Estamos empezando a pensar que cuando nuestro guia tailandes nos dijo que las chicas laosianas eran las mas guapas del sureste asiatico no exageraba. Llevamos 5 dias en Laos y no dejamos de darnos codazos todo el dia asombrados. Los chicos laosianos no se quedan muy atras pero los ganadores absolutos son los niños. Laos esta teniendo un efecto terriblemente ablandante en los dos porque cada niño que vemos nos parece mas guapo que el anterior. Ademas no hay tres ni cuatro, los niños laosianos estan por todos lados y sentarse a verlos jugar se ha convertido en uno de nuestros pasatiempos favoritos.
Aparte de la belleza de los laosianos los paisajes y la tranquilidad hablan de una vida sencilla y relajada. Seguramente mas de lo que lo es en realidad, pero Laos es tan bucolico que es inevitable sentirse emocionado. Es el pais perfecto para sentarse durante horas en un autobus y disfrutar del paisaje y de escenas rurales que parecen sacadas de una pelicula: hombres y mujeres sesteando a la sombra, chicas pedaleando en la bici cubiertas por una sombrilla, familias enteras que cantan y bailan y sobre todo muchisimos niños jugando o banandose o cuidando de sus hermanos. A mi me dan ganas de parar el autobus en cada sitio y bajarme a saludar a todo el mundo. Lo que yo digo, que Laos esta sacando lo mas noño que llevamos dentro.
Si en Luang Prabang, que es donde estamos ahora, nos estamos dedicando a la vida contemplativa en Vientiane no paramos ni un segundo. En Pi Mai tuvimos la suerte de dar con una familia que necesitaba efectivos para combatir a sus vecinos, que les estaban poniendo a caldo. Como ibamos armados y pasabamos por alli nos invitaron a quedarnos, nos dieron Beerlao para superar el miedo y nos enviaron al frente, es decir, al trozo de acera que les separaba del enemigo. Con tanta Beerlao yo ya no distinguia amigo de vecino y al rato disparaba a cualquiera que se me acercase palangana en mano. Entre ataques por sorpresa, estrategias y traiciones se nos fue pasando el dia y un poco antes de la puesta de sol decidimos despedirnos y completar la que ha venido siendo nuestra rutina en Vientiane con un bañito en el rio.
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