miércoles, 27 de febrero de 2008

Templing

porqueria

Estamos de vuelta en Kuta. En el tiempo que hemos pasado en Bali hemos tenido los días más cómodos y los más incómodos del viaje. Aquí en Kuta, en hotel de tele por satélite y piscina de lujo, han sido los de mayor comfort. En las noches que hemos dormido en Kintamani y Amed, en el este de la isla, justo lo contrario. Entre escorpiones, cucarachas, gallos que cantan a las 5 y peleas de perros nocturnas no hemos dormido demasiado. Íbamos moviéndonos de un hotel a otro pero no había manera de huir, especialmente de los gallos, que los hemos tenido en 3  hoteles distintos en 2 pueblos diferentes. Los condenados se ponían a cantar a las 5 y pico de la mañana y cuando hacíamos el checkout a las 10 todavía seguían. Cuando volvimos a Ubud ayer dimos una vuelta con la oreja puesta (que en el estado de la de Alberto es mucho decir) antes de coger hotel, por si acaso, y aún así esta mañana los oíamos a lo lejos desde la habitación. Y es que a priori era difícil saber si te iba a tocar gallo o no porque no están en corral, sino que campan alegremente por el pueblo, y si esa mañana les apetece dar una serenata en tu ventana no hay nadie que los detenga.

Después de nuestro día en moto por el este, volvimos a coger el coche para ir al volcán Gunung Batur. La carretera recorre la costa norte de la isla para luego ir ascendiendo hacia el sur entre un montón de curvas y pasamos toda la mañana para llegar a Kintamani, el pueblo donde dormiríamos. Llegar allí fue como colarse en una convención de hawkers. Como es temporada baja éramos los únicos turistas y en dos segundos teníamos a medio pueblo arremolinado alrededor intentando vendernos algo. A partir de ahí el resto de la mañana fue una sesión de "extreme templing", deporte de alto riesgo que consiste básicamente en lo que viene a continuación. Primero nos metimos en un templo, pagando el "alquiler" de los sarongs, y escapando a duras penas de unas mujeres que querían encasquetarnos unos collares sin los que, según ellas, no se podía acceder a la ceremonia. Bali1De ahí volvimos a coger el coche y mientras íbamos conduciendo un tío montado en una moto nos insistía para que fuéramos a ver su hotel. Como queríamos ver Besakih (foto), el templo más grande de Bali, que quedaba unos kilómetros más allá, le cogimos la tarjeta que nos ofrecía y le dijimos que a la vuelta nos pasaríamos. En el camino al templo nos pararon varias veces, que si paga una entrada que a saber si es oficial o un timo, que si te pongo ofrendas gratis en el coche y luego te las cobro, que si para entrar al templo es obligatorio llevar guía y lo tienes que contratar conmigo. La de las ofrendas nos pedía nada menos que 100.000 rupias (unos 8 euros, una pequeña fortuna aquí), y acabamos dándole 10.000 y diciéndonos que era la última vez que nos la colaban así. De los guías y guardianes que decían ser indispensables pasamos directamente y vimos todo el templo a nuestro aire. Por lo que vimos, otra chica y nosotros fuimos los únicos que nos resistimos al rollo del guía. Ah, la entrada que pagamos resultó ser la buena. Sobrevivimos al templing, pero acabamos mentalmente agotados.

A la vuelta el del hotel estaba esperándonos a la puerta del pueblo y fuimos a ver su hotel. Habíamos visto que en la Lonely Planet aparecía como recomendado, pero resultó ser una patata. Por 4 euros la noche eso sí. Como estábamos cansados decidimos quedarnos. Queríamos ver el volcán al día siquiente y en el hotel nos ofrecían una excursión por 55 dólares cada uno, que para Bali es carísimo. Regateamos hasta donde nos llegaban las fuerzas y quedó en 17. Como íbamos con una pareja de alemanas (que a la mañana siguiente resultaron ser dos checos, a saber) nos dijo el del hotel "pero no les digáis cuánto habéis pagado, decidles que 55". Y claro, cuando te dicen eso no sabes si es porque tú has pagado más o menos que los otros. También nos dijo "Os he esperado a la entrada del pueblo para que no os pare el policía, que es amigo mío, y le he dicho, a estos no los pares para multarlos que vienen conmigo". Nosotros escuchábamos entre divertidos y asombrados.

La excursión al volcán empezaba a las 4 de la mañana para llegar arriba a tiempo de ver la salida del sol. A las 3 y media el del hotel nos llamó a la puerta para que nos preparásemos. Esa fue la noche de las peleas de perros, así que Alberto ya estaba despierto. Al encontrarnos con nuestro guía al pie del volcán vimos que al grupo se sumaba un chaval, que resultó ser nuestro vendedor personal de bebidas. Con 6 coca colas en la mochila se hizo 1 hora y media de camino hasta la cima sólo para vendernos una botella. La salida del sol nos la amenizaron los monos, que atraídos por la comida de los turistas hicieron su aparición al poco de llegar. Uno se imagina una salida del sol en un volcán con vistas a un lago como el colmo del romanticismo, o al menos como un rato tranquilo, pero nada más lejos de eso. Entre los perros que subieron a ver qué pillaban, los monos que se peleaban entre ellos y con los perros, el vendedor balinés de cocacolas que te metía prisa para que le devolvieras el casco de la bebida y marcharse y la turista inglesa que desconoce el uso de los graves al hablar, lo de la salida del sol acabó por ser algo secundario.

Cuando ese mismo día llegamos de vuelta a Ubud el acoso de los vendedores y taxistas que nos había resultado excesivo ahora ni lo notábamos y lo que unos días antes describíamos como pueblecito ahora se nos aparecía como la vuelta al mundo civilizado. Decidimos gastarnos la pasta y nos metimos en un hotel de bungalows con habitación de lujo, desayuno y piscina. Hotel Sania se llamaba y nos costó la friolera de 11 euros la noche.

Bali-KutaDe Ubud volvimos a Kuta (en la foto). Aquí hemos tenido otro día de relax que hemos aprovechado para probar las maravillas del masaje balinés. Y la piscina. Y el servicio de habitaciones.

2 comentarios:

OSCAR dijo...

Lo siento chicos, estáis recorriendo zonas que conozco bastante bien y se me olvidó advertiros que evitárais Gunung Batur y Kintamani, está lleno de chorizos. Yo una vez acabé perdiendo la paciencia y diciéndoles a gritos que esa no era la forma de atraer turistas y que con el boca a boca la gente dejaría de ir a ese lugar, pero lo único que conseguí es que se descojonaran de mí viendo a un guiri que había perdido los papeles.
Y en vez de Kuta, os aconsejo Seminyak, al lado yn sin tanto agobio.
Saludos

CAROL dijo...

hola Oscar,

Es que son muy pesaos y muy cansinos. Nosotros acabamos agotados de tanto te vendo postal, te vendo flores, de niños que te metían la mano en el bolsillo para ver si te mangaban algo, de abuelas que te ponían cosas para cobrartelas...Desde luego no es el mejor sitio para desestresarse.