemos formas distintas a las que se pueden realizar desde España, así que nos apuntamos a las siguientes, y os pedimos que en lo que cada uno pueda también pongáis vuestro granito de arena.

Datos recogidos del blog de Pako:
"En las mías, en estos momentos, solo cabe la posibilidad de ayudar mediante algún tipo de asociación u organización no gubernamental, y así lo he hecho:
Datos de la catástrofe por Cruz Roja Española.
"
Para hacer una donación online a través de la web de Cruz Roja en 2 minutos con tu tarjeta de crédito utiliza este link:

Añadimos algunas cuentas a través de la que la Cruz Roja está recogiendo las donaciones:

BANCAJA 2077-0014-36-6600002608
LACAIXA 2100 - 0600 - 85 - 0201960066
CAJAMADRID 2038 - 1500 - 71 - 6000002275
BBVA 0182 - 5906 - 86 - 0010022227
SANTANDER CENTRAL HISPANO 0049 - 0001 - 53 - 2110022225



Cohetes y lluvia en Muang Sing. Las fiestas de Boun Bang Fai.

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Aún no nos habíamos secado toda la ropa que nos mojaron en el Pi Mai y ya nos metemos en otro festival. En este caso es el Boun Bang Fai, la fiesta de los cohetes, que se celebra en muchas regiones de Laos pero que es especialmente gorda en Muang Sing, en el extremo noroeste. Y fíjate tú que casualidad que nos enteramos justo tres días antes y en Luang NamTha, a escasos cincuenta kilómetros... Total, que decidimos alargar la estancia en el norte para no perdérnosla, porque si hay una forma interesante de conocer un país (y divertida, por que no decirlo) es a través de sus fiestas. Especialmente en Laos, donde la gente es muy tímida y discreta y sólo el Lao-Lao o la Beerlao son capaces de desinhibirlos un poco. Así que nos despedimos de nuestro hostelero Mr Zankiuverimas, del restaurante Panda donde desayunábamos todas las mañanas, de la chica del cibercafé, que nos daba el cambio con tanta amabilidad que daban ganas de volverle a pagar, y del resto de comodidades de Luang Nam Tha para irnos un par de días a la remota Muang Sing, donde no hay casi asfalto, no hay internet y donde, según la Lonely Planet "los guesthouses son bastante maluchos", que para la L.P. es mucho decir.

Tras dos horitas compartiendo asiento, gafas y auriculares con un señor laosiano que consiguió sentarse en algo que probablemente era un reposavasos, nuestra minivan llegó a Muang Sing. El señor, al que según parece le iban mejor mis gafas que las de Carol y al que le gustó mucho Amy Winehouse, se bajó un poco antes al grito de "Sa Sa!!!" (So So?), por lo que los últimos diez minutos fueron hasta cómodos. En la calle mayor de Muang Sing, la única del pueblo que no es de tierra, vimos unos cuantos guesthouses, y nos metimos en el primero aleatoriamente. Se llamaba "MuangSing Guesthouse", y aunque no era precisamente lujoso tenía mosquiteras, ventilador, y lavabo privado, y pagamos sin discutir los 3 euros que nos pedían por la habitación. La verdad es que por estos lares no te puedes fiar mucho de la pinta de los hoteles, y hasta que no es de noche no sabes si vas a compartir la habitación con fauna o vas a poder dormir tranquilo, por lo que la mosquitera es casi el elemento más importante. En este caso acertamos. Con lo de las mosquiteras, claro, porque en cuanto cayó el sol los bichos, especialmente los saltamontes y los escarabajos, se apoderaron del hotel. Pese a que sellamos la habitación con celo y una bolsa de plástico a la mañana siguiente todavía encontramos dos o tres pares de coleópteros en las paredes, mochilas y zapatillas.

El primer día en Muang Sing intentamos alquilar unas bicis para dar una vuelta por los poblados que rodean el pueblo, pero fue imposible. En todo el pueblo sólo encontramos una tienda donde las alquilaran, justo al lado de la oficina de turismo, y según nos dijo el encargado, al que interrumpimos el vermut, ninguna funcionaba muy bien. Luego nos encontramos con Serge, con el que habíamos coincidido en Luang Nam Tha y que también se quedó más tiempo por el norte para ir al festival, y nos dijo que a él le había pasado lo mismo, y que se había decidido a ir andando los 10 km y pico que separan el pueblo de la frontera china o los poblados Yao y Akha. Nosotros pensamos que casi mejor contratar un tour, que había que reservar fuerzas para el festival, así que nos fuimos a la oficina de turismo y contratamos el más descansado que vimos, que te llevaba en tuktuk a unos diez poblados de alrededor. Ya nos avisaron en la oficina que probablemente nos tocaría ir solos y que la excursión sería más cara, y efectivamente así fue. Carol ya ha contado en otro post cosas de la excursión, así que me la salto.

Uno de los alicientes que tenía el festival es que unos días antes nos habíamos picado con Pako (nacido en Hortaleza, Madrid, pero con el pelo rasta típico de Cardenete, Cuenca) a ver quien sacaba las mejores fotos. Pako tiene carisma, tiene talento, es un gran profesional y un artistazo como la copa de un pino, que diría Jose Luis Moreno. Nos ha explicado mil aventuras de su viaje (volvemos a recomendar su blog, con el que coincidimos en muchos puntos de vista) y del mundillo fotográfico, a cual más divertida e interesante. Cuando lo conocimos ya había pasado por Birmania y venía encantado, así que si queréis haceros una idea de como estaba la cosa cuatro días antes del tifón, pasaros por su blog. A nosotros nos convenció de incluirla en la ruta tras sólo diez minutos de charleta, aunque tal y como están las cosas igual ya no podemos. Pero Pako tiene un problema, y es que es el auténtico rey de los Farangs del norte de Laos. Estos días no dejábamos de oir "Where is Pako?", "Have you seen Pako?" y similares por las calles de Luang Nam Tha y Muang Sing, y es que el tío se ha metido a toda la gente en el bolsillo (nosotros incluidos), y ahora tiene que pagarlo con una sobredosis de vida social que no le deja tiempo para poner el blog al día. Que les das, Pako? Y no nos digas que es la colonia...

boun-bang-fai2No sabemos quien ganará el combate, pero la verdad es que el día del festival fue una gozada y las fotos salían solas. Aunque el festival de Boun Bang Fai es un rito prebudista que se celebra justamente antes de la temporada de lluvias (su misión es justamente esa, invocar a las lluvias), este año se ha programado algo más tarde de lo debido, y las nubes y tormentas se le han adelantado. En esta época te puedes encontrar con tormentas, días nublados, o cielos de azul intenso con nubes algodonosas. El día del festival tuvimos las tres situaciones a la vez. Amanecimos nublados y con lluvia, pero a mediodía, cuando empezó la acción, el cielo estaba perfecto. Por la tarde volvieron las nubes, y acabó diluviando cuando ya se iba el sol, por suerte cuando las fotos ya estaban hechas. Así que perfecto para nosotros y también para los Laosianos, que con el aguacero debieron llegar a casa, si es que se llegaron a ir, un poco más despejados.

La fiesta se desarrolló en los campos de arroz del pueblo, donde a primera hora de la mañana ya andaban montando todos los chiringuitos, la orquesta, y donde poco a poco iban llegando las peñas con los cohetes, en plan procesión. A partir de la una o las dos de la tarde, cuando aquello ya estaba abarrotado de gente, empezaron los bailes y los lanzamientos de cohetes caseros. Los días de antes habíamos ido viendo como los fabricaban a base de cañas de bambú, pero hasta el día del festival no vimos lo enormes que eran algunos. Al principio los subían a la plataforma con mucho cuidado, y el encargado avisaba "que enciendo" y no quedaba nadie en veinte metros a la redonda. A media tarde las cosas habían cambiado, y cuando el hombre avisaba era para que no le diera a nadie el casco de la beerlao que se le había caído de la plataforma, que estaba más abarrotada que la pista de baile. Algunos cohetes llegaban bien lejos, pero otros fallaban o explotaban a escasos metros, y en esos casos el jefe de la peña responsable corría el riesgo de ir a parar al río. Mientras, las peñas comían, bebían y bailaban en los distintos tenderetes.

Laos2 A mi me reclutó la pandilla de la oficina de turismo, donde nuestro guía parecía bastante más despierto que el día anterior. También estaban por allí la mayoría de occidentales, Pako incluido, y el de la tienda de bicis, que ya vimos que era muy amigo de los de la oficina de turismo (y posiblemente no te deja la bici buena hasta que has pagado una excursión) . A Carol la secuestró una de las muchas pandillas de chinos que bajan para las fiestas, que la atiborraron a pinchos de nosequé y a lao-lao. Yo no la encontré hasta bastante rato después, para desgracia de los solteros que se la disputaban., porque los de la oficina de turismo nos habían programado a Pako y a mi un baile con la peña de las solteras ("de las solteras con solera y algunas con motivo", añado). Así que allí nos tienes en parejas, en fila india por medio de la plaza haciendo el paripé. A Pako se le daba bastante bien, que conste. Yo no le acabé de pillar el truco, y me perdí del todo cuando me chivó "esto es como las sevillanas", pero como mi recién adquirida novia laosiana me hacía que "ok ok", aguanté hasta el final de la canción. Luego nos volvimos a dispersar para tirar más fotos, y para dispersar la vergüenza también.

Laos

Los cohetes seguían, y cada vez que tiraban uno paseaban al jefe de la peña en un trono móvil, mientras unos le jaleaban y otros amenazaban con tirarle al río si el cohete fallaba. La verdad es que no vimos a nadie caer al río de forma involuntaria, y eso que teníamos la cámara preparada. Varios cohetes después me volví a encontrar a Carol , que había vuelto a caer en las redes de otros chinos, y a Pako, que andaba subido al trono con una caja de beerlaos a cuestas. Resulta que los farang reclutados por la oficina de turismo se habían unido para patrocinar uno de los cohetes, lo que era tan fácil como comprar dos cajas de cervezas, y lo habían nombrado representante. A esas horas ya llovía algo, así que nos fuimos a refugiar a los tenderetes. Yo me fui donde los chinos a ver si viendo que Carol y yo éramos pareja la dejaban irse, pero costó lo suyo. Me despistaron con una caña rellena de tamarindo pegajoso que me tuvo entretenido un rato, lo que aprovecharon para enseñarle de nuevo todos los pasaportes. Al final se pudo escapar, pero pagando prenda de foto y pellizcos varios. Volvimos al tenderete de la oficina de turismo y allí nos quedamos un rato, porque ya diluviaba. A esas horas algunos farangs ya andaban que se caían de la silla, y los guías andaban a lo suyo, abrazando todo lo que pillaban. A un pobre japonés que había a nuestro lado le tocó un abrazo de más de cinco minutos, que no sabemos como acabó porque tanto abrazado como abrazador desaparecieron misteriosamente. Por cierto, en Laos las demostraciones de afecto, desde darse besos hasta andar agarrados de la mano, se consideran de muy mal gusto, aunque en las fiestas parece que se olvidan algo. Como además de la lluvia se estaba haciendo de noche y estábamos en un campo de arroz a las afueras del pueblo, empezamos a desfilar. Para cenar nos juntamos con el resto de farangs y comentamos la jugada con Pako. De nuevo, más de la mitad de los que andábamos por allí éramos españoles (bueno, unos decían que eran vascos, nosotros ahí no nos metemos), precisamente los que aún estábamos despiertos. Los que no, no sabemos de donde eran porque no eran capaces de vocalizar, pero nos tememos que anglosajones. Nos despedimos de la gente y nos fuimos a acostar.

Al día siguiente nos levantamos pronto, como siempre aquí, y nos fuimos para la estación de autobuses, donde el nuestro salía a las ocho para Luang Nam Tha. Llegamos a las siete menos veinte con la intención de pasarnos a tirar unas fotos por el mercado matutino, a donde baja un montón de gente de los poblados étnicos a vender y comprar, pero nuestro autobús ya estaba medio lleno y yo me quedé guardando sitio. Carol se fue a tirar unas fotos (quedaba una hora y pico para que saliera el bus), y yo me empecé a poner nervioso cuando vi que ya no cabía nadie más y que empezaban a pedir billetes. Les dije que la iba a buscar, pero me dijeron "tranquilo, que no salimos aún", así que me quedé. Cinco minutos después, a las 7:10 de la mañana, volvía Carol, y otros 5 más tarde estábamos saliendo. Casi unna hora antes de lo previsto. Llegamos sin novedad, y pasamos el resto del día haciendo el vago e intentando quitarnos el hollín, la roña y el barro cogidos en el campo de arroz. Al día siguiente nos fuimos hacia el aeropuerto de Luang Nam Tha, recién construido y claramente inspirado en el aeropuerto de los clics de Famóbil. Allí pasamos por varios controles de seguridad mientras los locales se paseaban libremente por la pista de aterrizaje y entraban y salían a despedirse de sus familiares (no vimos ninguna gallina, que conste), hasta que nos sentamos en la sala de espera junto con otros veinte o treinta pasajeros. De vez en cuando una chica del aeropuerto se levantaba de su silla, se pasaba por delante de los veinte viajeros, y se metía, cinco metros más allá, en una habitacioncilla desde la que lanzaba mensajes de aviso por megafonía. Como nadie la entendía, ni en laosiano ni en inglés, cuando volvía para su sitio algunos le preguntaban "que has dicho?" y ella les contestaba, probablemente, que ya faltaba menos para el vuelo. Porque en todo el día sólo salía nuestro avión, pero por los mensajes parecía que estuviéramos en Heathrow

Ahora ya estamos en Vientiane, haciendo los trámites para prorrogar el visado, y pegándonos lujos como croissants de mantequilla. ¡Incluso hemos encontrado una esponja de las que rasca! Mañana nos vamos en autocar cama para Pakse, y desde allí visitaremos las 4.000 islas ( bueno, todas todas no, alguna ) e intentaremos ver a los delfines del Mekong. Sí, sí, que se ve que en el Mekong hay delfines... Ya os contaremos...


viernes 2 de mayo de 2008

Luang Nam Tha o la tierra del pollo alienígena

Estamos en Muang Sing, a 58 kms y 2 horas de viaje de Luang Nam Tha, el pueblo desde donde escribimos el último post. Hemos venido porque aquí mañana se celebra el Boun Bang Fai, o Festival de Cohetes, que dicen que es la fiesta más grande de toda la región. Saldremos con las cámaras a ver si podemos hacer algunas fotos.

color Muang Sing está rodeado de aldeas de etnias diferentes: Hmong, Yao, TaiDam, TaiLue, Akha, Lolo y probablemente alguna más que se me olvide. Cada una tiene una lengua, un estilo de vida y una procedencia diferente, aunque la mayoría vinieron de China. Hoy hemos aprovechado que estábamos aquí para contratar un guía y un tuktukero y hacer una ruta por un poblado de cada tipo. Nuestro guía, de nombre Tin( o "Alegría", como nos ha traducido) era un ejemplo perfecto del estilo de vida laosiano. Ha aparecido con cara de resaca y una sonrisa de oreja a oreja explicando que estaba cansado porque el día anterior había estado de fiesta hasta las tantas (el Boun Bang Fai es el sábado, pero los laosianos ya lo están celebrando). A media excursión se nos ha perdido en una estupa en la montaña y hemos tenido que bajar sin él a preguntarle al tuktukero, que tampoco lo había visto porque estaba durmiendo en una hamaca. Al final ha aparecido tumbado en una sombra dándole a la húmeda con uno del pueblo. Y ahí aún estaba animado, pero ha sido comer en casa del tuktukero y ha ido cuesta abajo. Hacíamos apuestas para ver cuando se nos dormiría en el tuktuk. Subía el tío las pendientes como alma en pena y en cuanto ha visto un grifo ha metido la cabeza debajo a ver si se despejaba. Eso sí, sin dejar de sonreir. Lo cierto es que si nos hubiera tocado un guía así en cualquier otro sitio nos habríamos mosqueado pero aquí nos resulta imposible. Los laosianos, en general, tienen una forma bastante relajada de hacer las cosas pero son tan simpáticos y hospitalarios que es difícil enfadarse.

En el caso de los tuktukeros es muy parecido. Tú acuerdas el precio, te subes al tuktuk, y lo que habría de ser un camino directo se convierte en una ruta por la casa del tuktukero para recoger nosequé, por la estación que pille de paso para ver si coge más clientes, por el mecánico a comprar repuestos y luego ya por tu destino. Como normalmente no llevas prisa es muy divertido.

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Una de las cosas que nos sorprenden de los locales es su timidez para las fotos. Cuando pasas por los pueblos con la bici o andando la inmensa mayoría te saluda pero muy pocos acceden a posar delante de la cámara. Hoy hemos estado cerca de encontrar una explicación cuando las mujeres de un poblado Yao se han excusado diciendo que si les hacíamos fotos y la gente podía verlas sin ir a su poblado no vendrían a visitarlas (la segunda parte, no dicha, es que si no iban no podrían venderles la pila de bolsos, colgantes, monederos y demás que te ponen encima nada más verte). De todas formas este razonamiento no creemos que sea el más común y yo creo que normalmente es pura timidez. Los que muchas veces posan sin complejos son los niños y yo he acabado teniendo tarjetas de memoria llenas de fotos de niños pero apenas adultos. Tampoco ayuda mucho el hecho de que durante el día los mayores están trabajando en el campo y cuando entras a las aldeas sólo te encuentras a los niños y a los muy mayores. Hasta que no baja el sol no vuelven los adultos que, como es comprensible, se meten directamente a bañarse y cambiarse de ropa, y para cuando salen te has quedado sin luz.

akha Un buen sitio para hacer fotos es el mercado de Muang Sing. Las mujeres de las tribus bajan a vender sus productos y hay tanto ajetreo que no te prestan demasiada atención. Hasta consigues que algunas posen. Allí le hice el otro día una foto posada a una abuelilla que vendía en un puesto y cuando se la enseñé en el visor diciéndole "ngam lai" (muy guapa) le dio la risa floja de la verguenza y acto seguido me arreó un sopapo de "ay, qué maja!" de esos que sólo te dan tus familiares lejanos en las fiestas del pueblo. Claro que aquí las abuelas tienen el triple de energía que las españolas y la del otro día, que se empleó a fondo, me hizo polvo el carrillo.

De lo que también tengo un montón de imágenes es de cerdos, pollos, vacas y búfalos. Los laosianos deben pensar que somos medio tontos cuando nos ven hacerles reportajes enteros a sus gallinas. Pero yo no puedo evitarlo, porque sólo con las gallinas laosianas ya se podría escribir un libro. Las hay de muchos tipos y cada uno más extraño que el anterior. Las más comunes son las que no tienen pechuga, por lo que en las cartas de los restaurantes cuando hay pollo siempre es muslo. También hay otras que son medio gallina medio pavo, o a lo mejor son pavos medio gallinas. El resto sólo puedo describirlas como alienígenas. Nosotros las señalamos y a veces hasta las perseguimos cámara en mano mientras oímos las carcajadas de los locales a nuestra espalda.

gallina

Con otros bichos más desagradables que las gallinas también hemos tenido nuestros encuentros estos días. En Luang Nam Tha funciona el toque de queda y a las 11 y media todo el mundo ha de estar recogido. En los hoteles te piden que estés una hora antes, pero una noche se nos pasó y volvimos pasadas las once. Como en Laos la hora oficial de levantarse son las 6 de la mañana (y no intentes dormir más porque es imposible) volvíamos al hotel con ganas de plegar la oreja. Al entrar vimos un par de saltamontes pero como las paredes eran de bambú y con bastantes rendijas no nos extrañamos de que se hubiera colado algún bicho. Cuando estaba doblando la ropa para meterme a la cama vi una antena y pensé "esta la de la tele no es". Más que nada porque tele no teníamos. Cogí el spray antimosquitos, que es lo único que había a mano y solté un chorro en esa dirección. Acto seguido antena, dueño de la antena y primo del dueño de la antena hicieron presencia de cuerpo entero en la pared y resultaron ser dos cucarachas gordas como puños. Las cucarachas cuando aparecen por el suelo dan mucho asco, pero encima si están en la pared uno no puede evitar imaginarse que le van a caer en la cabeza y es mucho peor. Intenté arrinconarlas con el spray para que se fueran hacia la puerta pero echaban a volar y se me iban a otra pared fuera de mi alcance. Alberto desde la cama se negaba a matarlas y los dos nos negábamos a pegar ojo si seguían rondando por allí. Al final una cometió el error de ponerse a un metro de la Lonely Planet sin saber que a mí, cuando quiero dormirme y no puedo se me pone una mala leche de cuidado. Agarré la guía, ignoré el grito de Alberto de "Noooo, con la Lonely Planet nooooo" y le pegué el último librazo de su vida. Como ya estaba envalentonada en dos minutos me había cargado a la segunda. Al volver de echar los dos cadáveres al pasillo me fijé en que las paredes de la habitación estaban llenas de rendijas por entre las que se oía "ris ras ris ras", así que al día siguiente ya estábamos durmiendo en otro sitio.

hmong-girl Hablando de Lonely Planet, hoy nos han contado una cosa curiosa. Sobre Muang Sing la guía da a entender que hubo una sobreexplotación del negocio de los treks por parte de los locales y que a consecuencia de esto se abrió una oficina central que es la única autorizada actualmente a hacer estas excursiones y la zona, que es parque natural, sólo la puedes visitar acompañado de un guía. Hoy la versión que nos ha dado el guía es completamente diferente. Nos ha contado que la oficina se abrió porque hace unos años murieron 4 turistas. Resulta que muchos "farang" venían a la zona y se iban a pasar unos días a las tribus, donde se ponían hasta las cejas de opio. Los cuatro que murieron fue por sobredosis. Desde entonces se prohibió hacer trek por cuenta propia a las montañas y se creó el servicio oficial de guías. En las oficinas de turismo de Luang Nam Tha y Muang Sing además hay unos carteles bien grandes avisando de que está prohibido el consumo de drogas en los treks. Pues eso, dos versiones bastante diferentes.

Como el tema pollos y cucarachas es de poca ayuda para alguien que esté leyendo este post y vaya a venir a Luang Nam Tha, voy a ver si me sale algo práctico. Mi recomendación es alquilarse unas bicis, por menos de 1 euro al día, y visitar las aldeas de alrededor. En la tienda de alquiler de bicis te proporcionan un mapa que ni es a escala ni en algunas zonas se parece a la realidad pero que es suficiente para llegar a los sitios. Si quieres tener un detalle con las aldeas que visites y vas por la mañana, llévate cuadernos y bolis y los dejas en el colegio. También recomendable el Panda Restaurant, donde nos han servido los mejores desayunos de todo Laos y el guesthouse Adounsiri, que tiene unas habitaciones estupendas por 40.000 lak (unos 3 euros).

luang-nam-tha

Por cierto, mi plan de no darle dinero a Alberto para que no se deje timar ha fracasado completamente. En Muang Sing hay unas niñas guapísimas que venden bufandas y bolsos y te acosan a la que sales del guesthouse. El día que llegamos me alegré de llevar yo todo el dinero, pero me duró poco porque enseguida descubrí que Alberto, al ir sin blanca, en vez de comprar se dedicaba a regalar a las niñas los baturricos y pulseras que le habían encasquetado los de la banda de Luang Prabang. Es que con este chico no hay forma.

Tifón en Myanmar

Sólo por si alguien ha leído esto o esto , o lo que esté por llegar, y está preocupado... En el norte de Laos, aunque está tocando con Birmania, sólo ha llegado lluvia, así que todo está tranquilo. La verdad es que conociendo el tipo de viviendas que utilizan en esta zona del mundo, hechas a base de madera o bambú, y la forma de vida tan ligada a los ríos, da pavor imaginar lo que estarán viviendo en Myanmar en estos momentos. Si no tenían bastante con la dictadura, ahora encima esto... pobre gente. Estos días atrás comentábamos con otros viajeros la importancia que tiene para toda el área del sudeste asiático el aumento del precio de los alimentos básicos, que para los turistas es casi superfluo pero para muchísimos locales es casi todo su sueldo, y ahora habrá que ver que pasa si se han perdido las cosechas de Birmania. En el norte de Laos no estaban en temporada de arroz, pero no sabemos como estaba la cosa en Birmania... Aquí tampoco somos capaces de obtener mucha más información.
Bueno, a ver si en el día que nos queda en Vientiane nos da tiempo de poner el blog al día.

jueves 1 de mayo de 2008

Qué buenos son los padres Laosianos... qué buenos son, que nos llevan de excursión! (A las aldeas de Luang Nam Tha)

Cuando no subimos posts al blog normalmente no es porque no tengamos nada que contar, sino más bien por lo contrario. Ultimamente llevamos un poco de retraso, pero es que tampoco tenemos tiempo para más. Ahora encima nos ha salido vida social y en lugar de descansar en el hotel nos vamos de comida o de cena o a la selva con los amiguitos que hemos echado por aquí, así que, aunque sea para bien, el blog no hay quien lo mantenga al día. Lo que más rabia nos da es no poder contestar rápidamente los comentarios de lo lectores, pero que sepais que nos hace mucha ilusión leerlos. Un día de estos nos ponemos al día .

En Luang Nam Tha en lo que nos hemos puesto al día principalmente es en reconciliarnos con el ecosistema mochilero. En nuestra cartilla de notas hemos pasado de "Juega sólo en el patio y le cuesta relacionarse" a "Disfruta de sus compañeros de clase". Y todo gracias a los padres Laosianos, que nos cuidan de maravilla. Quizás sea que aquí en el norte de Laos no hay bares ni vida nocturna y eso hace de filtro en el tipo de viajeros que llegan, pero la verdad es que hemos notado un cambio bastante agradable. O quizás sea simplemente que hemos dado con la gente adecuada y ya está... La cuestión es que últimamente nos lo hemos pasado pipa con los compañeros de viaje y hemos pasado más tiempo hablando con otras personas que en el resto de viaje junto. Por otra parte, como esto es tan pequeño y hay tan pocos turistas nos vamos reencontrando repetidamente con varios de ellos. El primero al que conocimos fue Serge, un francés de cuarenta y pico años al que conocimos en el microbús de Nong Khiew a Udom Xai y al que luego reencontramos dándose de alta en el mismo trekking que nosotros. En realidad éramos los únicos turistas que habían pasado por la oficina de la agencia ese día, y eso que ya eran las 3 y pico de la tarde. Tampoco es raro, porque la abren sólo a ratos. A nosotros nos costó todo un día de idas y venidas  verla abierta, pero el lince del guesthouse, que se suponía que nos contrataba la excursión a cambio de su comisión, ni siquiera fue capaz de que le cogieran el teléfono. Mejor, porque era totalmente imposible entenderse con él y seguro que hubiéramos acabado en China con un viaje del Imserso.

En la oficina de la empresa Nam Ha Ecoturism, cuando por fin la encontramos abierta, nos apuntamos en una pizarrita y nos dijeron que volviéramos a eso de las ocho para ver si nos teníamos que ir solos con el guía (y pagar algo así como el doble) o si se apuntaba más gente. En Laos todo es muy incierto y confuso, pero casi siempre acaba saliendo bien. Diez minutos más tarde se apuntaba Serge, y luego en el ciber nos contaba que a él le habían dicho que a las 7 de la tarde se hacía un mini briefing de como iba a ser la excursión, qué necesitábamos llevar, etc, etc.. Suerte que nos lo dijo él, porque si no nos lo perdemos. Al llegar vimos que había en total seis personas apuntadas, con lo que el precio pasaba a ser algo más asumible, algo menos de 20€ por persona y día todo incluido. Esa tarde, además de a Serge, conocimos a Silke, una chica alemana con pinta de mediofondista (que lo era) y a Yure, vascanaria, camionera, okupa y doctorada en Spanglish por la Universidad de Carrara (Italia) que estaba harta de que la confundieran con una israelí por culpa de los churros del pelo. Faltaba un chico mejicano que se había apuntado pero al que posiblemente nadie había avisado de que había una reunión previa. Carol y yo, igual que Serge, llevábamos una buena lista de preguntas para hacer, porque un treking de dos días por las selvas y poblados tribales de Laos parecía requerir algo de preparación. Cuando vimos que sólo nos iban a decir el precio y la hora a la que teníamos que aparecer al día siguiente el francés atacó con un "Bueno, pero que tenemos que traer?", a lo que el organizador respondió con un "Urmmm, nada...." que nos dejó algo preocupados. "Pero hace frío allí arriba?" "Urmm no, como aquí más o menos". "Y si llueve?" . "Urmmm pues igual mejor llevar un impermeable..." "Y hay sanguijuelas?" "Sí sí que hay, pero no es problema". "Como que no es problema?" "Nooo, si se te suben te las quitas y ya está, no son venenosas."(incluida sonrisa laosiana) "Y tigres hay?" "Urmmm... Sí, al parecer hay tres o cuatro por las montañas, pero no os preocupéis que no se ven." (sin sonrisa). Todo muy tranquilizador. Total, que como la comida y la bebida te la daban sólo había que llevarse la ropa del día, la cámara de fotos,  repelente de mosquitos, y poco más. Ni siquiera hacía falta el saco de dormir. Como no tuvimos que comprar nada ni preparar zumo de gumibaya como el día previo al Tongariro pudimos dedicar el resto de la tarde a explicar a Mr Thankiuverymas que nos íbamos dos días de treking y que si nos podía guardar las mochilas gordas en el hotel, al que volvíamos en dos días. "No os preocupéis que yo os lo organizo todo" fue la frase con la que despedimos el día, acompañada de un repeinado de flequillo de lo más convincente.

luang-nam-tha9El día siguiente lo iniciamos con un inquietante "Cuando habéis dicho que volvéis?", pero la suerte ya estaba echada. Desayunamos, nos fuimos para las oficinas de la agencia y allí nos reencontramos con "la pandi", a la que se había añadido en el último momento Josué, un chaval medio mejicano medio japonés tan estiloso que no se quitó ni el gorro ni la bufanda en dos días de jungla. Total, que aquello parecía "Gran Hermano Laos". Pero en lugar de pelearnos, nos llevamos genial a la primera. Que cosas, igual fueron las sanguijuelas las que nos unieron. Porque sanguijuelas las había a cientos, esperando una víctima a la que agarrarse. Carol había leído bastante sobre los bichejos en los libros de Borneo, así que estábamos preparados. Por lo que había leído, y en la excursión descubrimos que era totalmente cierto, las sanguijuelas, pese a parecer gusanos tontos, son capaces de olfatear a sus presas, dirigirse hacia ellas e incluso saltar para pegarse a los zapatos. Las más listas hasta se suben a las plantas y esperan a que un brazo o un cuello pase cerca para tirarse en plancha. Luego no hay calcetín o repelente de insectos que la detenga, se te pegan sin que lo notes y te succionan. Según los libros de Carol, la mejor táctica para deshacerse de ellas es dejarte las pantorrillas al aire para que al menos se te enganchen en una zona visible y te las puedas arrancar rápidamente. Total, que nosotros íbamos con zapatillas bajas, pantalones por las rodillas y patas al aire y el resto con botas de trekking, calcetines altos y pantalón por dentro, a la tirolesa. Que bonito es el amor.

A los cinco minutos de andar ya nos habíamos quitado todos alguna sanguijuela de encima, incluido Ton, el guía. Alguna hincó carne, pero Carol y yo nos libramos. En realidad tuvimos más suerte que los demás, pero más que por la teoría del muslamen al aire, donde no llegó ninguna,  yo creo que fue porque nuestras zapatillas eran más resbaladizas que las de los demás y les costaba más esfuerzo subir. Pero aún así en cinco horas de trek nos quitamos de encima como 30 o 40 cada uno. El momento crítico fue cuando tuvimos que pasar agachados por debajo de una rama baja y vimos un par a escasos centímetros de la cara, alargándose hacia arriba a ver si pillaban algo. Ni siquiera podíamos descansar tranquilos, porque en cuanto parábamos las veíamos acercarse arrastrándose... Que bichos más desagradables...

 luang-nam-tha6Nada más llegar al poblado en el que íbamos a pasar la noche (que sólo pueden describir las fotos) nos tiramos de cabeza a la "ducha", en dura competición con las abuelas del pueblo. Luego echamos un par de partidillas de petanca, dimos una mini vuelta por el pueblo (interrumpida por la lluvia) y nos fuimos a cenar. La población era de etnia Khmu, y teniendo en cuenta la cantidad de pollos, cerdos, patos y perros que correteaban libremente por debajo de las casas se diría que hambre no pasaban. Eso sí, tenían un alarmante déficit de gomas de pantalón. Los chavalillos del pueblo no tenían más remedio que sujetárselos con una mano mientras corrían, y teniendo en cuenta que necesitaban de la otra para que no se les cayera de la chepa el hermanito pequeño que casi siempre acarreaban, andaban algo estresados. Con la lluvia pudimos interactuar poco con ellos, pero los volvimos a ver junto a los mayores, que habían vuelto de trabajar en el campo, poco antes de que se pusiera el sol. Cuando llegamos al poblado tanto unos como otros llevaban kilos de roña encima, pero a última hora, por arte de magia, aparecieron todos relucientes, repeinados y algunos hasta con pantalones de pinzas y camisa, fumando pitillos con los amigos en la "plaza" del pueblo. En las cosas básicas, casi todos somos iguales.

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Una de las cosas buenas de los trekkings en el norte de Laos es que te explican detalladamente a donde va a parar el dinero que aportas: una parte para la empresa, una parte para el guía, una parte para la chica que acompaña al guía con la comida, otra para el chico que nos acompaña de pueblo a pueblo, otra para la familia que prepara la cena, etc.. En todos los casos el puesto es rotativo, así que todas las familias de los poblados acaban beneficiadas a lo largo del año. Lo tienen muy bien montado. Esperemos que puedan mantenerlo de esta forma y no acaben como en Chiang Mai, donde las excursiones a los poblados suelen ser sólo visitas a la tienda del poblado. Aquí no. Para cenar nos metimos en una de las casas cercanas, donde una señora nos preparó una cena similar a las toman allí cada noche: arroz glutinoso acompañado de distintos bols con verduras cocidas, huevos revueltos con setas, algo de carne, etc... Por lo que dijeron los compañeros la comida, aunque sencilla, no estaba mala, pero yo me conformé con el arroz. A la cena se apuntó la hija de la cocinera,  que a última hora sacó una botellita de licor de arroz casero (luego dijo que cada vez que venían turistas se ponía guapa para ver si le salía marido) y empezaron las canciones populares. Los chistes ya los había contado el guía Ton a mediodía, con un gracejo que ni Esteso en sus mejores momentos. El humor laosiano es difícil de describir, así que os pongo unas cuantas gracias para que os hagais una idea:

"Cual es la tortuga que puede nadar de norte a sur? La tortuga de la pasión, porque nos lleva a donde quiere."

"Cual es el animal con el pie más grande?" La montaña."

"Un mosquito y una luciérnaga chocan de frente cruzando el Mekong en plena noche. Cual de ellos tiene la culpa? La luciérnaga, porque el mosquito había pitado y la luciérnaga sólo llevaba puesta la luz trasera."

Lo mejor de todo es que nuestro silencio después de cada chiste no le impedía seguir contándolos, que tío. Aunque los chistes no son lo suyo, como guía es muy bueno, muy agradable y serio a la vez. Por lo que nos contó quería montar una empresa propia cerca de Luang Prabang. Cuando nos dé los datos la recomendaremos aquí, porque daba muy buena sensación.

luang-nam-tha7Total, que después de un ratito de hacer el tonto nos fuimos a dormir. El "hotel" del pueblo era una casa Khmu  como cualquier otra, aunque un poco más grande, donde nos esperaban varios colchones y mosquiteras. Carol y yo tuvimos de nuevo suerte y nos tocó  colcha con ositos. Yure y Silke tuvieron mala suerte y les tocó araña gigante y cucaracha incorporadas dentro de la mosquitera. Algunos gritos y escobazos después nos quedamos todos dormidos. A la mañana siguiente yo me fui a tirar unas fotillos por el pueblo. En Laos son muy muy tímidos y la mayoría de las veces no quieren que les tires fotos, pero esa mañana estuvo bien, porque sólo andaban por el pueblo abuelitas cuidando de nietos, y estaban encantadas de que les tiraras fotos y luego se las enviaras. Alguna salió chula. Luego fuimos todos a visitar la escuela del poblado. Al volver para el "hotel" Carol me dijo que le estaban dando unos retortijones de los que te dejan encogido, y el desayuno fue un poco dramático. Nos quedaban por delante siete horas de caminata "moderada" (luego pudimos calificarla como la más dura que hemos hecho en nuestra corta carrera trekkera), así que nos temimos lo peor. Por suerte Serge llevaba pastillas de no se qué, que le aliviaron algo. Luego, cuando nos quedamos sin agua, también nos dio unas pastillas purificadoras para que recargáramos en el río. Nos vinieron de maravilla, porque el camino de vuelta, escalando un río resbaladizo cuesta arriba, fue bastante duro. Nunca antes un francés había hecho tanto por la dignidad de dos españoles, que majo.

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Por el camino de vuelta pasamos por algún poblado más, esta vez de etnia Lanten, y nos pusieron la paradita de rigor con sus productos típicos. De nuevo agradecimos lo bien organizado que estaba el tema, porque en ningún momento nos atosigaron para que compráramos ni nos persiguieron por el poblado. El pacto es que si los turistas no compran, compra algo la empresa y nos lo regala, y a cambio los locales se comprometen a venderlo todo en el mismo sitio y sin presiones. Muy bien por ellos.

Al salir del poblado nos adelantaron tres viejecitas (a las que nunca volvimos a alcanzar porque ellas hacen en dos horas el trayecto que nosotros hacíamos en un día ) que probablemente iban a comprar tabaco. Lo que para nosotros era un trekking "moderado" a través de la jungla, para ellas era el único camino al supermercado o al médico. Y ni los tuktuks ni los burro-taxi ni ningún otro medio de transporte que conozcamos puede escalar un torrente de montaña, así que cualquier carga deben llevarla a pulso. No tenemos ni idea de qué harán cuando la temporada de lluvias aumente el caudal del río, suponemos que quedar aislados en el poblado  semanas o meses. El camino, además de ser bastante más duro que el del primer día, tenía mayor concentración de sanguijuelas. En un momento dado Ton se sacó de la manga una bolsa de detergente  (que evita que se te peguen las sanguis) y se empezó a embadurnar las botas, y cuando el guía hace eso es señal de que empieza lo malo. Pero el camino era tan agotador que pronto nos olvidamos de los bichos y nos concentramos en aguantar. Y por una vez no fui yo el primero en sacar el tema del helicóptero, que a todos se nos pasó por la cabeza :) De todas formas, entre que Carol andaba pocha y que yo tengo el aguante que tengo, llegamos a la civilización totalmente agotados. Pero nos lo habíamos pasado todos tan bien que incluso nos comprometimos para quedar a cenar juntos, lo que se ha ido repitiendo mientras hemos andado por aquí. La verdad es que tanto la excursión como las risas que nos hemos echado después con Yure, Serge, Silke y Josué han sido una de las mejores experiencias del viaje.

Seguimos con retraso, pero se nos escapa el autobús a Muang Sin y nos tenemos que ir ya mismo!