lunes, 28 de enero de 2013

El Indinglés, esa lengua


A este chaval, víctima de la confusión linguística, en lugar del tupé que pidió, le están rematando un tazón de libro.

Los keralenses de toda la vida hablan mayoritariamente el Malayalam (o Malabar, que es el nombre de la costa de Kerala). Por otra parte los inmigrantes que vienen de Tamil Nadur a ganarse unos durillos, que no son pocos, hablan el Tamil. Según ellos se entienden los unos a los otros hablen lo que hablen. Por lo que he visto en la Lonely, en un idioma “hola” se dice “namasté” y en el otro “namascar” pero yo debo tener muy mala suerte porque cuando digo namasté me responden namascar y viceversa.

De todas formas lo que te dicen la mayor parte de las veces los indios cuando te cruzas con ellos por la calle (especialmente si son niños) es “hi” “good morning” “how are you” “where are you from” o “what is your name”.Se supone que casi todos los indios hablan algo de inglés, no en vano los han tenido por aquí dándoles la tabarra hasta hace poquito. Hasta ahí bien, pero a partir de ahí la cosa ya cuesta un poco más y la comunicación se hace un poquito más difícil y un muchito más divertida. El inglés indio, o indinglés, es básicamente una alteración del original en el que hay que meter todos los “tr” que se puedan en el mínimo espacio de tiempo a la par que se balancea la cabeza y se repiten los conceptos básicos dos veces. Si en lugar de balancear la cabeza balancean la mano como diciendo “así así” es que la cosa está complicada. Si balancean sólo la cabeza es que no hay problema, de una forma u otra se soluciona la cosa.

Ejemplos prácticos:
  • “I don't have your booking because I haven't checked my email in the last 3 days” en indinglés sería algo así como “I trdont have trour trbooking trbooking, intrernetr closed closed because wtrekeend”
  • “I don't understand what you are saying” “I don't know what kind of bird is that one” “I don't know why that man is so small” se pronuncian todos “laterr laterr” especialmente cuando hablas con guías en trekkings y similares.

En cuanto a los apelativos personales, lo más normal es que te traten de “Sir” o “Madam”, con la excepción de Rashá, el amigo de Shinny (ver post de Munnar) que me llamaba todo el rato “Whiteman” (hombre blanco) lo cual mola muchísimo más.

Respecto al castellano hemos encontrado estas pequeñas diferencias:
  • “Parapara” significa en realidad “Tira tira” y lo usan principalmente los conductores
  • “Va” significa “Vengo”.
El resto es más o menos igual que el castellano cuando te acostumbras. Yo he visto películas indias de los 70 en la tele y lo he entendido prácticamente todo, menos los trozos que hablaban en inglés.

domingo, 27 de enero de 2013

Los munnarenses

Iglesia de la plantación de Kanniamally

En caso de que, sólo con leer el nombre el restaurante Chrissie's no haya quedado claro, explico que estamos en Kumily, a 10 minutos andado de la Reserva Natural de Periyar. Debido al surrealismo imperante en India, nos es casi imposible contar las cosas de manera cronológica o con algún tipo de orden. La última vez que lo intentamos estábamos saliendo del hotel Blue Bells en Munnar. 

Con la esperanza de que nos dieran al menos una sábana de matrimonio y poder dormir tapados, decidímos aumentar nuestro presupuesto a 5.000 rupias diarias y mudarnos al Tea Sanctuary, una casa colonial perteneciente a la Kannan Devan Hills Plantation. Esta compañía pertenece a Tata, que son los que poseen todas las plantaciones de té de la zona y los que parten el bacalao aquí en India.

Porche de la casa, perfecto para sestear

La casa, de unos 300 m2, era compartida entre tres habitaciones de invitados y las de los guardases de la finca, que nos trataron a cuerpo de rey. La mayoría del tiempo la tuvimos para nosotros solos, así que el único ruido que nos despertaba por las mañanas eran los pajaritos, el gallo (que nunca falta) y los langures de alrededor. A las 6:30 nos poníamos en marcha y nos recorríamos las plantaciones que rodeaban la casa andando. 

Como en la propia plantación viven los trabajadores que recogen las hojas de té, podíamos visitarlos cada mañana. La mayoría son tamiles, de la región contigua a Kerala. Por lo que nos han contado, llevan generaciones viniendo a trabajar el campo a Kerala. Tata les proporciona alojamiento, les paga la luz, agua y la atención médica. Hablan tamil, que es ligeramente distinto al malayalam que se habla aquí y, aunque la mayoría son hinduístas, también los hay cristianos. De hecho nos sorprendió que, pese a que no había muchas casas, las de los cristianos y los hinduístas estaban bien separadas por un terraplén,  y sus sitios de culto bien alejados el uno del otro.

En uno de esos paseos conocimos a Shiny que, a sus trece años, tenía más desparpajo que Alberto y yo juntos a los 25. Nos invitó a su casa a tomar té, nos hizo comernos todos los bollos que su madre sacó y nos obligó a volver al día siguiente.

Como era todo tan bonito y tan bucólico, no hemos podido evitar incordiar a todo el mundo y hacer montones de fotos. También es cierto que nos las pedían y nos llamaban a lo lejos para que hiciéramos más. Al final, como ya teníamos a medio pueblo en foto, decidimos bajar a Munnar, que nos pillaba a unos 7 kilómetros y buscar un sitio donde nos hicieran copias para poder darlas a los fotografiados.

El padre, madre, hermana , vecinitos, prima de Shiny, y ella, con la capucha sobre los hombros
Memory stick en mano nos plantamos en el Siva Studio que, amén de estudio de fotos, hacía las veces de copistería local. El señor Siva, el doppelganger hindú de Eduardo Mendoza, tenía las paredes recubiertas de sus obras retratísticas, que básicamente eran variantes de los retratados sobre 3 fondos: paisaje de lago azul chillón, montañas verde fosforito con cielo azul chillón y montañas verde fosforito con cielo azul chillón y cabra. El señor Siva, cuando yo llegué, departía con un cliente animadamente sobre las maravillas de su técnica con el photoshop. Al percatarse de la presencia de un nuevo cliente, me hizo un gesto de "te atiendo ahora mismito" y tras 5 minutos más de charla, un par de paseos afuera y adentro del estudio, otra charla con la señora del cliente anterior, por fin me tocó el turno. Yo, emocionada por la rápida atención del señor Siva, le entregué mi memory stick, donde guardo todas las fotos que voy haciendo, y le dije: "de esas de ahí, hágame 2 copias de cada una". En señor Siva, agradeciendo la confianza depositada en él y avalado por los años de experiencia en impresión a color, hizo un click derecho-abrir con-Photoshop, con mi primera foto. Acto seguido, al aparecer el rostro sonriente de una recogedora de té en la pantalla, decidió que mi encuadre no era el correcto y, con un gesto rápido de ratón, seleccionó otro que le parecía más interesante y recortó la foto. Así, sin parpadear. A continuación, se alejó un poco de la pantalla, comprobó que efectivamente era una mejora necesaria, para al momento volver a inclinarse sobre el monitor y atacar la foto de nuevo en algo que estaba pidiendo ayuda a gritos: el contraste y el balance de color. Ahí yo, que me había estado mordiendo los nudillos durante la modificación anterior, ya no pude evitar saltar: "oiga, el color no me lo toque eh". El señor Siva dio un respingo en su silla pero sin soltar el ratón "no color correction?", como no dando crédito a lo que acababa de oír. Al confirmarle que no, aceptó con cara compungida lo que era claramente un ataque a la base de su negocio: el aumento de la saturación, y con un balanceo de cabeza de resignación siguió imprimiendo las fotos. Aún así, sin poder evitarlo, en cada una recortaba unos 10 o 15 pixeles de cada lado. Al abrirlas, me miraba de reojillo, con el pulso tembloroso, por si yo flaqueaba y le dejaba ponerlas como son las fotos bonitas de toda la vida.

Con el lío del retoque al día siguiente tuve que volver a recoger el memory stick, que me acabé olvidando. Nada más verme el señor Siva me felicitó por las fotos del memory stick (que eran todas mis fotos del viaje). Salí de allí preguntándome si, además de haberse tomado la libertad de mirarse mis fotos y confesarlo sin ningún pudor, además le habría dado por "mejorármelas".

Bichejos de alrededor de la casa: ardillas malabares y langures de Nilgiri

Kalarippayat


Ir a dar un paseo por los bosques de Periyar para ver tigres y elefantes salvajes (sin éxito, claro) no tiene precio. Pero que el mismo guarda al que le suena el móvil en medio de la selva con el tema de “Superdetective en Hollywood” a todo trapo te haga una demostración improvisada de Kalarippayat a la hora de la comida ya es insuperable.


Por cierto, dicen por aquí que el arte marcial Kalarippayat típico de Kerala es el primero de todos los que se inventó y que un tal Boddidharma se lo enseñó luego a los monjes chinos Shaolin que lo transformaron en el Kung-fu. Por su parte los chinos dicen que tararí. Asiasido no toma parte en la disputa, pero desde que leímos en un museo de Kochin que un rey de Kerala pregrinó a la Meca en el siglo III para convertirse al islamismo (adelantándose en algunos siglos a la invención del mismo) ponemos un poco en duda lo que dicen por aquí.

Crisis en el Chrissie's


Ayer era nuestro aniversario, así que para celebrarlo nos fuimos primero a hacer un trekking de 8 horas por la montaña y luego a cenar al restaurante más lujoso de Kumily, el Chrissi's Café.

AVISO: Para entender el siguiente post es conveniente haber visto algunos sketchs de los Monty Python.

Como la ocasión lo merecía buscamos un sitio en el que tuvieran platos de a más de dos euros y eso aquí es sinónimo de cocina de importación. En el Chrissi's, que es el restaurante de un hotel, vimos que tenían hummus, pizza, pasta y otros lujos, así que dijimos “esta es la nuestra”. Entramos con nuestras mejores galas, subimos al piso superior, muy elegante, y allí nos colocamos en la mesa que mejor nos pareció. No había nadie más, estaba totalmente vacío. En un anexo al fondo unas escaleras llevaban a lo que parecía la zona de los camareros. Tres hombres estaban sentados allí charlando tranquilamente. Cuando nos vieron sentarnos en la mesa uno de ellos, curiosamente parecido al Jemaine de los Flight of the Conchords pero en Indio, se levantó corriendo y nos dijo “No, no, por favor, son dos y se han puesto en una mesa de cuatro. Miren, allí hay una mesa de dos y allí otra. Por favor, luego pueden venir otros clientes y es mi obligación organizarlo todo para la satisfacción de los usuarios”. Alarmados ante la posibilidad de que una avalancha de clientes de última hora (el restaurante cerraba en una hora) nos aplastara o de que al único camarero germánico de la india le diera un síncope decidimos movernos hacia una mesa de dos.

Comedor del Chrissi's. Al fondo, el altar de Jermaine


Carol aguantando la risa
Tras algunos minutos de impasse en los que Jermaine posiblemente estuvo comentando la jugada con sus dos amigos (“estos extranjeros son de un informal que asusta, yo no se que hacer con ellos...”) nos bajó la carta. El menú efectivamente tenía pizzas, pasta, comida de oriente medio y otras delicatessens poco frecuentes en la India, pero por desgracia sólo podías elegir dos platos por día. Es decir. Si era Martes o Jueves podías pedir pizza o un pancake. Si era Lunes o Miércoles hummus y nosequemás. Ayer era Sábado y pudimos elegir entre Tagliatelle y Lasaña de espinacas. Tras una breve pero intensa deliberación decidimos pedirnos unos Tagliatelle (tallarines con tomate) y la Lasaña de espinacas. A Jermaine debió parecerle que la elección no era tan sencilla, porque nos dio tiempo para leernos el Mahabarata varias veces mientras hablaba con sus amigos/aprendices/discípulos. Como no bajaba, le llamé: “Por favor, podemos pedir ya?” “Dadme un minuto, que ahora voy”. Tras dos o tres minutos de cháchara con los colegas (“Ya verás como voy y aún no se han decidido, es que se creen que lo tienen claro pero luego les surgen las dudas en el último momento y yo venga a aguantar mecha... “) Jermaine se levantó, se metió por una puerta que tenía por allí, volvió a salir, bajó las escaleras, dio varios paseos por la sala (recuerdo:VACIA), pasando varias veces por detrás nuestro. De vez en cuando se paraba en algún punto, como si se hubiera calado, y miraba algo que nosotros no conseguíamos identificar. Cuando volvió a arrancar se metió en la “Staff room” que había detrás nuestro, volvió a salir, volvió a subir las escaleras, comentó algo más a los acólitos, se metió por la puerta otra vez y como por arte de magia se materializó por las escaleras de detrás nuestro, justo en la otra punta de la sala. Los últimos escalones los bajó a toda prisa, con un salto, creemos que para impresionarnos. El tupé ondeando al viento en toda su majestuosidad, en sus labios una sonrisa de triunfo. En su “OK, are you ready to order?” brillaba una respiración calmada, llena de paz, en absoluto alterada por el último sprint. En una mano llevaba un lápiz y en la otra una libreta. Una luz celestial rodeaba su tupé como un halo. Podía ser la lamparita del techo, pero creemos que se trataba de una señal divina, una bendición, que sólo el elegido por “Mahutmaburiyastan”, el diós hindú de los camareros, era digno de recibir.

Una vez hecha la comanda nos dispusimos a disfrutar de lo que se preveía una velada interesante. Al cabo de un rato llegaron otros dos comensales, franceses, que se sentaron en la misma mesa de cuatro que habíamos elegido. Yo estuve a punto de decirles que se cambiaran de mesa si no querían causar un conflicto, pero al final me retuve porque a esas alturas ya se me habían soltado algunos lagrimones de risa y seguramente no quedaría creíble. Por algún criterio que no conseguimos descifrar esta vez Jermaine no puso ningún reparo y les tomó nota sin prestar atención al desajuste cósmico que estaban causando. Al cabo de un rato nos trajo nuestros manjares (que para ser sinceros estaban bien buenos) y recibió a otros tres clientes. A partir de ahí la situación se le descontroló y empezó a venirse abajo. Teniendo en cuenta que tenía unas probabilidades de acertar la mesa con el plato del 50% y que consiguió arreglárselas para equivocarse todas las veces de mesa, tiene mucho mérito. Yo lo tenía de espaldas, pero Carol me lo retransmitía sin perderse una. Los dos acólitos también seguían la situación desde la planta de arriba, atentos a las enseñanzas de su swami.

Como nos lo estábamos pasando muy bien y no habíamos conseguido gastarnos más que siete euros en nuestra comida especial decidimos pedirnos un postre. Llamamos a Jermaine, que bajó a la velocidad de la luz, en menos de siete minutos. Le preguntamos si podíamos pedirnos un postre y nos contestó “Sí, claro” y se fue igualmente rápido. Pensamos que iba a traernos la carta, pero al cabo de veinte minutos de verle dando vueltas aleatorias por el local ya vimos que no, que sólo había bajado para contestarnos a la pregunta. Carol aprovechó un momento en el que estaba reposando del esfuerzo de sus paseos en el altar con los acólitos para acercarse a las escaleras y pedirle el menú de postres. Jermaine, alarmado por la extravagante actitud de Carol bajó a toda prisa hasta el punto que se paso de frenada y su rostro quedó a veinte centímetros del de Carol. “Yes Madam?”. Al cabo de quince minutos ya teníamos el menú en las manos.

Nos pedimos algo para compartir que no recuerdo, pero que resulta que era lo único de la carta que no tenían. Jermaine se excusó “es una pena es una pena” y nos dijo que tenían un brownie de chocolate magnífico y no se que más. Carol se pidió un crepé con platano y yo el brownie. Cuando nos los trajo puso sólo un tenedor para los dos. Yo le sostuve un poco la mirada a ver si se trataba de un desafío o algo, pero no, en su rostro iluminado por Mahutmaburiyastan no se veía ninguna maldad. Así que se fue y empezamos a comernos el postre, intercambiándonos el tenedor de vez en cuando. Mi brownie era un bizcocho de los de Nestlé de toda la vida, aunque tengo que decir que a mi me salen menos secos y requemados. El crepé de Carol era un crepé enrollado con un plátano dentro. Mi pastel estaba salado por los lagrimones, pero eso no era culpa de Jermaine (o sí). Al cabo de tres intercambios de tenedor Jermaine, que lo observaba todo como un águila desde su altar, soltó un “NOOOOOOOOOOOOOOO” que detuvo el tiempo. Yo me quedé con el tenedor en la mano, con un trozo de brownie ya pinchado a punto de entrar en mi boca. Todos los comensales del local, los cinco, se giraron para ver como Jermaine bajaba las escaleras mientras su grito aún resonaba en la sala, cogía un juego de cubiertos completos y nos los ponía en la mesa mientras se deshacía en disculpas. Nos costó muchísimo acabarnos el postre, es muy difícil comer y llorar de risa a la vez sin atragantarse. Cuando acabamos pedimos la cuenta, le dejamos casi un euro de propina (la cuenta eran 11 €) y nos fuimos.

Jermaine, seguramente abrumado por nuestra generosidad, nos persiguió escaleras abajo. “Sir, Sir!”. Al darme la vuelta me hizo entrega de la botella de agua que nos habíamos pedido, a la que aún le quedaban casi dos dedos. Satisfecho por el deber cumplido regresó a su altar, donde con toda seguridad explicó alguna parábola o moraleja a sus acólitos.

Las Farolas de Kumily

Cada día a las 8 de la mañana y a las 8 de la tarde aproximadamente apagan la luz en todo Kerala, se supone que para ahorrar energía. La gracia está en que el apagón te pille ya en el hotel para no caerte en alguna zanja o comerte alguna vaca sin querer. Pero las medidas del gobierno van más allá y han diseñado un sistema de control del alumbrado público retrofuturista que nos ha dejado picuetos. Aquí va.


miércoles, 23 de enero de 2013

Update para nuestras madres: Seguimos comiendo

De postre, pera
En Munnar nuestro gasto medio por persona y comida ha bajado de 4 a 2,5€ aproximadamente. La calidad y abundancia de la comida no ha bajado, pero nos han desaparecido los cubiertos, que aquí no se llevan. Lo suyo es comer con la mano directamente. Como nosotros no nos apañamos usamos una cuchara sin que nos vean. Como contrapartida podemos decir que el servicio es impecable. Los cafés, tés, y platos vienen todos con su temperatura justa: el camarero se encarga personalmente de comprobarlo metiendo el dedo en todos y cada uno de ellos. También le sirve para poder llevar cinco a la vez en cada mano, pero eso es secundario. Las servilletas de papel también nos vienen manchadas de antemano para que no perdamos el tiempo ensuciándolas y nos pongamos como gorrinos lo antes posible.

Thali, chicken masala y roti: 2,5 euros
Es increíble, pero todo nos parece que está buenísimo. No siempre nos traen lo que pedimos, a veces no sabemos ni lo que es (“oye, este plato con cosas rojas no lo pedí ayer y era verde?”) pero siempre está bueno. Nos estamos poniendo más focotrones de lo que vinimos, y empezamos a estar preocupados de verdad, ya no podemos acabarnos el plato...

Las Castas explicadas facil


Casta Philip Banks
Si esperáis entender como funciona lo de las castas en la india, éste no es vuestro post. Yo creo que no se aclaran ni ellos. Entre que hay hinduístas, musulmanes, cristianos, que el partido que manda es comunista, que tienen más razas y colores que en el resto del planeta junto... Es imposible saber como va lo de las castas en plan técnico. Yo, por lo que he visto, me parece que más o menos va así:

Casta Philip Bank
Para el que no lo recuerde, es el tío gordo del príncipe de Bel Air. Aquí si te encuentras uno así, ojito, porque es de los que manda. El tío de la oficina de la plantación y el capitoste del mercado de Munnar (que nos pidió que le tiráramos una foto del estilo de las que le tiraban a mi padre en el colegio allá por los cincuenta) pertenecen a esta casta. Son gordos, calvos, llevan camisa blanca inmaculada y una barba recortada distinguida. Normalmente saben de lo que hablan. Si están delgados, no llevan camisa o tienen una barba más larga y descuidada de lo normal pueden ser brahamanes hinduístas, y si hay muchos, igual es una reunión religiosa. Si son de los últimos cuidado, porque no se les ve con mucho sentido del humor (esperamos desmentirlo próximamente).
Casta Carlton Banks
Aunque aparentan ser jefecillos se quedan en un quiero y no puedo. Llevan bigotillo y van repeinados. Es fácil imaginarlos bailando al compás de “It's not unusual”. Suelen llevarte al desastre más absoluto. Frecuentan recepciones de hoteles y suponemos que también cargos administrativos. Usan el balanceo de cabeza para despistarte de las tonterías que están diciendo. Peligrosos.
Casta Minúscula
Seiva me dijo “luego te lo cuento” cuando le pregunté por esos señores y señoras tan bajit@s que hay en Kerala, así que de momento me he quedado con las ganas de saber si son casos de mala nutrición, o si son una casta o una raza o vienen de algún sitio concreto. Pero son como duendecillos. Me tienen intrigadísimo, seguiré investigando. Igual me parten la cara.
Casta de los Currantes
Son la inmensa mayoría. Llevan el bigotillo de rigor, pero no se dan aires como los Carltons. Pueden llevar un tuktuk, esperar en la puerta de un hotel, trabajar en el mercado, en los campos de té... Aunque de entrada parecen seriotes a la que les sonríes un poco te devuelven la sonrisa, te piden que les tires fotos, se echan unas risas, etc...
Casta de los Sinbigotillo
De momento sólo he conocido un ejemplar, el señor del Family Stay de Cochín. Extrapolando “un poquito” puedo afirmar con rotundidad que los que no llevan bigote ni barba son un poco más modernos que el indio promedio y te pueden dar información útil sobre lo que pasa por allí.
Casta de los Domingueros
Son lo peor de lo peor. Los domingueros españoles de los 70-80 no eran nada comparados con estos. En serio, si los ves, huye. Refúgiate en un hostel de mochileros si hace falta.