domingo, 27 de enero de 2013

Los munnarenses

Iglesia de la plantación de Kanniamally

En caso de que, sólo con leer el nombre el restaurante Chrissie's no haya quedado claro, explico que estamos en Kumily, a 10 minutos andado de la Reserva Natural de Periyar. Debido al surrealismo imperante en India, nos es casi imposible contar las cosas de manera cronológica o con algún tipo de orden. La última vez que lo intentamos estábamos saliendo del hotel Blue Bells en Munnar. 

Con la esperanza de que nos dieran al menos una sábana de matrimonio y poder dormir tapados, decidímos aumentar nuestro presupuesto a 5.000 rupias diarias y mudarnos al Tea Sanctuary, una casa colonial perteneciente a la Kannan Devan Hills Plantation. Esta compañía pertenece a Tata, que son los que poseen todas las plantaciones de té de la zona y los que parten el bacalao aquí en India.

Porche de la casa, perfecto para sestear

La casa, de unos 300 m2, era compartida entre tres habitaciones de invitados y las de los guardases de la finca, que nos trataron a cuerpo de rey. La mayoría del tiempo la tuvimos para nosotros solos, así que el único ruido que nos despertaba por las mañanas eran los pajaritos, el gallo (que nunca falta) y los langures de alrededor. A las 6:30 nos poníamos en marcha y nos recorríamos las plantaciones que rodeaban la casa andando. 

Como en la propia plantación viven los trabajadores que recogen las hojas de té, podíamos visitarlos cada mañana. La mayoría son tamiles, de la región contigua a Kerala. Por lo que nos han contado, llevan generaciones viniendo a trabajar el campo a Kerala. Tata les proporciona alojamiento, les paga la luz, agua y la atención médica. Hablan tamil, que es ligeramente distinto al malayalam que se habla aquí y, aunque la mayoría son hinduístas, también los hay cristianos. De hecho nos sorprendió que, pese a que no había muchas casas, las de los cristianos y los hinduístas estaban bien separadas por un terraplén,  y sus sitios de culto bien alejados el uno del otro.

En uno de esos paseos conocimos a Shiny que, a sus trece años, tenía más desparpajo que Alberto y yo juntos a los 25. Nos invitó a su casa a tomar té, nos hizo comernos todos los bollos que su madre sacó y nos obligó a volver al día siguiente.

Como era todo tan bonito y tan bucólico, no hemos podido evitar incordiar a todo el mundo y hacer montones de fotos. También es cierto que nos las pedían y nos llamaban a lo lejos para que hiciéramos más. Al final, como ya teníamos a medio pueblo en foto, decidimos bajar a Munnar, que nos pillaba a unos 7 kilómetros y buscar un sitio donde nos hicieran copias para poder darlas a los fotografiados.

El padre, madre, hermana , vecinitos, prima de Shiny, y ella, con la capucha sobre los hombros
Memory stick en mano nos plantamos en el Siva Studio que, amén de estudio de fotos, hacía las veces de copistería local. El señor Siva, el doppelganger hindú de Eduardo Mendoza, tenía las paredes recubiertas de sus obras retratísticas, que básicamente eran variantes de los retratados sobre 3 fondos: paisaje de lago azul chillón, montañas verde fosforito con cielo azul chillón y montañas verde fosforito con cielo azul chillón y cabra. El señor Siva, cuando yo llegué, departía con un cliente animadamente sobre las maravillas de su técnica con el photoshop. Al percatarse de la presencia de un nuevo cliente, me hizo un gesto de "te atiendo ahora mismito" y tras 5 minutos más de charla, un par de paseos afuera y adentro del estudio, otra charla con la señora del cliente anterior, por fin me tocó el turno. Yo, emocionada por la rápida atención del señor Siva, le entregué mi memory stick, donde guardo todas las fotos que voy haciendo, y le dije: "de esas de ahí, hágame 2 copias de cada una". En señor Siva, agradeciendo la confianza depositada en él y avalado por los años de experiencia en impresión a color, hizo un click derecho-abrir con-Photoshop, con mi primera foto. Acto seguido, al aparecer el rostro sonriente de una recogedora de té en la pantalla, decidió que mi encuadre no era el correcto y, con un gesto rápido de ratón, seleccionó otro que le parecía más interesante y recortó la foto. Así, sin parpadear. A continuación, se alejó un poco de la pantalla, comprobó que efectivamente era una mejora necesaria, para al momento volver a inclinarse sobre el monitor y atacar la foto de nuevo en algo que estaba pidiendo ayuda a gritos: el contraste y el balance de color. Ahí yo, que me había estado mordiendo los nudillos durante la modificación anterior, ya no pude evitar saltar: "oiga, el color no me lo toque eh". El señor Siva dio un respingo en su silla pero sin soltar el ratón "no color correction?", como no dando crédito a lo que acababa de oír. Al confirmarle que no, aceptó con cara compungida lo que era claramente un ataque a la base de su negocio: el aumento de la saturación, y con un balanceo de cabeza de resignación siguió imprimiendo las fotos. Aún así, sin poder evitarlo, en cada una recortaba unos 10 o 15 pixeles de cada lado. Al abrirlas, me miraba de reojillo, con el pulso tembloroso, por si yo flaqueaba y le dejaba ponerlas como son las fotos bonitas de toda la vida.

Con el lío del retoque al día siguiente tuve que volver a recoger el memory stick, que me acabé olvidando. Nada más verme el señor Siva me felicitó por las fotos del memory stick (que eran todas mis fotos del viaje). Salí de allí preguntándome si, además de haberse tomado la libertad de mirarse mis fotos y confesarlo sin ningún pudor, además le habría dado por "mejorármelas".

Bichejos de alrededor de la casa: ardillas malabares y langures de Nilgiri

3 comentarios:

antimateria dijo...

Dios mío, las ha mejorado o no?. Salís con el fondo del Taj Mahal ya?
Se puede sobrevivir a esa angustia?
No dejeis de aclararlo en un próximo post!!

Isabel dijo...

Me paaaaarto...

Raluca Irimia dijo...

Saludos!
Un gran destino! Usted ha hecho algunas fotos muy interesantes, felicitaciones. No puedo esperar a volver a India el próximo verano, espero lograrlo.