Mostrando entradas con la etiqueta playa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta playa. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de mayo de 2010

Bed and Beach Barcelona Guesthouse

Alehop! Ya tenemos Guesthouse!

 

Y en sólo dos posts, ahí queda eso. Si nos dan un par de posts más acabamos la Sagrada Familia y la Almudena del tirón, que ahora ya vamos con carrerilla. Hasta le hemos puesto nombre y todo: "Bed and Beach Barcelona Guesthouse". Y una página web: http://www.bedandbeachbarcelona.com/. Y camas. Y una terraza con plantas. Y cuadritos para que quede bonito. Y muchos muebles del Ikea y otros pocos que hemos encontrado tirados por ahí. Y le hemos puesto una playa al lado para que pegase el nombre. Y un paleta residente que se llama Ramón. En teoría ya se ha ido, pero de vez en cuando vemos su gorra del Barça por el rabillo del ojo y se nos rizan las uñas de los pies. (Ramón, si lees esto aprovecho para recordarte que el canalón sigue esperándote). También hemos traído una pareja de austro-húngaros, que visten mucho. Vinieron de Budapest a pasar un par de días en el sofá y ahora han vuelto para instalarse en Barcelona y ya de paso a ayudarnos con el guesthouse. Él se llama Makabi y nos ha hecho todas esas cosas que se supone que debe hacer el hombre de la casa. En mi caso yo las suelo delegar eficientemente en mi suegro, pero en esta ocasión Gregorio ha estado demasiado ocupado con las delegaciones inesperadas del paleta residente y ha tenido que subdelegar en Makabi. Ella se llama Shari Toth ("Charito" a partir de ahora)
                  Shari y Macabi enjoying BCN


y además de emplastecer y enmasillar todo lo que se le pone por delante hace unos pasteles de rechupete. Los que vengan al guesthouse igual tienen la suerte de catarlos para desayunar :) En sólo un par de meses ya han aprendido casi todo lo básico del idioma: "masilla", "pintar", "puerta", "Ramón", "a matajunta y tresbolillo", etc..


 
Para contrarrestar un poco tanto exotismo nos hemos traído a los suegros de la meseta. Gregorio ha venido con todo tipo de complementos suegreriles: tapetas, rodapies, tapajuntas, lijadora, canaleta y no se cuantas cosas más que al parecer sólo existen en Madrid y que aquí nos eran completamente desconocidas.

Begoña se ha traído la máquina de coser, la muñequera, la receta del bizcocho y el pañuelo manchú que llevan los esclavos chinos que hacen los muebles del Ikea. Debía ser que se aburrían en Madrid con la vida de prejubilados, pero lo que es aquí no han dejado de trabajar desde que llegaron. Y así están, que han rejuvenecido 10 años en los apenas dos o tres meses que llevan de semiesclavitud. Y es que si hay algo que hemos aprendido en nuestros viajes por Asia es que la esclavitud es fuente de salud y riqueza. O eso o es que han perdido peso. En cualquier caso, se lo están pasando pipa aquí. No hay más que ver con que gusto se levantan a las 8 de cada mañana y tras escuchar las órdenes de Carol se ponen a levantar paredes, lijar puertas y restaurar ventanas como si lo hubieran hecho de toda la vida. A las diez de la noche hay que llamarles para que vengan a hacer la cena, porque si fuera por ellos no paraban de currar de lo mucho que disfrutan. De vez en cuando hasta les damos permiso para que salgan a dar una vuelta por el Leroy Merlin, el Ikea o el Alcampo, que no todo va a ser trabajar... Mientras ellos curran codo a codo con los húngaros y el ocasional paleta residente, Carol inspecciona, supervisa, planifica y ordena. Sobretodo lo último. Yo paso los días quietecito en mi despacho, intentando pasar desapercibido, pero al final siempre me acaba enganchando y me suelta un discurso que empieza por "Ramón ha... " y acaba por " ... y se ha ido sin acabarlo, llámale.". Y hale, yo a llamar al pobre Ramón, que bastante tiene con sus cinco obras simultáneas como para encima tener que aguantarme.
Total, que entre unos y otros han conseguido este antes y después:

 

 

 


Bueno, me dicen por aquí que ha sido un poco más cansado de lo que pinto, y que por las noches todos en casa (menos yo, que no hago más que estar sentado delante del ordenador) tienen más o menos esta pinta:


La verdad es que yo también estoy bastante cansado y ahora mismo no tengo ni idea de como acabar el post ni de como meter la foto de la derecha, pero es que la tengo que meter o me cae una bronca como la que está a punto de recibir mi suegro. Aunque parezca mentira, entre los dos de la foto se han currado más de la mitad del guesthouse, así que si alguno viene por aquí a hospedarse y le parece que ha quedado bien, que se acuerde de darles las gracias :).


P.D. Por cierto, publicamos la página antesdeayer y ya tenemos 4 reservas!!!!

viernes, 11 de abril de 2008

Islas Perhentian, paraíso a diez euros la noche.

kecil_perhentian

Todavía nos quedan unos meses de viaje, pero no creemos que vayamos a encontrar un sitio más parecido a nuestra idea de paraíso que las Islas Perhentian, en el norte de Malasia. Si andáis buscando la residencia de verano de Robinson Crusoe probablemente la encontréis allí, rodeada de cocoteros, lagartos gigantes y playas de arena blanca bañada por aguas azul turquesa.

Y la verdad es que nos pilló un poco por sorpresa porque, igual que nos pasó con Borneo, antes del viaje no teníamos ni idea de que en Malasia había islas semejantes. Pensábamos que con suerte las encontraríamos en Tailandia, o en Australia, o en Bali, pero cuando pasamos por allí, las playas de postales se quedaban en eso, en postales en las que no salen ni los millones de turistas, ni las aguas turbias, ni el barro de los manglares, ni los cientos de hawkers, ni los precios de los resorts mejor situados, ni las medusas asesinas, ni las infernales moscas de la arena. Así que cuando al leer las guías de Malasia nos encontramos con Pulau Tioman, Pulau Redang y las Perhentian no nos fiamos demasiado, y decidimos visitar sólo estas últimas, que parecían las más tranquilas y menos masificadas. Luego, en Borneo, nos encontramos con la minúscula y alucinante isla de las Tortugas y ya vimos que quizás habíamos sido demasiado prudentes, pero los billetes a Laos ya estaban comprados y en las Perhentian sólo nos daba tiempo de pasar 3 días.

Llegamos hasta allí desde Borneo vía Kuala Lumpur, a través de una de las rutas que teníamos más ganas de hacer: el tren de la Jungla. Aunque Malasia se está cargando sus selvas a velocidades de vértigo todavía conserva la joya de Taman Negara, el bosque pluvial más antiguo del mundo, y una de sus principales atracciones turísticas. Pensábamos pasar unos días allí, pero como leímos que era muy difícil ver vida salvaje debido a la densidad de la jungla, cambiamos el destino por Borneo, creemos que acertadamente. Aún así no nos queríamos perder la ruta en tren que atraviesa la zona, que se supone que es una de las más atractivas del mundo, por lo que elegimos el tren para ir desde KL hasta el noreste de Malasia, a las Perhentian. La forma ortodoxa de hacer el Jungle Trail es mediante el tren lento de tercera que sale de Gemas, no muy lejos de KL, y llega hasta la frontera con Tailandia en aproximadamente 18 horas. El tren para en todas las aldeas y  permite contemplar la vida diaria de los habitantes de la jungla. Según cuentan, los vagones se convierten en un mercado ambulante de lo más pintoresco e interesante, y el paisaje es espectacular. Pero también habíamos leído opiniones de otros turistas que se habían aburrido mortalmente y lo habían pasado mal tanto tiempo en un tren sin aire acondicionado, asientos reservables y con lavabos en los "jamás querrías entrar", así que optamos por un plan intermedio: el tren nocturno express en compartimento privado. Unos 20  € y pico cada uno, muchísimo si lo comparamos con los precios regalados de autobuses o asientos normales en el mismo tren, pero poco si tenemos en cuenta el nivel de comodidad. Salimos de KL a las 20:30 y llegamos a Tanah Mera a las 11 de la mañana, tres horas más tarde de lo previsto. Nos pusimos el despertador a las 6 de la madrugada para ver salir el sol mientras atravesábamos la selva cómodamente tirados en nuestras literas, y con toda la ventana a modo de pantalla de cine. La jungla se abría de vez en cuando para dar paso a  ríos marrones y montañas de formas imposibles. Para Carol, que durmió como un lirón hasta que sonó el despertador, valió mucho la pena, pero yo, que no pegué ojo por los nervios de no oír el despertador con tanto traqueteo,  eché de menos los bichos de Borneo y no acabé contento del todo.

Desde Tanah Mera hasta Kuala Besut, uno de los pueblos costeros desde los que se llega a las Perhentian, se puede ir en taxi por unos diez euros, y se tarda más o menos una hora. Si lo hacéis, id con cuidado de que no os dejen en el pueblo de al lado, Tok Bali, porque desde allí salen menos ferrys hasta las islas (aunque las agencias pagan más comisión a los taxistas, que "por error" te dejan allí). El ferry a las Perhentian cuesta 35 Ringgits por trayecto (unos 7€), y desde Kuala Besut sale a las 8, a las 12 y a las 4 de la tarde, aunque en temporada pico es posible que haya más frecuencias, o menos, si hay mal tiempo.  Si vais, tened muy en cuenta el clima. Desde Diciembre hasta Febrero llega el monzón, los resorts cierran y los ferrys dejan de operar, pero al parecer en pocos sitios te avisan de ello. La chica sueca con la que coincidí en el curso del Wat Po estuvo allí en Enero, con otros seis despistados, un único restaurante abierto y lluvia constante. Antes de ir preguntaron en la oficina de turismo de KL y les dijeron que era una temporada ideal porque había "pocos turistas", pero no les dijeron nada del monzón. Nosotros pospusimos la visita en Marzo porque parecía que el monzón llevaba retraso y acertamos. Por lo que nos contaron luego en la isla, el tiempo era horrible y todo permaneció cerrado hasta principios de Abril.

kecil_perhentian3 Pero si tienes suerte y el tiempo acompaña, es el paraíso, o eso nos pareció a nosotros. Cuando el ferry nos dejó en Kecil, la isla pequeña, no nos acabábamos de creer lo que veíamos: Aguas turquesa cristalinas, coral y peces que se veían desde el jetty, pequeños bungalows entre los cocoteros, 3 o 4 chiringuitos y, como mucho, 10 o 12 personas en una playa de más de un kilómetro de largo. Habíamos leído que en el otro lado de la isla, en la Long Beach, había mucho más jaleo, y que la Coral Bay en la que estábamos era todo más tranquilo, pero no nos imaginábamos algo TAN tranquilo. Y cuando llegamos al Maya Resort, vimos nuestro bungalow y confirmamos que sólo costaba 40 Ringgits la noche (menos de 10 €)  nos pareció que debía haber algún truco.  Pero no. La habitación estaba bien, tenía lavabo privado, ventilador y cuando lo pedimos nos pusieron una mosquitera. Gema, la chica filipina que atendía el negocio, era de lo más atenta y agradable, y por suerte se había acordado de mi nombre cuando reservé por teléfono a través del Skype el día de antes gracias a que en su país "Alberto" es muy habitual. En el resto del sudeste asiático son incapaces de pronunciarlo aunque lo repita diez veces. En definitiva, que nos habían guardado la habitación aunque llegamos 4 horas más tarde de lo previsto. Y en las islas eso es mucho decir, porque en general funcionan en modo "pasen y vean", ni reservan por teléfono (porque no saben cuando se van a ir los clientes, que se suelen quedar más de lo previsto), ni mucho menos por Internet, que sólo hace un par de años que llegó a la isla.

coconut En cuanto dejamos las mochilas nos tiramos al agua a hacer algo de snorkel y, aunque el coral de la "Coral" Bay está muy deteriorado (al parecer debido al jetty que hicieron hace poco), vimos unos cuantos bichos, casi sin necesidad de usar las gafas: Nemos , pepinos de mar (asquerosos) y cinco napoleones gigantes nadando todos juntitos. Al volver al bungalow Gema nos recomendó a Met, un guía local del chiringuito de al lado,  para que nos llevara a hacer snorkel, y nos apuntamos para el día siguiente. También nos dijo que éramos los primeros españoles que tenían en el resort, y que cuando jugaban al scatergories y alguien nombraba "Spain" siempre se preguntaban por donde andaríamos los españoles que nunca nos veían por ahí como a los franceses, alemanes o suecos. Pero diez minutos después, desde una de las hamacas del resort, salió una voz que dijo  "Hola, de donde sois?", en perfecto castellano de Les Corts que nos quitó el privilegio de ser los primeros ibéricos en visitar el resort. Resulta monitor_lizardque justo en la habitación de al lado estaban dos chicas de Barcelona, Cristina y Ariana, que habían llegado camufladas con un grupo de angloparlantes y que habían decidido quedarse algunos días más que ellos en la isla.  En cinco minutos nos pusieron al día de todos los datos necesarios para sobrevivir allí: cuidado con las arañas gigantes, cuidado con los lagartos de más de dos metros, cuidado con el sol  y cuidado con el pelo que se estropea mucho con la manicura de las camisetas del chatuchak. Esto último lo tengo un poco mezclado porque no me lo dijo a mi, sino a Carol. Yo me quedé pensando en los lagartos como Homer en los Donuts, y babeando un poco. En los días siguientes pudimos comprobar que Cristina y Ariana, en los cuatro días que llevaban allí, se habían recorrido todos los rincones de la isla, conocían  todos los locales, todos los locales las conocían a ellas, y hasta sabían la ubicación exacta de las arañas más gordas y las detectaban incluso a oscuras. Y también comprobamos que son la mar de majas y que tenemos una nueva cena pendiente para cuando lleguemos a Barcelona.

Y como no hay dos sin tres, al día siguiente conocimos a Alberto, cartagenero de pro que se alojaba en el bungalow de enfrente, y  a sus dos hijos criados en Malasia, de madre japonesa,  que hablaban medio murciano, medio inglés y japonés. El mayor, Tareq, se subió con  nosotros y otros cuantos guiris más a la barca de Met, que nos iba a llevar de excursión esnorkelera. Aunque sólo tenía diez años estaba siempre en primera fila bicheril, codo con codo con Carol, viendo tiburones (atención madriles, que su hija ya ha visto tiburones y no ha fallecido del susto!! ), dando de comer a millones de tortugas peces de colores y nadando con tortugas que eran bastante más grandes que él. Yo me perdí los tiburones, pero con lo de las tortugas me doy más que satisfecho. En la gran barrera de coral australiana nadamos un rato con una, junto con otros 40 turistas más y el submarinista que le iba dando de comer. En las Perhentian tardamos en encontrarlas porque el agua estaba algo turbia, pero cuando Met dio con ellas fue un no parar. Una por aquí, otra por allá, ahora dos juntas, ahora una que sube a respirar... Yo estuve nadando con una  descomunalmente grande casi diez minutos. Iba un par de metros por debajo de la superficie (y mio) acompañada de varios peces que le hacían de escolta. Cuando subía a respirar me tenía que apartar para dejarle paso, pero aproveché para tocarla varias veces. Alucinante. Carol y Tareq tuvieron la misma suerte, y Carol pudo hasta tirar vídeo y fotos. Carol estaba tan animada que ni las 5 o 6 picadas de medusa que llevaba encima le hicieron salir del agua.  Durante la excursión paramos en algunas playas totalmente desiertas a descansar y para comer nos llevaron al pueblo de los pescadores. La excursión acabó 3 horas más tarde de lo previsto, lo que dice bastante de Met. Tenía razón Gema cuando nos dijo que era el mejor guía de la isla.

Al día siguiente Carol se quedó en plan relax y yo me fui a investigar la otra isla, con éxito bastante discutible. La idea era llegar a Teluk Pauh, teóricamente la mejor playa y el mejor snorkel de la isla grande. Para llegar me fui andando por el caminito de la selva hasta la Long Beach y allí me iba a coger un barco-taxi que sustituí en el último momento por la barquichuela de dos treceañeros que me dijeron "snorkel snorkel". Cuando les dije que sí se quedaron un poco blancos y, tras breve discusión, me empezaron a recitar los mismos sitios que había visitado el día anterior. Yo les dije que me llevaran a Teluk Pauh, pero  como vi que no tenían ni idea de lo que les estaba hablando cambié de idea y les dije que vale, que me llevaran a ver tiburones a ver si tenía más suerte que el día anterior. Antes de arrancar me dijeron que me sentara bien en el medio, que si no la barca se les iba para un lado. Uno se puso delante a guiar y el otro detrás a pilotar, y yo entretanto me dedicaba a planear como me iba a tirar al agua desde esa cáscara de nuez sin volcarla y sobretodo como iba a poder volver a subir. En esas andábamos cuando sonó un teléfono móvil en medio del mar. De alguna forma se las han apañado para tener cobertura en la islita, y lo aprovechan que da gusto. Por lo que pude entender leyendo la cara de los chavales el que llamaba era a) el dueño de la barca que la echaba en falta o b) el padre de uno de ellos. Probablemente las dos juntas. El caso es que cambiaron de rumbo, se fueron para el muelle del  pueblecito de pescadores  y el que hacía de guía se bajó. Al cabo de un rato, mientras esperábamos,  volvió a sonar el teléfono y nos fuimos sin el un kilómetro o dos hacia no se donde. Allí nos encontramos con otro barco y dos señores pegando voces que se subieron de malos modos a la barca mientras le decían no se qué al chaval. A mi me sonrieron y me dijeron "snorkel snorkel good". Los llevamos a la playa, se bajaron mientras le decían al chaval algo que a mi me sonó a "cuando llegues a casa te vas a enterar" y nos volvimos a por el guía, que había ido a cambiar al estanco para darme cambio ( yo creo que también para escaquearse del padre). Al cabo de un rato llegamos a destino, volví a no ver ningún tiburón, me volví a resentir de la costilla al subir a la barca y les dije que me llevaran a una playa en la que el día anterior habíamos visto infinidad de Nemos para hacerle un vídeo a mi sobrina. Me llevaron a la de al lado, pero por suerte también tenía Nemos. Cuando saqué la cabeza del agua les vi tirados en una roca intentado  secar el móvil que se les había caído al agua. No se si lo conseguirían o no, pero seguro que se replantearon su futuro como guías turísticos. Pobres.

Esa noche nos fuimos a cenar con Ariana, Cristina y un par de conocidos suyos a la Long Beach. Pese a que en el restaurante echaban a todo trapo una película de guerra, pudimos charlar y echarnos unas risas y enterarnos de algunas cosas interesantes, como que Ko-Tao, en Tailandia, merece la pena, que el mundo de las aerolíneas de bajo coste está muy complicado, y que en Bangkok te hacen unas reconstrucciones de uñas con el método del alisado japonés por cuatro pulseras y dos zapatos. Nos fuimos a dormir relativamente pronto, y a la mañana siguiente andamos ya empacando y pensando en lo que nos había contado el Alberto de Cartagena sobre la isla, lo que había cambiado en pocos años y lo que iba a cambiar en los siguientes, y nos hicimos el firme propósito de volver antes de acabar el viaje, porque los paraísos como éste no suelen aguantar mucho tiempo, y menos en Malasia.

 

P.D. Si alguien se pasa por la isla que no deje de visitar el chiringuito de Karimah y Wati, cuñada y mujer de Met respectivamente, que me tiene que hacer un favor. Les estuve enseñando a hacer patatas bravas, tortilla y gazpacho, y me dijeron que lo iban a añadir al menú... pero se me olvidó explicarles el pan con tomate!! Y el paraíso sin pan con tomate no es lo mismo!!!! Que alguien se lo enseñe, que nosotros volvemos en un par de meses para allá y lo tienen que tener bien entrenado para cuando lleguemos...

lunes, 14 de enero de 2008

Sydney, la capital del músculo

IMG_1744 Tras varios días haciendo el vago por Adelaide nos subimos a un avión de JetStar para venir a hacer el vago a Sydney. La verdad es que de los muchos cambios de ciudad que hemos hecho este es el que mejor se nos ha dado. Nos levantamos a las 6:30, a las 6:50 estamos en la puerta del hostal esperando el taxi, a las 6:55 nos recoge y a las 7 y poco llegamos al aeropuerto. Disfrutamos de unos megas de Internet gratis en el aeropuerto, desayunamos y nos subimos al avión. Un rato después estábamos en Sydney llamando al nuevo hostel (Alfred Park Hostel) para que vinieran a recogernos. En 20 minutos estábamos haciendo el chek-in, y por una vez han entendido bien nuestros apellidos, pero con truco, porque los que lo llevan son de Málaga. Para colmo, justo antes de hacer el checkin una pareja que estaba haciendo el checkout nos regalaba dos bonos de transporte público semanal que llegaban hasta las alrededores de Sydney y, más concretamente, hasta la playa de Manly, que es una de las más famosas aquí. A eso de la una de la tarde, tras un rato en tren y otro en ferry a través de la bahía de Sydney, ya estábamos tostándonos en la playa.

IMG_1703 La primera impresión de Sydney ha sido más que positiva, y lo de la playa ya ha sido el no va más. En los casi dos meses que llevamos en Australia hemos ido acumulando ganas de playa, pero no las hemos visto casi por ningún lado. O tenían medusas, o cocodrilos, o eran manglares o estaban a cientos de kilómetros. Y las tablas de surf sólo las habíamos visto en las tiendas. Pero en dos días que llevamos aquí ya nos hemos desquitado, primero en la playa de Manly y luego en la famosísima Bondi Beach. No están precisamente cerca del centro de Sydney, y no son las playas más bonitas del mundo, pero tienen un ambiente muy curioso que las hace irresistibles. Ambas están casi exclusivamente pobladas de gente joven, pero gente de los cinco continentes, cada uno con su estilo y su forma de vivir la playa. Desde los surferos japoneses a los pandilleros ¿samoanos?, la familia hindú o las ortodoxas israelís. Por haber hay hasta homeless playeros, una especie que no habíamos conocido aún y que nos ha parecido de lo más interesante.

IMG_1567

Pese a la diversidad, la primera sensación es que la playa está totalmente dominada por los megacachas. En Australia el culto al cuerpo es descomunal, tanto entre chicos como entre chicas, y lo de estar cuadrado parece estar al alcance de todo el mundo. En las playas la concentración de músculos es tan elevada que da casi risa. Debería dar miedo, pero cuando te das cuenta de que hasta los niños de doce años te pueden tumbar de un bofetón acabas por verle la gracia. Lo más curioso es que aquí estar cuadrado es tan normal que ha perdido el componente de chulería que suele llevar asociado, lo cual es de agradecer. Cuando se meten en el agua van dando saltitos sin ningún pudor, y cuando vienen olas gordas gritan casi tanto como las coreanas o se tiran en plancha como Manolito Gafotas. Un comportamiento que en España les dejaría automáticamente fuera del ranking de chulos playeros, pero que aquí está totalmente permitido. Entre tanto musculitos llaman la atención los vigilantes de la playa, que llevan un atractivo conjunto rojigualdo con gorrito decimonónico, y un aspecto de bibliotecario anémico bastante preocupante. Pese a todo, deben saber lo que se hacen, porque están constantemente dándole al silbato para alejar a los cachas de las corrientes. Y es que aquí no hay medusas ni tiburones, pero hay unas corrientes que se llevan al más pintado. En Manly sólo un 10% de la playa era apta para "nadar" y el resto quedaba para los surferos, que campaban a sus anchas. O por lo menos se paseaban con las tablas arriba y abajo, porque hacer surf no sabemos si hacían mucho, al menos en la cresta de la ola no vimos a casi ninguno. Como excepción a este magnífico y festivo ambiente playero debemos mencionar al supervillano de la playa, el tío del chiringuito de la Bondi Beach. Se trata del típico rubio macizo perdonavidas, algo así como el Javi de Verano Azul pero crecidito y en austral. Jamás hemos visto a nadie alquilar tablas de surf , tumbonas y manguitos con semejante aire de superioridad.

Como nos hemos dado cuenta de que aquí el sentido del ridículo no cuenta y de que nadie se va a fijar en nosotros nos hemos conjurado para alquilarnos una tabla para hacer el pollino con estilo el próximo día que vayamos a la playa. Seguiremos informando.