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jueves, 1 de mayo de 2008

Qué buenos son los padres Laosianos... qué buenos son, que nos llevan de excursión! (A las aldeas de Luang Nam Tha)

Cuando no subimos posts al blog normalmente no es porque no tengamos nada que contar, sino más bien por lo contrario. Ultimamente llevamos un poco de retraso, pero es que tampoco tenemos tiempo para más. Ahora encima nos ha salido vida social y en lugar de descansar en el hotel nos vamos de comida o de cena o a la selva con los amiguitos que hemos echado por aquí, así que, aunque sea para bien, el blog no hay quien lo mantenga al día. Lo que más rabia nos da es no poder contestar rápidamente los comentarios de lo lectores, pero que sepais que nos hace mucha ilusión leerlos. Un día de estos nos ponemos al día .

En Luang Nam Tha en lo que nos hemos puesto al día principalmente es en reconciliarnos con el ecosistema mochilero. En nuestra cartilla de notas hemos pasado de "Juega sólo en el patio y le cuesta relacionarse" a "Disfruta de sus compañeros de clase". Y todo gracias a los padres Laosianos, que nos cuidan de maravilla. Quizás sea que aquí en el norte de Laos no hay bares ni vida nocturna y eso hace de filtro en el tipo de viajeros que llegan, pero la verdad es que hemos notado un cambio bastante agradable. O quizás sea simplemente que hemos dado con la gente adecuada y ya está... La cuestión es que últimamente nos lo hemos pasado pipa con los compañeros de viaje y hemos pasado más tiempo hablando con otras personas que en el resto de viaje junto. Por otra parte, como esto es tan pequeño y hay tan pocos turistas nos vamos reencontrando repetidamente con varios de ellos. El primero al que conocimos fue Serge, un francés de cuarenta y pico años al que conocimos en el microbús de Nong Khiew a Udom Xai y al que luego reencontramos dándose de alta en el mismo trekking que nosotros. En realidad éramos los únicos turistas que habían pasado por la oficina de la agencia ese día, y eso que ya eran las 3 y pico de la tarde. Tampoco es raro, porque la abren sólo a ratos. A nosotros nos costó todo un día de idas y venidas  verla abierta, pero el lince del guesthouse, que se suponía que nos contrataba la excursión a cambio de su comisión, ni siquiera fue capaz de que le cogieran el teléfono. Mejor, porque era totalmente imposible entenderse con él y seguro que hubiéramos acabado en China con un viaje del Imserso.

En la oficina de la empresa Nam Ha Ecoturism, cuando por fin la encontramos abierta, nos apuntamos en una pizarrita y nos dijeron que volviéramos a eso de las ocho para ver si nos teníamos que ir solos con el guía (y pagar algo así como el doble) o si se apuntaba más gente. En Laos todo es muy incierto y confuso, pero casi siempre acaba saliendo bien. Diez minutos más tarde se apuntaba Serge, y luego en el ciber nos contaba que a él le habían dicho que a las 7 de la tarde se hacía un mini briefing de como iba a ser la excursión, qué necesitábamos llevar, etc, etc.. Suerte que nos lo dijo él, porque si no nos lo perdemos. Al llegar vimos que había en total seis personas apuntadas, con lo que el precio pasaba a ser algo más asumible, algo menos de 20€ por persona y día todo incluido. Esa tarde, además de a Serge, conocimos a Silke, una chica alemana con pinta de mediofondista (que lo era) y a Yure, vascanaria, camionera, okupa y doctorada en Spanglish por la Universidad de Carrara (Italia) que estaba harta de que la confundieran con una israelí por culpa de los churros del pelo. Faltaba un chico mejicano que se había apuntado pero al que posiblemente nadie había avisado de que había una reunión previa. Carol y yo, igual que Serge, llevábamos una buena lista de preguntas para hacer, porque un treking de dos días por las selvas y poblados tribales de Laos parecía requerir algo de preparación. Cuando vimos que sólo nos iban a decir el precio y la hora a la que teníamos que aparecer al día siguiente el francés atacó con un "Bueno, pero que tenemos que traer?", a lo que el organizador respondió con un "Urmmm, nada...." que nos dejó algo preocupados. "Pero hace frío allí arriba?" "Urmm no, como aquí más o menos". "Y si llueve?" . "Urmmm pues igual mejor llevar un impermeable..." "Y hay sanguijuelas?" "Sí sí que hay, pero no es problema". "Como que no es problema?" "Nooo, si se te suben te las quitas y ya está, no son venenosas."(incluida sonrisa laosiana) "Y tigres hay?" "Urmmm... Sí, al parecer hay tres o cuatro por las montañas, pero no os preocupéis que no se ven." (sin sonrisa). Todo muy tranquilizador. Total, que como la comida y la bebida te la daban sólo había que llevarse la ropa del día, la cámara de fotos,  repelente de mosquitos, y poco más. Ni siquiera hacía falta el saco de dormir. Como no tuvimos que comprar nada ni preparar zumo de gumibaya como el día previo al Tongariro pudimos dedicar el resto de la tarde a explicar a Mr Thankiuverymas que nos íbamos dos días de treking y que si nos podía guardar las mochilas gordas en el hotel, al que volvíamos en dos días. "No os preocupéis que yo os lo organizo todo" fue la frase con la que despedimos el día, acompañada de un repeinado de flequillo de lo más convincente.

luang-nam-tha9El día siguiente lo iniciamos con un inquietante "Cuando habéis dicho que volvéis?", pero la suerte ya estaba echada. Desayunamos, nos fuimos para las oficinas de la agencia y allí nos reencontramos con "la pandi", a la que se había añadido en el último momento Josué, un chaval medio mejicano medio japonés tan estiloso que no se quitó ni el gorro ni la bufanda en dos días de jungla. Total, que aquello parecía "Gran Hermano Laos". Pero en lugar de pelearnos, nos llevamos genial a la primera. Que cosas, igual fueron las sanguijuelas las que nos unieron. Porque sanguijuelas las había a cientos, esperando una víctima a la que agarrarse. Carol había leído bastante sobre los bichejos en los libros de Borneo, así que estábamos preparados. Por lo que había leído, y en la excursión descubrimos que era totalmente cierto, las sanguijuelas, pese a parecer gusanos tontos, son capaces de olfatear a sus presas, dirigirse hacia ellas e incluso saltar para pegarse a los zapatos. Las más listas hasta se suben a las plantas y esperan a que un brazo o un cuello pase cerca para tirarse en plancha. Luego no hay calcetín o repelente de insectos que la detenga, se te pegan sin que lo notes y te succionan. Según los libros de Carol, la mejor táctica para deshacerse de ellas es dejarte las pantorrillas al aire para que al menos se te enganchen en una zona visible y te las puedas arrancar rápidamente. Total, que nosotros íbamos con zapatillas bajas, pantalones por las rodillas y patas al aire y el resto con botas de trekking, calcetines altos y pantalón por dentro, a la tirolesa. Que bonito es el amor.

A los cinco minutos de andar ya nos habíamos quitado todos alguna sanguijuela de encima, incluido Ton, el guía. Alguna hincó carne, pero Carol y yo nos libramos. En realidad tuvimos más suerte que los demás, pero más que por la teoría del muslamen al aire, donde no llegó ninguna,  yo creo que fue porque nuestras zapatillas eran más resbaladizas que las de los demás y les costaba más esfuerzo subir. Pero aún así en cinco horas de trek nos quitamos de encima como 30 o 40 cada uno. El momento crítico fue cuando tuvimos que pasar agachados por debajo de una rama baja y vimos un par a escasos centímetros de la cara, alargándose hacia arriba a ver si pillaban algo. Ni siquiera podíamos descansar tranquilos, porque en cuanto parábamos las veíamos acercarse arrastrándose... Que bichos más desagradables...

 luang-nam-tha6Nada más llegar al poblado en el que íbamos a pasar la noche (que sólo pueden describir las fotos) nos tiramos de cabeza a la "ducha", en dura competición con las abuelas del pueblo. Luego echamos un par de partidillas de petanca, dimos una mini vuelta por el pueblo (interrumpida por la lluvia) y nos fuimos a cenar. La población era de etnia Khmu, y teniendo en cuenta la cantidad de pollos, cerdos, patos y perros que correteaban libremente por debajo de las casas se diría que hambre no pasaban. Eso sí, tenían un alarmante déficit de gomas de pantalón. Los chavalillos del pueblo no tenían más remedio que sujetárselos con una mano mientras corrían, y teniendo en cuenta que necesitaban de la otra para que no se les cayera de la chepa el hermanito pequeño que casi siempre acarreaban, andaban algo estresados. Con la lluvia pudimos interactuar poco con ellos, pero los volvimos a ver junto a los mayores, que habían vuelto de trabajar en el campo, poco antes de que se pusiera el sol. Cuando llegamos al poblado tanto unos como otros llevaban kilos de roña encima, pero a última hora, por arte de magia, aparecieron todos relucientes, repeinados y algunos hasta con pantalones de pinzas y camisa, fumando pitillos con los amigos en la "plaza" del pueblo. En las cosas básicas, casi todos somos iguales.

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Una de las cosas buenas de los trekkings en el norte de Laos es que te explican detalladamente a donde va a parar el dinero que aportas: una parte para la empresa, una parte para el guía, una parte para la chica que acompaña al guía con la comida, otra para el chico que nos acompaña de pueblo a pueblo, otra para la familia que prepara la cena, etc.. En todos los casos el puesto es rotativo, así que todas las familias de los poblados acaban beneficiadas a lo largo del año. Lo tienen muy bien montado. Esperemos que puedan mantenerlo de esta forma y no acaben como en Chiang Mai, donde las excursiones a los poblados suelen ser sólo visitas a la tienda del poblado. Aquí no. Para cenar nos metimos en una de las casas cercanas, donde una señora nos preparó una cena similar a las toman allí cada noche: arroz glutinoso acompañado de distintos bols con verduras cocidas, huevos revueltos con setas, algo de carne, etc... Por lo que dijeron los compañeros la comida, aunque sencilla, no estaba mala, pero yo me conformé con el arroz. A la cena se apuntó la hija de la cocinera,  que a última hora sacó una botellita de licor de arroz casero (luego dijo que cada vez que venían turistas se ponía guapa para ver si le salía marido) y empezaron las canciones populares. Los chistes ya los había contado el guía Ton a mediodía, con un gracejo que ni Esteso en sus mejores momentos. El humor laosiano es difícil de describir, así que os pongo unas cuantas gracias para que os hagais una idea:

"Cual es la tortuga que puede nadar de norte a sur? La tortuga de la pasión, porque nos lleva a donde quiere."

"Cual es el animal con el pie más grande?" La montaña."

"Un mosquito y una luciérnaga chocan de frente cruzando el Mekong en plena noche. Cual de ellos tiene la culpa? La luciérnaga, porque el mosquito había pitado y la luciérnaga sólo llevaba puesta la luz trasera."

Lo mejor de todo es que nuestro silencio después de cada chiste no le impedía seguir contándolos, que tío. Aunque los chistes no son lo suyo, como guía es muy bueno, muy agradable y serio a la vez. Por lo que nos contó quería montar una empresa propia cerca de Luang Prabang. Cuando nos dé los datos la recomendaremos aquí, porque daba muy buena sensación.

luang-nam-tha7Total, que después de un ratito de hacer el tonto nos fuimos a dormir. El "hotel" del pueblo era una casa Khmu  como cualquier otra, aunque un poco más grande, donde nos esperaban varios colchones y mosquiteras. Carol y yo tuvimos de nuevo suerte y nos tocó  colcha con ositos. Yure y Silke tuvieron mala suerte y les tocó araña gigante y cucaracha incorporadas dentro de la mosquitera. Algunos gritos y escobazos después nos quedamos todos dormidos. A la mañana siguiente yo me fui a tirar unas fotillos por el pueblo. En Laos son muy muy tímidos y la mayoría de las veces no quieren que les tires fotos, pero esa mañana estuvo bien, porque sólo andaban por el pueblo abuelitas cuidando de nietos, y estaban encantadas de que les tiraras fotos y luego se las enviaras. Alguna salió chula. Luego fuimos todos a visitar la escuela del poblado. Al volver para el "hotel" Carol me dijo que le estaban dando unos retortijones de los que te dejan encogido, y el desayuno fue un poco dramático. Nos quedaban por delante siete horas de caminata "moderada" (luego pudimos calificarla como la más dura que hemos hecho en nuestra corta carrera trekkera), así que nos temimos lo peor. Por suerte Serge llevaba pastillas de no se qué, que le aliviaron algo. Luego, cuando nos quedamos sin agua, también nos dio unas pastillas purificadoras para que recargáramos en el río. Nos vinieron de maravilla, porque el camino de vuelta, escalando un río resbaladizo cuesta arriba, fue bastante duro. Nunca antes un francés había hecho tanto por la dignidad de dos españoles, que majo.

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Por el camino de vuelta pasamos por algún poblado más, esta vez de etnia Lanten, y nos pusieron la paradita de rigor con sus productos típicos. De nuevo agradecimos lo bien organizado que estaba el tema, porque en ningún momento nos atosigaron para que compráramos ni nos persiguieron por el poblado. El pacto es que si los turistas no compran, compra algo la empresa y nos lo regala, y a cambio los locales se comprometen a venderlo todo en el mismo sitio y sin presiones. Muy bien por ellos.

Al salir del poblado nos adelantaron tres viejecitas (a las que nunca volvimos a alcanzar porque ellas hacen en dos horas el trayecto que nosotros hacíamos en un día ) que probablemente iban a comprar tabaco. Lo que para nosotros era un trekking "moderado" a través de la jungla, para ellas era el único camino al supermercado o al médico. Y ni los tuktuks ni los burro-taxi ni ningún otro medio de transporte que conozcamos puede escalar un torrente de montaña, así que cualquier carga deben llevarla a pulso. No tenemos ni idea de qué harán cuando la temporada de lluvias aumente el caudal del río, suponemos que quedar aislados en el poblado  semanas o meses. El camino, además de ser bastante más duro que el del primer día, tenía mayor concentración de sanguijuelas. En un momento dado Ton se sacó de la manga una bolsa de detergente  (que evita que se te peguen las sanguis) y se empezó a embadurnar las botas, y cuando el guía hace eso es señal de que empieza lo malo. Pero el camino era tan agotador que pronto nos olvidamos de los bichos y nos concentramos en aguantar. Y por una vez no fui yo el primero en sacar el tema del helicóptero, que a todos se nos pasó por la cabeza :) De todas formas, entre que Carol andaba pocha y que yo tengo el aguante que tengo, llegamos a la civilización totalmente agotados. Pero nos lo habíamos pasado todos tan bien que incluso nos comprometimos para quedar a cenar juntos, lo que se ha ido repitiendo mientras hemos andado por aquí. La verdad es que tanto la excursión como las risas que nos hemos echado después con Yure, Serge, Silke y Josué han sido una de las mejores experiencias del viaje.

Seguimos con retraso, pero se nos escapa el autobús a Muang Sin y nos tenemos que ir ya mismo!

domingo, 4 de noviembre de 2007

Cruzando el Tongariro (Naturaleza 1 - Asiasido 1)

DSC_1671 Tras nuestra derrota en las frías aguas del Pacífico estábamos obligados a realizar un esfuerzo para remontar nuestro combate con la naturaleza neozelandesa, y como podeis leer en el título, de momento ya hemos empatado. El desafío era realizar el "paseo" más famoso de Nueva Zelanda, conocido popularmente por "Tongariro Crossing". Los que hayais visto o leído "El Señor de los Anillos" seguró que recordaréis los alegres paseos de Frodo, Sam y Gollum por las tierras de Mordor camino del Monte del Destino. Pues eso es más o menos lo que hicimos nosotros, porque las escenas de Mordor se filmaron justamente en tierras del Tongariro por lo que tras haber visto la película es imposible no asociar la zona con los dominios del señor oscuro. Y tras los 18 km de paseo a través de rocas, volcanes, desierto, hielo y nieve, lagos turquesa y bosques de helechos gigantes te sientes un poco como Frodo después de tirar el anillo: alucinado, eufórico y con ganas de sentarte un ratito.

DSC_1592 El Tongariro, os lo cuento por si os da pereza buscar más información en Internet, es un volcán activo de casi 2000 metros de altitud que se encuentra justo al lado del monte Ngauruhoe (2287 m), este último también conocido como "el Monte del Destino" de "El Señor de los Anillos". La zona queda completa con otra montaña gorda pero poco atractiva que no merece aparecer en este post básicamente porque no recuerdo como se llama y como bien suponéis me da pereza buscar su nombre en internet. Lo importante es que el Tongariro Crossing pasa a través de los distintos cráteres del volcán y ofrece unas vistas realmente alucinantes y muy variadas que no hay que perderse bajo ningún concepto. Esto es básicamente lo que yo sabía del camino de marras antes de llegar a N.Z., y lo que aparece en todas las guías, blogs, y páginas del gobierno neozelandés. Lo que no averigüé hasta llegar al puesto de información de Whakapapa es que no se trata de un "walk" (paseo) sino de un "tramp", que le dicen aquí. Un "tramp" por lo que se ve es un "treking alpino", y en este caso la duración aproximada es de 7-8 horas para gente "en buen estado de forma". Tampoco sabía, hasta que lo vi con mis propios ojos desde el valle, que a estas alturas de la primavera austral todavía había nieve en las montañas, y que ya en el valle era necesario llevar chaqueta para no congelarse. Para que os hagais una idea, yo soy de los que cuando en Ojos Negros (si no conoceis el pueblo con el nombre más bonito de España no es culpa mía...) me dicen "Vamos a dar un paseo hasta el molino de viento ahora que no pica el sol" primero me cojo el chaquetón por si acaso y luego pregunto "vamos en coche, no? que son casi 800 metros...". Así que la visita al centro de información de Whakapapa fué un poquito traumática para mí. Carol hacía como que ella ya lo sabía todo y que eso no era ná, que en la Avenida de la Albufera de Vallecas en pleno invierno y con las bolsas del Ahorramás a cuestas sí que se pasaba mal. Pero yo no estaba convencido y me fuí a interrogar a la señora del puesto de información. Aquí siempre ponen al borde del pueblo en información, para que moleste sólo a los de afuera, así que la buena señora me dijo "Sí, allí arriba hace muchísimo frío y hay que ir muy bien equipado" y también "Se trata de un treking alpino con 1000 metros de desnivel muy duro sólo apto para gente en muy buen estado de forma". La tía se negaba a darme esperanzas, pero yo insistía: "me puede decir que significa exáctamente buen estado de forma?". Metí tripa y le eché mi mirada "acero azul", pero nada. Me soltó toda una retahila de cosas que se supone que sólo pueden hacer los cachitas y una mirada bastante escéptica. Me enseñó un mapa del perfil del camino en el que aparecía una parte totalmente vertical para ver si desistía de una vez y se dedicó a atender a otros intrépidos aventureros. Yo me quedé un rato mirando el mapa hasta que oí la pregunta del chico de al lado: "Vengo aquí con un grupo de gente que quiere hacer el Tongariro. Uno de ellos tiene una pierna más corta que la otra, puede ser un problema?". Inmediatamente me identifiqué con el paticorto y me dije "si él puede, yo puedo", pero la señora, mala como ella sola, contestó muy bruscamente "Si tiene una pierna más corta que la otra o no está en perfecta forma NO PUEDE HACER EL CROSSING". Y el chico contrariado le respondió "y no hay alguna forma de hacer una parte en coche, o algo así?". "NO. SE TRATA DE UN PARQUE NACIONAL Y NO HAY NINGUNA CARRETERA, SOLO SE PUEDE HACER SI ESTÁS EN PERFECTA FORMA Y PERFECTAMENTE EQUIPADO Y SON 18 KILOMETROS, NI MAS, NI MENOS.". Y si no te gusta no haber venido, que mira que sois cansinos los extranjeros.

Es que los folletos publicitarios y los millones de páginas de Internet que hay sobre N.Z. parecen diseñados por Candy Candy, y hasta que no has picado no te explican la cruda realidad. Aquí o eres Tarzán o más te vale tener toda la pasta del mundo para que te enseñen Nueva Zelanda desde el helicóptero, y como nosotros no estamos ni en una situación ni en la otra yo me fuí a llorar a la caravana. Carol, que me vió muy afectado, me explicó que todo el mundo que viene aquí hace el crossing, así que no puede ser tan complicado. Pero claro, es que los millones y millones de muertos que se quedan por aquí congelados no pueden explicar su versión de los hechos y los que sobreviven pero lo pasan malamente tampoco suelen ser muy objetivos luego. Así que yo no estaba nada convencido, y menos después de enterarme de que el último autobús de vuelta salía a las 5 de la tarde. Eso significaba que, empezando a las 7 de la mañana, o lo hacías en 10 horas o te quedabas tirado en Mordor, y si los que estaban en forma lo hacían en 7-8 horas... el margen era muy estrecho. Pero Carol, que es muy lista, me dijo que fuera a hablarlo con la gente que llevaba los autobuses a ver que decían ellos. El autobús desde Whakapapa hasta el inicio de la senda y la vuelta son unos 15 €, y por ese dinero un Kiwi es capaz de convencerte de lo que sea. Así que cinco minutos después ya estaba preparando el equipo superpro y realizando estiramientos para el día siguiente.

IMG_2278 Por suerte, el día de la excursión amaneció totalmente despejado y los pronosticos para el resto del día también eran buenos. Yo había dormido más bien poco, seguramente debido a la tensión de tener que preparar 6 sandwiches (4 de nocilla) con cuchillos de plástico. "Así no vamos a ningún lado Carol, o me compras cuchillos de los buenos o nos hundimos" fue al parecer lo último que dije antes de quedarme sopa. A las mochilas también eché dos botellas de 1,5 litros de agua mineral, cacahuetes, una linterna (por si se nos hacía de noche en Mordor), barritas energéticas, klinex y una camiseta de manga larga con un Tofu dibujado. Era la única que me quedaba libre, porque el resto las llevaba puestas. También me dejé puesto el pantalón del pijama y los calcetines que robé a los de British Airways, así que más preparado no podía ir. Bueno, sí. En un momento de iluminación recordé la receta mágica para combatir el agotamiento de la tía Jesusa: 1,5 litros de agua, 2 arrobas de azucar y vinagre o limón al gusto (en este caso 2 limones que nos regalaron en la puerta de una granja), todo en una botella y bien agitado. Como yo soy muy de experimentar le añadí un poco de sal para combatir la osmosis por exceso de agua, pero según Carol mis conocimientos en medicina deportiva de alto rendimiento tienen serias lagunas y hoy en cuanto se ha enterado de lo de la sal (leyendo lo que estoy escribiendo ahora mismo) me ha caído una retro-bronca de no te menees. La cuestión es que o bien el refresco era muy bueno o bien estamos más en forma de lo que creemos, porque completamos la excursión en 8 horas 10 minutos y no nos tuvo que venir a rescatar ningún helicóptero. En realidad nos costó muy poco esfuerzo y disfrutamos muchísimo, porque hizo sol, poco viento y no demasiado frío. Los pobres que fueron el día anterior tuvieron que soportar lluvia y niebla, y por lo que nos contaron, al llegar parecían almas en pena. Nosotros lo hicimos el jueves, y esa misma tarde en el camping había un cartel bien gordo que recomendaba no hacer ninguna excursión hasta el lunes siguiente debido al pronostico del tiempo. Así que tuvimos una suerte tremenda con el clima, que aquí es clave para cualquier actividad.

DSC_1577 Según los aficionados al treking el Tangoriro Crossing es uno de los 10 mejores recorridos de un día del mundo y el mejor de Nueva Zelanda. Nosotros nunca habíamos hecho nada parecido, así que nos es difícil hacer comparaciones, pero sí que podemos decir que de momento es la mejor excursión que hemos hecho en la vida y también la mejor actividad que hemos hecho en N.Z. de largo. Los paisajes son difíciles de describir, y a diferencia de lo que pasa muchas veces, son más bonitos en la realidad que en las fotografías. La parte más espectacular es la primera mitad, la escalada a los volcanes y los lagos, pero el descenso es también impresionante, aunque menos fotogénico. En las 5 horas de bajada pasas del desierto volcánico a una selva subtropical de helechos y en medio atraviesas distintos tipos de vegetación tan distintos entre si que parecen pantallas de un videojuego. La parte más dura es "la escalera del diablo", a partir de la primera hora de camino. Se trata de un tramo rocoso con mucha pendiente en el que a veces tienes que ayudarte de las manos para subir (no es trepar, es simplemente apoyarte para no resbalar), pero dura menos de una hora, descansos (frecuentes) incluidos. La única parte que nos ha parecido peligrosa es el paseo entre los volcanes, y más por la posibilidad de resbalar ensimismándote en el paisaje o por culpa del viento que porque sea realmente peligrosa. Buena parte del trayecto, sobretodo el descenso, tiene escalones, pero en contra de lo que pudiera parecer es más agotador ese tramo que la escalada, sobretodo para las rodillas. Otro dato, que ya no nos sorprende porque lo hemos visto en toda N.Z, pero hay lavabos en distintas partes del camino, en medio de la nada. Y TODOS TIENEN PAPEL!!!! Tiene que haber un señor que se dedica cada día a recorrerse km y km con un rollo de papel de W.C. en la mano para reponerlo.... increíble.

DSC_1598 Después de hacer el crossing la verdad es que no nos ha parecido tan difícil, aunque también es verdad que en los últimos meses hemos andado muchísimo, y posiblemente estábamos más preparados de lo que creíamos. De todas formas ese día debieron hacer la excursión unas 300 personas, y más o menos la mitad nos adelantaron pese a que nosotros habíamos salido una o dos horas antes que la mayoría, así que suponemos que si realmente estas en forma y acostumbrado al treking se puede hacer en 6 horas o menos. Había gente que prácticamente iba corriendo, pero los que realmente nos alucinaban eran los que iban en camiseta y chandal, en plan paseo. Ya os hemos contado en algún otro post que aquí en N.Z. son todos "muy de campo", que es un nivel por encima de ser "muy deportista". Al acabar el camino, mientras estábamos sentados en la hierba con otros 40 "aventureros" agotados que esperaban el autobús de vuelta, vimos salir del bosque a una chica a la que habíamos visto a lo largo del camino. Llevaba una camiseta de tirantes fucsia, unos pantalones de chandal grises, e iba comiendo una bolsa de patatas fritas. Era algo así como la versión kiwi de Britney Spears, pero aún más paleta que ella. Por lo que la habíamos visto durante el camino, se había pasado las ocho horas cotilleando con una amiga, ni se había despeinado, y llegó gritando "uhhh Extreme walking uhhhhh!!". Evidentemente se estaba cachondeando de todos los guiris que, como nosotros, se pensaban que habían hecho una heroicidad por cruzar el Tongariro. Pero lo que es a nosotros no nos desmotivó lo más mínimo, y ya estamos mirando a ver que otras rutas chulas y de dificultad parecida podemos ir haciendo por aquí.

Como dijo Frodo: "Lo importante es pasarselo bien en el camino".